Palabras mágicas

El final de año siempre nos trae una innumerable y creciente serie de resúmenes y de “lo mejor del año” para todos los gustos y materias. Casi inconscientemente, ese examen del año sirve para pasar página y darle carpetazo, una especie de “borrón y cuenta nueva” para cargar y renovar nuestras esperanzas para el venidero.

Los propósitos realizados a primeros de año tienen algo de pueril ilusión, el cambio de dígito se utiliza como punto de inflexión para cargarnos de voluntad e intentar enmendarnos o retarnos en lo personal, pero pasados unos días de enero y ese transitorio vitalismo, caemos nuevamente en la rutina y se desvanecen nuestras fuerzas y ganas.

Personalmente no suelo prestar mucha atención a esos resúmenes, listas,… que por doquier nos asaltan, es más, suelo huir de ellos, me parece algo manido e innecesario porque en gran parte lo hemos vivido antes de ayer. A nivel individual hacemos nuestro propio escrutinio y catálogo anual, más o menos exhaustivo, aunque tiene una componente más personal que social.

 

Entre ese amplio surtido antes apuntado, hay uno que me despierta un curioso interés, se trata de la elección de la palabra del año que realiza la FundéuRAE (Fundación del Español Urgente), una institución sin ánimo de lucro promovida por la Real Academia Española y la Agencia EFE, auspiciada por el BBVA, y que tiene como principal objetivo «impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación».

En  la somera búsqueda por internet que he realizado sobre la elección de la palabra del año que realiza la Fundéu he comprobado que en 2013 comenzó con dicha selección. Hacer un recorrido desde entonces hasta nuestra fecha nos retrotrae a un acontecimiento de cada uno de los años y su relación con una palabra. Así hacer un recorrido por ese binomio lo evidencia: 2013-escrache, 2014-selfi, 2015-refugiado, 2016-populismo, 2017-aporofobia, 2018-microplástico, 2019-los emojis, 2020-confinamiento y en 2021-vacuna.

Más interesante y enjundiosa que la palabra elegida anualmente es la lista de la docena de palabras candidatas. En este año 2022 son varios los acontecimientos de los que han surgido palabras que han tenido mayor preponderancia.

Relacionadas con la invasión de Ucrania por parte de Rusia y su consiguiente guerra aparecen en la lista varios términos relacionados. La amenaza de conflicto nuclear a gran escala se ha reavivado a niveles de la Guerra Fría. Términos como gasoducto y ucraniano se encuentran entre las palabras candidatas. Si a lo anterior unimos que el cambio climático se ha demostrado como un hecho incontrovertible, en todo el planeta se han producido episodios que así lo corroboran, otros vocablos como apocalipsis y ecocidio (destrucción del medio ambienteen especial de forma intencionada) han estado muy presentes.

En cuestión económica, derivado del conflicto bélico en Ucrania, la economía se ha resentido y la inflación se ha convertido en un serio problema que está desequilibrando la economía y la sociedad en muchos países. Otro término muy relacionado con el anterior es topar (establecer un tope a los precios) como consecuencia del alza de los costes de la energía y más concretamente del gas. Unida al tema energético surge el neologismo gigafactoría para definir a las fábricas de baterías de automóviles que pueden llegar a almacenar un gigavatio hora. También en esta materia la palabra criptomoneda se ha erigido como otro asunto convulso en materia económico debido a las fluctuaciones de sus valores.

       Gripalizar es un término bien acogido ya que la amenaza del fatídico COVID parece remitir y sus efectos han pasado a una fase más controlable. Para referirse a la práctica sexual entre personas bajo la influencia de estimulantes se ha construido el acrónimo Sexdopaje. Diversidad es una palabra que ha tenido una gran presencia en distintos ámbitos y que refleja a las claras la variada y compleja sociedad en la que vivimos.

El pasado 29 de diciembre se dio a conocer la palabra del 2022, es más exactamente un concepto, inteligencia artificial (IA), no es novedoso en nuestro acervo lingüístico pero se ha empleado frecuentemente y ha estado más presente durante el pasado año y ha ampliado su margen de acción en otros campos. Es un término que nos resulta contradictorio ya que la inteligencia es un atributo humano y animal, la inteligencia artificial es una creación humana aunque debido a los logros que se han obtenido de su aplicación parece cobrar autonomía. Los límites de la inteligencia artificial, los conflictos éticos que genera, las amenazas latentes que conlleva,… hacen que año tras año esté más presente en nuestra cotidianidad.

 

Unos días antes la Real Academia Española presentó la actualización 23.5 del Diccionario de la lengua española (DEL). Se han incorporado 3836 modificaciones provenientes tanto de adiciones de artículos y de acepciones como enmiendas. Los términos relacionados con la tecnificación y digitalización son una fuente inagotable de incorporaciones y que son necesarias para adaptarse a la creciente importancia y diversidad en estos campos. Se destacan además la introducción de términos gastronómicos, relacionados con la pandemia, americanismos,…

 

Existe un selecto número de palabras que nos produce una sensación especial, cada cual tiene sus predilectas, son palabras mágicas que tienen unos matices únicos y personales que vienen adheridos a ellas un tanto misteriosamente. Son palabras que trasmutan la realidad y que esparcen sus maravillosos efluvios al leerlas o decirlas. Rara vez se encuentran esos vocablos entre las palabras del año y los neologismos, parecen que provienen de un mundo extinto y edénico.

Existen palabras mágicas aún por encontrar y crear, palabras que siempre desconocerán lo más perfectos engendros de la inteligencia artificial.

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