Apocalipsis cotidiano
Las noticias que todos los días nos llegan suelen dibujar un panorama entre el apocalipsis y la ciberutopía.
Las crónicas negativas que nos depara la actualidad se multiplican cuasi exponencialmente, cualquier hecho que ocurra por más recóndito que sea su origen nos llega, vivimos en la aldea global donde la repercusión mediática quizá sea su principal y rápido efecto. Por otra parte, las noticias positivas proceden mayoritariamente de los avances tecnológicos y científicos además de ciertos acontecimientos esperanzadores de raíz social, que nos aportan ciertas dosis de optimismo y esperanza.
Si a todo ello añadimos la declaración diaria del político de turno carente del más sentido común y fuera de tono, escuchar un noticiero entreverado con aquel tipo de noticias se convierte en una montaña rusa de emociones que lo dejan a uno estupefacto y en flagrante fuera de juego con necesidad apremiante de acudir al bar (que no al VAR).
Por momentos podemos creer que el apocalipsis está a la vuelta de la esquina, aunque algunos maticen, como mi admirado Fernando Arrabal, que en verdad se trata de mileniarismo. O, contrariamente, que la tecnología, las mejoras científicas, los descubrimientos espaciales,… nos llevará en breve a la tecnoutopía de la Pandora que nos presenta James Cameron en Avatar o cualquier otro mundo recreado por los maestros de la ciencia ficción.
Días atrás se ha producido en la playa de Valdelagrana de El Puerto de Santa María un episodio que resulta muy curioso estudiar, ya que se reflejan diversas maneras de enfocar la noticia y donde se identifica rápidamente el sesgo apocalíptico.
Algunos medios anunciaron la noticia como un mini tsunami al producirse la invasión de la marea en pleamar a lugares de playa a los que normalmente no llega. Al acompañar a la noticia con videos, esta cobra mayor dimensión y se hace viral. Inmersos en este verano tan convulso en lo climatológico y que está produciendo fenómenos extremos de calor, incendios, sequías, temperatura del agua de mar,… se pone en bandeja llamar mini tsunami lo que simplemente está causado por mareas con coeficientes altos debido al consiguiente influjo del plenilunio.
Para rebajar el sensacionalismo y alarmismo que pudiera ocasionar la noticia, que siempre es bien recibido por las mentes más predispuestas al fatalismo más inconsciente y también utilizado por los defensores de las más extremas interpretaciones científicas ligadas al catastrofismo climático, rápidamente, desde diversas instituciones, se dieron las pertinentes y racionales explicaciones de lo acontecido.
La televisión y el video difundido por redes sociales contribuyen en gran parte al éxito del mensaje apocalíptico, cuando tiene un carácter neutro u optimista no ocurre en igual magnitud. En 1977, apuntaba finamente Umberto Eco en unos comentarios a su colección de ensayos Apocalípticos e integrados (1964) que «Todo cuanto ha sucedido desde mayo de 1968 hasta hoy demuestra que la civilización de las comunicaciones no produce, necesariamente, ni el hombre unidimensional ni el salvaje felizmente alucinado de la nueva aldea global; en lugares y momentos diversos, con respecto a destinatarios diversos, el mismo tipo de bombardeo comunicativo puede producir o la habituación o el rechazo».
Ese comentario continua tan vigente como la advertencia que le sigue: «Lo cual no debe inducirnos a abandonarnos al libre mercado de la comunicación y a su liberal prudencia, sino a profundizar en sus mecanismos para luego hacer explotar sus contradicciones a través de prácticas alternativas, ya sea desde dentro o desde fuera».
Bajo la apariencia banal del apocalipsis cotidiano que se nos presenta por doquier, puede extenderse un fatalismo que conduce hacia un peligroso conformismo que nos conmina a la inacción y a un determinismo que nos deja sin margen de acción. El progreso material y la evolución humana es una constante lucha por mejorar la realidad. Debemos interpretar la realidad, no aceptar una impuesta lectura parcial y sesgada de nuestro mundo, ser críticos con la realidad que nos viene dada es imprescindible para no ser manipulados, de esa capacidad de discernimiento dependerá la respuesta certera a los problemas actuales.
Y tan importante como fijar la mirada en el aquí y ahora es imaginar y proyectar los escenarios futuros que individual y colectivamente deseamos. Sin pensar en el futuro difícilmente se puede dar con una solución aceptable, conociendo con la mayor exactitud posible la realidad y sus problemas es más fácil trazar el camino de las soluciones. Es precisamente ahí donde se esconde otra argucia de ese apocalipsis cotidiano que se nos impone, fijar la mirada hacia el suelo, no levantar la cabeza para impedir ver el camino de salida.
También por el camino de la tecnología se puede llegar a una realidad apocalíptica. La big data y el uso de los algoritmos puede restringir nuestra libertad de elección y constreñir nuestro comportamiento a situaciones estándares y previsibles; la Inteligencia Artificial (IA) puede convertirse en la criatura que devora a su creador.
En Matrix se nos da la bienvenida al mundo real mostrándonos campos de cultivo donde los seres humanos somos utilizados como pilas. Hal 9000, el computador central de la nave de 2001 Una odisea en el espacio, toma el control y desobedece a los humanos ante su posible desconexión.
No debemos sorprendernos por ello, la imaginación ha dado muestras inequívocas que es el anticipo de la realidad, tal como nos advierte el replicante en Blade Runner: «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir».
Aquello de que el mundo será verde o no será da mucho que pensar.
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