¡Qué no paren las rotativas!
La prensa escrita siempre ha sido mi fuente preferida de información sobre la actualidad, creo que esto es extensible a gran parte de mis coetáneos que han mantenido y mantienen cierta inquietud social, de conocimiento y de compromiso con su realidad.
La actitud argumental, crítica, minuciosa y extensa que cualquier información del periodismo escrito que se precie debe ostentar hace que me decante preferentemente por ese medio. La radio tiene una gran similitud y propias características pero es un tanto más efímera que esa información escrita a la que podemos volver y escudriñar con más detenimiento. También la información televisiva de calidad aporta otros matices muy destacables. Pero para hacerme una composición de lugar y formar mi propia opinión creo que la prensa escrita aporta más elementos a tal efecto.
Ahora, internet y las redes sociales como nuevas formas de información y comunicación han hecho que el modo de formarse la opinión sobre los asuntos haya cambiado radicalmente, esa variedad de fuentes paradójicamente no contribuye a formar la opinión con mayor cientificidad; la manipulación y la tergiversación se ha incrementado.
Debo advertir que, en cierto modo, mi relación con la lectura de la prensa escrita y su valoración parte de una peculiaridad un tanto privilegiada. A la librería de mis padres llegaba todas las mañanas la hornada de prensa desprendiendo el inconfundible olor de la tinta negra sobre el papel de periódico. En los 80 y 90 las cabeceras eran numerosas y variopintas, la calidad periodística era impresionante, así, poder leer muchas de ellas, era un deleite y un lujo que no dejaba escapar, siguiendo el ejemplo de mi padre.
Algunas de aquellas cabeceras ya no existen, no sobrevivieron a nuevas andaduras o no tienen el peso que antaño, recuerdo Diario16, El Correo de Andalucía, El Periódico del Guadalete, Ya, El Alcázar, El Independiente, Pueblo, El Caso, La Hoja del Lunes, Hoy… y otras que he olvidado. Algunas cabeceras siguen incombustibles a estos malos tiempos para la lírica: ABC, El País, Diario de Cádiz, El Mundo, La Vanguardia… Me viene a la memoria el formato sábana de ABC y de Diario de Cádiz, necesitaban un mesa dimensión “última cena” para poder desplegarlos.
Los fieles lectores de prensa llegaban puntualmente a primera hora de la mañana a la librería para que le dispensáramos su ejemplar diario, clientes de todos los colores —colores políticos quiero decir— con los que siempre se cruzaban algunas opiniones. Visto en la lejanía, el desfile de las distintas tendencias frente a la mesa de prensa se convertía en un símbolo de concordia de la transición española tras las heridas todavía abiertas de la guerra civil.
Grandes articulistas, sesudas editoriales, espléndidas entrevistas, magníficas crónicas, completísimos informes, contundentes investigaciones,… las páginas de los distintos periódicos estaban plagadas de calidad periodística y literaria.
ABC y El País eran las dos grandes cabeceras del momento.
En ABC esperaba con verdadera ilusión la firma de Julián Marías, siempre plagada de lucidez y elegancia, los artículos de Luís María Ansón, la genialidad andaluza de Antonio Burgos, el fino análisis de José María Carrascal, las viñetas de Mingote, el suplemento ABC Cultural que sigue siendo todo un referente de la actualidad cultural.
De El País me fascinaba, y me sigue fascinando, su maquetación y su variedad, la tribuna del maestro Francisco Umbral con su frescura y su mordacidad, la inteligencia y perspicacia de Javier Marías, la sección de ajedrez de Leontxo García,… El suplemento cultural Babelia era imprescindible para detectar las tendencias, en él escribe el excelso Antonio Muñoz Molina su siempre interesante sección semanal.
La aparición de El Mundo fue una corriente de aire fresco y renovador en el periodismo español, marcado por la impronta del eminente Pedro J. Ramírez, el periodismo de investigación alcanzó sus cotas más elevadas.
El Correo de Andalucía también logró hacer un periódico muy variado y completo, allí escribía como colaborador mi paisano Virgilio Claver, la sección de ajedrez de Ricardo Montecatine era excepcional.
Diario de Cádiz, decano de la prensa andaluza, era el referente periodístico a nivel provincial, J. J. Téllez era mi articulista predilecto, siempre sintonizaba con su ironía y compromiso social, también las crónicas locales de mi amigo Juan Mellado y la fotografía de Gracia Núñez y Bely.
Una curiosa anécdota relacionada con las lecturas periodísticas me ocurrió en el examen de Selectividad, en el comentario de texto —que tenía un importante valor en la nota final— se había seleccionado un reciente artículo de prensa de Fernando Fernán Gómez publicado en El País y que yo había leído. Imagino la cara del corrector de turno sorprendido por los comentarios de un joven menor de veinte años que aportaba datos y conocía el texto.
Pero no solo de estas fuentes contemporáneas del periodismo se ha bebido, Mariano José de Larra está en el inicio de todo, también Gustavo Adolfo Bécquer, y los grandes nombres del 98, Ortega y Gasset, Unamuno, Valle-Inclán, más tarde Azorín y finalmente el inconmensurable Chaves Nogales.
Y heme aquí que a la vuelta de los años, de fanzines y de periódicos locales, estoy presentando Negrita, subrayado y cursiva, un compendio de artículos periodísticos publicados y en mi web personal, difundidos por las redes sociales y con una versión radiofónica y en podcast. Y lo que es un honor para mí, prologado por J. J. Téllez.
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