El Estado del Bienestar venidero

Como todos sabemos, el Estado del Bienestar es un complejo modelo o sistema de organización social y del Estado. El origen conceptual puede establecerse en los postulados de la Ilustración, y sus bases comenzaron a desarrollarse más firmemente a finales del XIX, posteriormente desde la Gran Depresión y el periodo de entreguerras, el Estado del Bienestar comenzó a desplegarse como una vía intermedia entre el comunismo (el estatismo) y el capitalismo más acérrimo.

     Bienestar social, democracia y capitalismo se combinan en diferente proporción para conformar el Estado del Bienestar bajo la ordenación política estatal y la construcción de la organización social. Como sistema de contrapesos, regido por los principios de igualdad, justicia, libertad, pluralismo, persigue desde sus inicios el objetivo de garantizar ciertos derechos sociales, económicos y culturales. Así, los sistemas de seguridad o asistencia social otorgan derechos al desempleo, la sanidad, las pensiones, además de otros como a la educación, la cultura y otros derechos sociales.

 

     El progreso de las sociedades europeas y de sus ciudadanos se debe en gran medida a los beneficios que el Estado de Bienestar ha ido garantizando, perfeccionando y ampliando. Es necesario recordar que el estatus adquirido por el Estado del Bienestar proviene de las conquistas sociales, muchos de los derechos adquiridos han sido conquistados por diferentes vías e implantados ganando terrenos a otros intereses espurios.

     Los ciudadanos deben saber o recordar el devenir del Estado del Bienestar y valorar, en justa medida, los derechos y obligaciones que nos ha aportado, además de ser conscientes del componente social de los mismos con la consiguiente vinculación. Actuar sobre su vigencia en los diferentes ámbitos y sectores es esencial, la dejación de nuestra responsabilidad de estar vigilantes sobre los desequilibrios y retrocesos que este sistema político-social llevaría a un paulatino deterioro de los niveles alcanzados y las posibles mejoras que se podrían lograr.

     Dejar exclusivamente en manos de gobiernos y parlamentos el mantenimiento y desarrollo del Estado del Bienestar es empobrecedor, las democracias representativas tienen ciertas derivas peligrosas en su acción política que hacen interpretar la realidad de un modo sesgado y partidista. La realidad y las preocupaciones del ciudadano, los problemas y las amenazas en ciernes no son avistados convenientemente por los políticos y las maquinarias de los partidos, los parlamentos suelen habitar en la burbuja de su propia dinámica y en una especie de artificiosa realidad paralela.

 

Los ciudadanos en ocasiones nos sentimos indefensos y escasamente representados cuando no se atiende a los problemas reales y no se dan respuestas ágiles y válidas que los palien. La desafección y la pérdida de confianza en la representación política pueden traer consecuencias muy perniciosas. Por otra parte, el descontento no se articula en movimientos contestatarios a nivel social fuera de la esfera de los partidos, la mayoría de los medios (“cuarto poder”) ha abandonado su actitud crítica independiente y se alinean bajo una línea ideológica bien definida.

 

     La calidad democrática de nuestras sociedades está en evidente retroceso y, por ende, el Estado del Bienestar también se perjudica. El progreso y evolución de las democracias representativas hacia otras más participativas y deliberativas es esencial para incorporar un mayor grado de implicación de la ciudadanía en la resolución de los problemas, para ser más efectivos en las soluciones … No es de recibo hoy en día que los partidos anquilosen la acción democrática en una legítima, pero poco eficiente, democracia representativa que pueda derivar en una lesiva partitocracia.

 

     Los problemas actuales a los que tiene que dar respuesta el Estado del Bienestar son varios, complejos y complicados. En Europa, el Estado de Bienestar ha logrado su mayor desarrollo y amplitud con respecto a otros estados o áreas. Quizá Europa sea la entidad política que más difícil tenga encontrar soluciones sin que menoscaben el Estado del Bienestar. EEUU, China, Rusia e incluso, en menor grado, el Reino Unido tras el Brexit no tienen la igual exigencia de mantener un sistema del bienestar tan desarrollado, complejo y costoso como el vigente en nuestra Europa occidental. La dificultad que el entramado político de la Unión Europea puede ser un serio hándicap a la hora de la toma de decisiones respecto al mantenimiento del estatus del Estado del Bienestar. Por otra parte, el humanismo y la cultura europea también pueden abanderar los valores del Estado del Bienestar para que se convierta en un modelo social y político en los países menos desarrollados como elemento esencial de prosperidad.

 

     España, al igual que otros estados, comparte problemas actuales con una mayor o menor incidencias en algunos aspectos concretos. El sistema sanitario se ha deteriorado paulatinamente, la capacidad de respuesta es menor y la calidad asistencial ha bajado de nivel; la actual pandemia ha evidenciado y aumentado los déficits en dicha materia. El enfoque proactivo hacia un sistema más centrado en la salud y no solo en la enfermedad, más preventivo, se hace necesario de modo perentorio dado el envejecimiento de nuestra población. Actuar en corregir las desviaciones del sistema sanitario debe ser prioritario, los ciudadanos lo valoran encarecidamente y es una apreciación generalizada que dicho sistema no cumple con las expectativas y estándares previos a la pandemia y la última crisis económica. En cuanto al sistema de pensiones y su mantenimiento se plantean serias dudas para su futuro y sobre el nivel de cobertura económica respecto al nivel de vida; además del debate sobre el alargamiento de la edad de jubilación y paralelamente los niveles de desempleo y su asistencia. El sistema educativo también precisa de un nuevo enfoque, el enfoque generalista y humanista de la enseñanza se está perdiendo, no es sostenible que construyamos nuestra sociedad dando la espalda a los valores culturales que han sostenido nuestra Europa occidental. De igual modo, existen otros servicios asistenciales que deben ser mejorados y que van en franco declive, quizá sean sectores minoritarios pero precisan de la cobertura adecuada dentro de nuestro Estado del Bienestar. También es necesario prestar la atención debida a las soluciones a la migración y a las crisis migratorias para integrarlas adecuadamente en nuestra sociedad.

 

     Los grandes cambios que se avecinan pueden poner en peligro el mantenimiento del Estado del Bienestar, se requiere un gran esfuerzo y amplitud de miras, los políticos y partidos deben estar a la altura de las circunstancias. Nosotros, los ciudadanos, debemos estar ojo avizor a los movimientos que se produzcan si queremos salvaguardar los derechos que el Estado de Bienestar ha generado en varias décadas.

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