El friki y el frikismo

El frikismo ha terminado de afianzarse, esa es mi impresión, se ha convertido en una actitud más generalizada de lo que debiera. Lo que empezó como un hecho puntual que causaba cierta simpatía, por su rareza y espontaneidad, ha conquistado cotas de presencia considerables en nuestra cotidianidad que me provoca cierto rechazo.

Se hace notar esa creciente presencia del frikismo en las noticias, en los post de redes sociales, en las actitudes,… Tal vez el motivo radique en que se desea subvertir la realidad, huyendo de ella a lo anecdótico se le da carácter de preferencial. Será por aquello de que la noticia es que el niño muerda al perro y no que el perro haya mordido al niño, llevado al grado superlativo, ahora se buscan constantemente noticias de niños mordedores de perros.

En ese sentido, Javier Cercas en el artículo titulado Teoría del “friki”,  precisa algo más arguyendo que «En mi opinión, un friki auténtico no es un anormal, ni un tipo raro, ni mucho menos uno de esos mercachifles de sí mismos que van por el mundo haciéndose los raros; yo diría más bien que un friki es un tipo que solo tiene una convicción fija, y es que la normalidad no existe, ni por tanto la rareza, o simplemente un tipo que sabe que la normalidad es una estafa».

Siguiendo ese razonamiento, cada loco con su tema puede ser el lema del friki. Manifiesto, inicialmente, mi simpatía por el friki, empatizo con su entusiasmo —en ocasiones pueril—. El friki, con el punto de apoyo que le aporta su frikada, intenta cambiar su mundo, su entorno, más que el mundo en sí. Cuando es así, sigo manteniendo mi simpatía por el friki, me parece un personaje peculiar al que no debe achacársele aspectos despectivos. La singularidad del friki cuando es mesurada y honesta me parece incluso positiva, su actitud es crítica y de ahí parte su versión parcial de la realidad. Transmitir entusiásticamente a otras personas nuestras preferencias es algo elogiable más que censurable.

 

Sin embargo, también existe un tipo de friki que me cae pesado, siempre está dando la tabarra, erre que erre, omnipresente, hiperactivo. Monotemático hasta la extenuación, con una sobreexposición en las redes sociales, continuamente enviando mensajes por diversas aplicaciones, haciendo comentarios a todo post, tweet, foto,… en definitiva, el típico aburrido y cansino.

Pero donde puede residir el aspecto más negativo de la cuestión es, no tanto en la persona y actitud individual del friki, sino más bien en la actuación conjunta y un tanto sistemática de los frikis, caer en el frikismo sí puede comportar elementos un tanto molestos. La estrechez de miras y el reduccionismo mental que produce el frikismo, en conjunción de lo políticamente correcto, hace que ciertos temas me causen el rechazo que aludía al principio del artículo. El contubernio y la conspiración twittera-facebookera que el frikismo logra imponer es para mí reprobable, tras pasar esa barrera de la virtualidad y de lo telemático, ese comportamiento pretende instalarse en nuestra actualidad con la llamada política de la cancelación. Ese frikismo, que hace suyo otro tipo de movimientos reivindicativos, impone crecientemente el discurso en su forma y fondo.

 

El frikismo corre paralelo a las nuevas tecnologías, también al postmodernismo y al desarrollo de la modernidad líquida que indicaba Zygmunt Bauman, y desde su creación inicial del mundo friki va ampliando su radio de acción hasta abarcar más espacio de la realidad, del mundo. De hecho, el salto cualitativo y cuantitativo del individualista mundo friki hacia el expansivo frikismo en forma de comunidad, de tribu, de grupo es un claro exponente de su evolución.

En la tesis doctoral La búsqueda de nuevos valores, referentes y modelos en un mundo líquido: El refugio de la cultura “friki” en España publicada en 2014 por Cristina Martínez García, se incluían tres parámetros para entender el frikismo: la importancia de la evasión y la diversión como vía de escape, la necesidad de sentimiento de pertenencia y búsqueda de contacto humano y la manifestación de insatisfacción e inconformismo con el estilo convencional de vida. El frikismo, entendido así como un movimiento de reacción del friki, mantiene unos valores defendibles y comprensibles, si se despoja de su finalidad reivindicativa perderá todo su significado y podrá ser manipulado.

 

Lo diferente que se dibuja en el friki es algo tolerado hoy en día, aunque se vea raro el ejercicio de esa diferencia no tiene censuras, las opiniones al respecto de las actitudes del friki pueden ser variopintas y oscilar de un extremo al otro, pero en ningún caso son prohibidas ni perseguidas. Tengo la impresión de que en ocasiones esa tolerancia no es bien entendida por el frikismo, ya que asume un papel de víctima o de acomplejado, y puede que esa actitud provoque cierto hartazgo por las personas no concernidas en la causa que toque. Por otra parte, el friki creo que si percibe que se respeta el derecho y el uso de la diferencia y lo normaliza.

 

El comportamiento del friki y del frikismo discurre por un territorio fronterizo que a veces es difícil de deslindar, aunque intuyo que existen matices que los diferencian, lo individual y colectivo llevan caminos paralelos aunque lleguen a cruzarse.

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