El turismo que viene.
El impacto económico de la pandemia provocada por la covid-19 está siendo bastante grave y aún no se atisba a pie de calle la dimensión que puede alcanzar,
ni el horizonte temporal que puede llevarnos a una gran recesión. Lo cierto es que la economía mundial tenderá a un reajuste para amortiguar los efectos
negativos en el que las interdependencias se verán afectadas de modo muy considerable. Todo ello, sin tener en cuenta que posibles recaídas conduzcan a nuevas
situaciones de confinamiento y aislamiento que serían un durísimo golpe para las economías que las padezcan.
Así, estamos en una situación de inestabilidad en busca de un equilibrio difícil e impredecible que se debate en el dilema entre competencia-colaboración, los grandes bloques deben decidir si entrar en una escalada de hostilidad-competencia o pasar a una cooperación-colaboración económica. Por otra parte, el mercado globalizado no hace previsible la vuelta a una economía proteccionista o, en su extremo, autárquica. Estamos ante cierto paralelismo llevado a un escenario macroeconómico del matemático y nobel John F. Nash (vida llevada al cine en la oscarizada “Una mente maravillosa”) en lo referente a la teoría de juegos y el punto de equilibrio.
Desde la Segunda Guerra Mundial y hasta nuestros días se ha creado un creciente mercado internacional casi libre y una globalización a muchos niveles.
Es ahora, por causa de la actual pandemia, que esta dinámica se ha visto truncada y las relaciones habituales han disminuido o se han suspendido. La turística es la actividad económica que ha sufrido mayor impacto negativo a causa de las restricciones en la movilidad de las personas. El daño causado en este sector ha sido muy considerable, la recuperación será lenta y ligada a la necesaria vuelta a la libre circulación de las personas, y siempre está latente la espada de Damocles de un nuevo confinamiento o aislamiento.
¿Qué cambiará y qué continuará en la economía mundial tras el impacto de la covid-19? Ésa es la gran incógnita. El modelo productivo y el excesivo consumismo ha entrado en seria colisión con la sostenibilidad del planeta, el cambio climático es una evidencia que ya no se puede obviar; también el modelo turístico está inmerso en esa problemática.
La oferta turística es tan amplia como su demanda, existe una oferta ad hoc para cada demanda, esa diversidad es un factor positivo. Lo que sí es bien diferente es la motivación experencial y las necesidades internas y externas que el viaje proporciona al individuo, la teoría y los estudios son amplios al respecto. Pero quizá el enfoque principal y apriorístico que determina la demanda es la visión de viajero o de turista, aunque en esos extremos hay también
situaciones intermedias. El viajero asume su experiencia de un modo más proactivo que el turista, el viajero desea tomar el control y decidir sobre la oferta, mientras que el turista, asume un rol más pasivo en cuanto a lo ofertado y toma comúnmente lo que le viene dado.
Por consiguiente, también existe una oferta bien diferenciada para el turista y para el viajero, cada una tiene unos factores positivos y negativos pero evidentemente el turista es bastante más numeroso que el viajero. La oferta para el turista tiende a la estandarización, provoca saturación en el empleo de recursos, no se integra en el entorno (social y culturalmente sobre todo), limita la diversidad y crea una dependencia excesiva. Hay ciudades, centros históricos y barrios que se han convertido en una especie de parques temáticos para turistas, y que sufren el mal de la “turistificación”, con el consiguiente impacto en el tejido comercial y social, la incidencia en el precio del alquiler y la pérdida de la identidad cultural, entre otros aspectos negativos.
Es indudable que el sector turístico es esencial en muchos territorios, y que el modelo actual no variará drásticamente en poco tiempo pero este paréntesis obligado por la covid-19 podría ser un punto de inflexión para cambiar paulatinamente el paradigma del modelo turístico e integrar al turista y hacerlo más viajero.
Las redes sociales y las nuevas tecnologías juegan a favor para aumentar y perfeccionar la oferta turística, y brindan una amplia información a los demandantes; se abre un nuevo campo de actuación de gran versatilidad. Acercar la oferta y la demanda es ahora asequible, los intermediarios dejan de ser indispensables, ganar la confianza y minimizar la incertidumbre anticipa unas buenas perspectivas para que el número de viajeros aumente.
No olvidemos que nuestra vida no deja de ser un viaje, y sería bueno ahora recordar a Cavafis:
“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca / pide que el camino sea largo …”
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