Una brisa musical
La música de cámara es para mí la predilecta para escuchar en verano. En esta época estival propensa al exceso y la expansión es el contrapunto idóneo para rebajar sus ardores. El comedimiento y la intimidad compartida que ofrece un conjunto reducido de variados instrumentos, dan la medida del sosiego y la tranquilidad que el bullir de los días caniculares imponen en su cotidianidad. No es el susurro y la soledad buscada del monólogo de un recital o de un dúo, ni el coro y la ampulosidad de una orquesta con sus múltiples voces y su orgiástica sinfonía. La música de cámara es la brisa musical que deleita y refresca, es el diálogo espontáneo y ameno.
No encuentro mejor explicación que la que el filósofo y músico Theodor Adorno hizo en la Introducción a la sociología de la Música, «la mejor analogía del comportamiento de la música de cámara se halla en el ideal del fair play del antiguo deporte inglés: la intelectualización de la competencia, su transposición a la imaginación, anticipa una situación en la que la competencia estaría curada de toda agresividad y maldad; en definitiva la situación del trabajo como juego».
El pasado sábado 6 de agosto disfrutamos del magnífico concierto de la Camerata 1910, enmarcado dentro del XV Festival de Música Ciudad de Chipiona organizado por Juventudes Musicales de Chipiona. El claustro del Santuario de Nuestra Señora de Regla fue el inmejorable escenario del concierto, un remanso de paz inmerso en el epicentro del veraneo chipionero; los plataneros se exhibían exuberantes gracias a la climatología propiciatoria de este intenso y tórrido estío.
La Camerata 1910 nace por iniciativa de varios músicos de la extinta Orquesta de Cámara Mediterránea, cuenta con un plantel de diecinueve músicos y realizan sus ensayos en su sede de Úbeda, siendo su concertino y director artístico el ubetense Juan Utrera Moreno. La camerata toma su nombre del poema homónimo de Federico García Lorca incluido en Poeta en Nueva York.
El programa del concierto se presentaba muy atractivo, como bien explicaba su director artístico se pretendía hacer un recorrido por músicas con aires de danzas y con sutil inspiración folclórica.
La conocida Suite Holberg del noruego Edvard Grieg era un buen arranque. La pieza, originalmente creada para piano, se compuso para conmemorar el bicentenario de nacimiento del padre de las letras noruegas Ludvig Holberg. Consta de un preludio seguido de cuatro danzas que fueron interpretadas fiel a su estilo neoclasicista recreadas con pinceladas de inspiración nórdica.
Del siempre brillante Béla Bartók las Danzas folclóricas rumanas siempre son bien recibidas por la audiencia. También fue una obra original para piano pero que el propio Bartók se encargó de orquestar y que son fruto de su amplio estudio de la música magiar tradicional como excelente musicólogo que fue. Sus seis danzas están inspiradas en temas populares y son una excepcional muestra de la riqueza y variedad folclórica de aquella zona. La interpretación fue brillante en todos sus números y demuestra el fluido diálogo musical que la Camerata 1910 es capaz de lograr.
No puede faltar en toda velada camerística que se precie la música de mi querido Franz Schubert. La música elegida fue la versión instrumental del lied Erlköning, basado en el poema Der Erlköning (El rey de los elfos) del no menos admirado Goethe, la camerata supo recrear ese ambiente misterioso y cautivador que tan magistralmente consigue Schubert, transportándonos a los escenarios de la densa mitología germánico-nórdica.
Finalizó el concierto con la Simple Symphony de Benjamin Britten, una obra que es la número cuatro de su catálogo y cuyos temas fueron compuestas originariamente entre sus nueve y doce años de edad. Se trata de una composición creada para las cuerdas y que también recoge en sus cuatro movimientos temas populares británicos genialmente revestidos de formas clásicas. Especialmente lúcida fue la interpretación de su tercer movimiento Playful Pizzicato que cautivo a los asistentes.
Para una velada artística veraniega, no hay nada mejor que conjugar música y poesía, dos artes estrechamente hermanadas.
Cuando Lorca escribe Poeta en Nueva York pasa por una circunstancia personal, socio-política y profesional convulsa, su estancia y vivencias en Nueva York hacen de esa obra también un punto de inflexión en su expresión poética.
El poema 1910 es el segundo del poemario, es de una sutileza, expresividad y nostalgia impresionantes, fechado como el resto de la obra entre 1929 y 1930. Lorca tiene treinta años y vuelve la vista atrás a su niñez a ese año de 1910, tomando consciencia del Lorca de algo más de diez años, «Aquellos ojos mío de mil novecientos diez…».
Una infancia que no ve el dolor incrustado en la realidad. Una infancia que solo ve la pueril sorpresa de lo extraordinario, de lo insólito; de la divina inocencia. Pero llega el momento y el lugar «donde el sueño tropezaba con la realidad», hasta confesar que «He visto que las cosas cuando buscan su pulso encuentran su vacío» y que la realidad viste el desnudo de su niñez.
La obra que faltaba en el programa musical encaja perfectamente como banda sonora de este magnífico poema 1910, se trata de la Danza eslava nº 2 op. 72 de Antonín Dvořák. Una autentico compendio de nostalgia, felicidad, esperanza, de esplendor. Una música que nos congracia con la realidad que somos, una brisa musical que nos alivia.
Descarga este articulo
¿Hay algún artículo que quieras guardar y archivar localmente en formato PDF? Si es así, puedes hacerlo directamente desde la imagen a tu izquierda.
Cómo descargar periódicos en formato PDF online
1. Dirígete al artículo de noticias que deseas guardar
2. Haz clic en «Archivo»> «Imprimir»
3. Donde normalmente elegirías la impresora a usar, debería haber una opción que dice «Guardar como PDF»
4. Finalmente, presiona «Guardar» y elige la ubicación para guardar el archivo

