Abstencionistas del mundo

 

La interpretación del abstencionismo electoral da para tesis. Los factores y perspectivas desde la que pueden estudiarse son múltiples e interrelacionados, la riqueza de esta figura hace que su conocimiento sea tan complejo e inabarcable que raye su incomprensibilidad y compresibilidad.

Los aspectos cuantitativos derivados de las estadísticas pueden darnos algunas valoraciones de su dimensión y comportamiento, acotando el movimiento y las fluctuaciones que el abstencionismo tiene en el espacio-tiempo. El marketing electoral, los estudios demoscópicos, las consultorías políticas,… siempre están detrás de los datos para ofrecer sus interpretaciones que suelen tener unos resultados poco acertados, a veces, catastróficos.

 

Donde existe una amplia e interesante sustancia es en la motivación abstencionista, ¿qué motiva a una persona con derecho a voto a optar por la abstención? Desde los más ligados a la desidia como puedan ser la desgana, el olvido, la pereza,… hasta los de carácter más reflexivo y voluntario, conducido por una decisión más razonada.  Desde un extremo a otro existe una variopinta mezcla de matices que hacen muy rico el estudio de dichos motivos.

Hay una cuestión que surge nada más se trata el tema de la abstención, su justificación.

Algunos, la parte interesada en movilizar y arrancar el voto para su causa, utilizan un argumento un tanto capcioso, necesitas votar para que tu elección cuente, para elegir o descartar, y acto seguido, como un redivivo Boabdil el Chico, se deja caer aquello de “vota hoy o calla durante cuatro años”. Olvidan los adalides del voto interesado la larga lista de incumplimientos y engaños para con sus queridos electores que les han confiado su voto, el voto es garantía de poco y el triste revulsivo del “menos malo” y de lo “malo conocido” bien vale una abstención

Otros, demócratas de pura cepa y más papistas que el Papa, basándose en una sui géneris ética democrática, apelan a la obligatoriedad del voto — como si fuera un imperativo categórico— y se conmina a votar por obligación democrática. Al parecer desconocen que votar no es una obligación legal, es un derecho, libre y legítimamente podemos votar o no votar, es una opción personal.

Apostillan, además, que el voto en blanco, e incluso el nulo, es una vía para expresar el descontento en caso de no optar por el voto a ninguna de las candidaturas. Respecto a ello cabría aclarar que, en el caso de decidir de modo voluntario y consciente abstenerse, se manifiesta patentemente un descontento y se lanza una especie de órdago, un niego la mayor; por ejemplo con el sistema electoral, con el panorama político, la falta de representatividad,… que tienen en la desafección su resultado final.

 

Pero los altos niveles de abstención no son interpretados por partidos, políticos e instituciones como un problema, son totalmente inflexibles e insensibles ante el mismo. La relación causa efecto se ha roto, el sistema electoral no repercute los niveles de abstención en el número de representantes ligando la participación proporcionalmente al número de representantes. Las listas cerradas y bloqueadas también es un aspecto que en nada favorece el aperturismo, la regeneración, la flexibilidad y dinamismo; así, la partitocracia asienta sus bases cuando el sistema democrático se anquilosa y crece la brecha entre ciudadanos y representantes e instituciones.

 

La crisis de representatividad se agrava con el abstencionismo, el sistema electoral maquilla el problema con las reglas de reparto y de asignación, cabe preguntarse ¿qué verdadera representatividad directa tienen los electos? Si tenemos en cuenta la abstención, el porcentaje que logra un cargo electo sobre el total se reduce muy considerablemente, la representación real bien medida es esencial para poner en su justa relación la potestas y la auctoritas de cada representante político.

La parte activa de los abstencionistas, los que deciden no votar por convencimiento propio y con motivos relativamente razonados y razonables, tienen el poder de desnivelar la balanza. El reclamo partidista para atraer a un reducido pero importante grupo de abstencionistas indecisos siempre está presente.

Lo que verdaderamente sería interesante e importante es cómo articular eficazmente a ese nutrido grupo de sesudos y beligerantes abstencionistas para que su poder tenga peso y repercusión, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones ese sector abstencionista puede tener más porcentaje de representatividad que los resultados logrados por gran parte de las candidaturas que concurren a las distintas elecciones. Es sin duda una divertida utopía.

  • ¡Abstencionistas del mundo, uníos!

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