La picante inflación

A pesar de la esencial componente materialista de la economía, prestar la debida atención al comportamiento personal de los individuos y de los movimientos colectivos en dicha materia, depara serias reflexiones filosóficas y sociológicas.

Ni que decir tiene que la economía no es una ciencia exacta, aunque se quiera revestir de un halo de cientifismo los hechos demuestran que es más inexacta que exacta; indudablemente hay ciertas leyes y teorías que están sobradamente contrastadas.

Es conveniente saber de economía, tener ciertos conceptos claros, aunque en ocasiones es mejor no adentrarse en demasía, el célebre empresario Henry Ford avisaba que «es bueno que la gente no conozca el sistema bancario y monetario, sino habría una revolución mañana por la mañana».

La inflación es uno de los conceptos económicos donde puede comprobarse el comportamiento humano más animal y especulativo. A trazos burdos puede decirse que la inflación se origina en los desajustes en los mercados de la oferta y la demanda, y no solo de productos sino también monetaria. Cuando Nerón decidió acuñar moneda mezclando la plata con otros materiales más baratos para obtener más moneda y así financiar sus excesos, también rebajó el valor real de la moneda respecto a su valor nominal, y al percatarse de esa adulteración, los comerciantes comenzaron a subir los precios para mantener el poder adquisitivo.

Este ejemplo que es recurrente a lo largo de la historia económica, también ocurrió, en un sentido inverso, tras el descubrimiento de América la abundancia de plata y oro hizo posible la acuñación de más moneda y se produjo otro proceso de tensión inflacionista. Valor y precio, como apuntaba Antonio Machado, solo lo confunden los necios, y en cuestiones económicas  hasta el necio más tonto hacer relojes.

 

En el imprescindible Masa y poder de Elías Canetti el autor hace unas originales reflexiones y apuntes sobre el papel de la inflación y la masa. Comenta que «Puede afirmarse que, dejando aparte las guerras y las revoluciones, en nuestras civilizaciones modernas no hay nada cuya transcendencia sea comparable a la de una inflación. Las conmociones que provoca son de naturaleza tan profunda que se prefiere disimularlas y olvidarlas. Quizá también se teme atribuir al dinero, cuyo valor es fijado artificialmente por el hombre, efectos regeneradores de masa que van mucho más allá de su función propiamente dicha y tienen algo de absurdo e infinitamente humillante».

Añade ciertas disquisiciones muy interesantes sobre la doble devaluación de la inflación y sobre sus efectos, que fueron utilizados políticamente por Hitler.

 

Cuando la inflación entra por la puerta, la confianza y la estabilidad saltan por las ventanas de las economías, se entra en un periodo de incertidumbre de consecuencias inciertas. La inflación es sin duda la peor enfermedad que pueden padecer las economías de mercado y sobre la que no existen antídotos eficaces a corto plazo. La hiperinflación y la extensión generalizada de la inflación a diferentes áreas o mercados económicos hacen que la tensión inflacionista tenga unas consecuencias impredecibles y se entre en una espiral muy peligrosa. Salir indemnes de un periodo inflacionista es casi imposible y se requiere un periodo de varios años para corregir desviaciones y volver a la senda de la estabilidad. Las fluctuaciones y los ciclos económicos (expansión-contracción) son inherentes a las economías de mercado.

 

     John Kenneth Galbraith es uno de mis economistas keynesianos preferidos, fue consejero del presidente J. F. Kennedy. Buen conocedor de la historia económica y experto en el estudio de los avatares económicos del siglo XX, autor de una extensa bibliografía económica. El nuevo estado industrial me aclaró muchas cuestiones económicas que las asignaturas de Macroeconomía, Sistema Financiero, Estructura Económica,… nunca lograron.

 

En 1975 publicó El dinero (De dónde vino y adónde fue), un libro que aborda episodios de la historia económica y con especial brillantez la primera mitad del siglo XX. En su epílogo, aparte de avanzar «seis imperativos que formarán o controlarán la política monetaria y la más amplia política económica, de la que ahora es aquélla una parte pequeña»; también añadía al final del mismo, «Pero ya hemos visto que la acción requerida, incluida la acción necesaria para evitar la cada vez más probable combinación de la inflación con la recesión, es exigente y compleja. Y cada vez lo es más. Este carácter crecientemente exigente es el principal mensaje de este epílogo».

 

Añade un vaticinio, que al constatarlo ahora cumplido causa estupefacción, «Lo más cierto de esta historia es que aquellos que se consideran como los más enérgicos defensores del sistema, aquellos que se proclaman los más acérrimos partidarios de la libre empresa e incluso del capitalismo, serán los que más temerán las medidas encaminadas a conservar el sistema. Serán los más hostiles a la acción que ha de mejorar la actuación de aquél, fomentar su reputación, aumentar su capacidad de supervivencia.»

 

Inflación, recesión, escasez de oferta, exceso de demanda, subida de tipos de interés, cambio en la paridad de las divisas, caídas y repuntes en las bolsas,… están en las noticias todos los días, algo se cuece.

Si a lo anterior le añadimos la invasión de Ucrania por parte de Rusia y todos los efectos colaterales que ha producido y producirá, además de las fuertes tensiones migratorias, no cabe duda de que estamos en un escenario político y económico de gran incertidumbre donde la inflación es la salsa picante presente en todos los platos.

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