Abundancia pero menos
Se reabre el curso político y sobre la mesa de los consejos de ministros de los países europeos y de la propia Comisión Europea ya esperaba el asunto sobre la crisis energética que anuncia un otoño caliente y un glacial invierno.
Las restricciones de suministro de gas ruso, del que es muy dependiente Europa, como represalia a las medidas adoptadas contra Rusia y en apoyo a Ucrania será un torpedo dirigido a la línea de flotación de la estabilidad económica y, por ende, política y social de los países europeos.
El presidente francés, Emmanuel Macron, el pasado miércoles en el primer Consejo de Ministros advirtió que «creo que asistimos a una gran convulsión, un cambio radical. En el fondo, lo que estamos viviendo es el fin de la abundancia, de la liquidez sin coste», y añadió que «es también el fin de las evidencias. La democracia, los derechos humanos. Si alguien pensaba que era el destino del orden internacional, los últimos años han hecho saltar por los aires algunas pruebas». También apuntó que «ante tales desafíos no tenemos derecho a esperar, a gobernar sobre la marcha. Debemos proteger nuestro país con ambición, preservar lo que sea necesario y proteger a los que lo necesitarán».
Macron “parece haber visto un lindo gatito”, aunque nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato Recesión y mucho menos llamarlo por su nombre. Si no hemos entrado en recesión nos falta un cuarto de hora —que es lo que tardará el corte de suministro del gas ruso—, pero no solo a una recesión económica y a una escalada inflacionista, también a una crisis energética y climática. Si a lo anterior sumamos la crisis de representación de nuestras democracias, el populismo creciente, la desestructuración social, la falta de un liderazgo ético,… el panorama inmediato no es nada halagüeño.
Ursula von de Leyen toco a arrebato tras la aprobación por el Consejo de la Unión Europea de las medidas de ahorro energético e instó a todos los países miembros a que adoptaran sus decisiones.
Mientras tanto en España… la corbata se ha declarado demodé, chupar escaparates debe hacerse en horarios de oficina y el bloque de gobierno y el de oposición se lanzan dardos incendiarios en la tramitación del decreto de ahorro energético. En España divisaremos pronto unos desiertos no remotos de persistir esta sequía, y unas inmensas montañas no lejanas devastadas por el fuego; los recientes incendios y la incipiente sequias se agravan ante el “vuelva usted mañana” de los gobiernos y administraciones de aquí y acullá con el cartel de “cerrado por vacaciones”.
Nuestros opulentos países europeos, acostumbrados a la abundancia de recursos y medios, y al consiguiente despilfarro de los mismos, se ven ahora amenazados por la escasez y carestía de las fuentes de energías de las que somos dependientes y netamente importadores. La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha dejado más patente la situación de debilidad económica en la que se encuentra Europa frente a la pujanza y expansión de Rusia y su solapada alianza con China, y la preminente posición económica de EE.UU reforzada por el Reino Unido tras el brexit. La difícil imbricación y articulación de las políticas europeas en los distintos países miembros y la falta de dinamismo en la toma de decisiones están siempre presentes aunque se está actuando con rapidez y flexibilidad ante los problemas derivados de la situación actual.
En mi opinión, la gran amenaza que se cierne sobre la difícil situación que se avecina proviene de la tensión social que se genere ante las medidas y efectos que esta crisis o recesión pueda ocasionar. Como es sabido, los estamentos sociales más desfavorecidos son los que más padecerán los efectos de un empeoramiento de la situación, pero también será extensiva a una gran parte de la clase media que hasta ahora no había sido afectada anteriormente.
Las medidas políticas que se tomen para adaptarse a las circunstancias cambiantes que se presenten deberán ser ante todo mesuradas y razonables acorde a los objetivos que se persigan. En uso de la potestas de los gobiernos y los parlamentos será crucial, tanto para el acierto de sus medidas como para lograr el mayor consenso posible en las decisiones que se tomen, aunque no suficiente. Sería necesario un liderazgo visible, que al día de hoy en día no existe, que ejerza su auctoritas en la opinión de gran parte de los ciudadanos.
No se trata de llamar a la épica del «blood, toil, tears and sweat» (sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor) que pronunciara Winston Churchill, tampoco aquello que pedía Felipe González a los ciudadanos de “apretarse el cinturón”, lo cual no incluye a los que lleven tirantes. Es necesaria mucha pedagogía y bastantes explicaciones sobre las medidas que se adopten y también ser valientes y honestos para recabar los esfuerzos a los agentes que puedan asumir los esfuerzos y sacrificios que se demanden. Las necesidades y los objetivos de las medidas a tomar deben ser entendidas por la opinión pública para evitar una tensión social que haga insostenible el día a día.
Recientemente hemos vivido los estragos que ha ocasionado la pandemia del covid en sus peores episodios y como las personas más vulnerables por razón de edad han sido las más perjudicadas. Con independencia a que la acción del virus ocasionó la principal causa de mortalidad en nuestros mayores, también hemos constatado que las medidas de protección y asistencia que se adoptaron fueron muy deficientes e incluso denigrantes. No se actuó ni diligentemente ni eficientemente ante tales circunstancias.
Siendo la situación de crisis que se nos avecina menos grave, al no tratarse inicialmente de cuestiones sanitarias ni vitales, si hacemos un paralelismo —salvando las diferencias aludidas— no resulta muy esperanzador el pronóstico que podamos hacer.
Vivimos en la opulencia, pero como toda cuestión vital es reversible y nuestras sociedades no están preparadas para la escasez, las limitaciones, la incomodidad,… aunque a todos nos guste vivir felices y comer perdices.
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