La España huérfana
Los resultados de las pasadas elecciones generales vuelven a evidenciar la tendencia hacia la moderación de los votantes españoles frente a los mensajes y propuestas extremas. Las opciones generalistas de Vox y Sumar (símil de Podemos), situados sobre el papel en las antípodas ideológicas, han perdido escaños, posiblemente porque el electorado ha interpretado como peligrosas o no convenientes sus políticas y programas, retirándole parte de la confianza antes dada.
Por otra parte, las opciones no generalistas, independentistas, regionalistas o nacionalistas, siguen manteniendo casi intactos sus escaños y con su presencia minoritaria (con 28 escaños, el 8% del total) y son la llave de la conformación del gobierno, de los pactos, del establecimiento de mayorías,… El PP, al no alcanzar la mayoría junto a los votos de Vox, se ha quedado compuesto y sin novia ante el cordón sanitario que el resto de formaciones hacen a Vox y la imposibilidad de agregar más socios para llegar a los 175 escaños.
Parece que JUNTS es la clave en la situación actual, el camino hacia la gobernabilidad se presenta intrincado y la investidura del nuevo presidente es incierta, la dinámica y tensión podrá fluctuar puntualmente durante la venidera legislatura, el tetris y el funambulismo parlamentario estará a la orden del día.
Las últimas mayorías absolutas de este siglo hay que buscarlas en 2011 y en el 2000, obtenidas por el PP, es evidente que no es lo habitual el gobierno unitario dentro del reciente parlamentarismo español. La preponderancia de PP y PSOE como principales partidos también se ha reforzado, y por tanto el bipartidismo, volviendo a sobrepasar entre ambos el 60% de los votos, cosa que no ocurría desde 2011; a lo que hay que añadir que las candidaturas con escaños en 2023 son 11, la menor de la serie histórica desde las primeras elecciones en 1977 —en 2025 fue la mayor con 25—, o sea, este es el parlamento menos diverso.
A estos datos hay que añadir la dinámica de bloques que se está asentando en la política española. El bloque de derechas (PP y Vox) y el bloque de izquierdas (PSOE y Sumar). El tercer bloque independentista-nacionalista-regionalista subdividido en dos grupos con tendencias ideológicas dispares pero idénticas en cuanto a sus fuerzas (14-14); los izquierdistas proclives a apoyar, participar y colaborar activamente con el bloque generalista de izquierdas (por así llamarlo) y los derechistas que han manifestado su rechazo al PP por su aproximación y acuerdos con Vox. Un curioso revoltijo pero bien definido.
Como puede observarse desapareció de la ecuación, Ciudadanos y anteriormente UPyD, partidos regeneracionistas que surgieron como exploración de un tercera vía y opción política, que pudieron ser herederos de la extinta UCD y otros partidos situados en el centro político español. La suma de errores estratégicos, los individualismos, la falta de altura de miras y de pérdida de la verdadera identidad y misión que debían cumplir, los hizo sucumbir a ambos, no dando tiempo a su consolidación y madurez oportuna.
Aunque resulte un tanto típico y tópico traer los célebres versos de don Antonio Machado, «ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón», creo que después hemos comprobado que no solo una sino las dos Españas pueden llegar a helarlo.
Gran parte de los españolitos de a pie, los ciudadanos anónimos y héroes diarios de su devenir, creo que esperamos de nuestros políticos sensatez, honradez, buena gestión, la búsqueda del bien común,… en definitiva, todo aquello que puede encontrarse entre las virtudes del buen gobernante. Pero vista que la realidad española es la que es, y no se puede pedir peras al olmo, nos conformamos con rebajar el perfil y aspiramos a que con sus decisiones no nos compliquen la vida, en resumidas cuentas, y sobre todo, a que no nos metan en más problemas.
Dada la incapacidad, ya dudo que sea involuntaria, de que PSOE y PP consigan ponerse de acuerdo en temas importantes, los problemas crecen. No contentos con su miopía política están creando y reavivando una política de bloques totalmente innecesaria, un artificio político que en nada beneficia. Mientras tanto los sectores independentistas-nacionalistas-regionalistas atizan ese rescoldo y gestionan sus intereses que no son generales sino particulares.
La realidad política y social de la España que se ha ido creando desde la nueva etapa democrática y que ha alcanzado cotas bastante aceptables, está en peligro, o al menos así lo percibo. No podemos apelar a los que no creen en el proyecto común de convivencia que es España, sí debemos exigir a los que dicen compartir unos valores comunes que se esfuercen en buscar soluciones a los múltiples problemas presentes y que se divisan.
El centro reformista como opción política creo que es necesario y a su vez de difícil aparición. Un alternativa que tenga como valores clave el encuentro, la moderación, el diálogo, con un programa político sensato y asentado en los factores esenciales de nuestro constitucionalismo y garante del mismo, asumiendo la realidad política e histórica de España, sus peculiaridades, territorios e idiosincrasias.
Un partido bisagra en cuanto a vertebrador de la política española, estando al servicio de ese fin. Un partido heredero de tantos españoles que históricamente han querido una España plural, moderna, culta, educada, contemporánea a su tiempo. Un partido que modere con un discurso sensato e incluyente.
Mientras tanto, creo que somos muchos los españoles que nos sentimos huérfanos de representación política, la moderación es un trabajo sucio pero alguien ha de hacerlo. Probablemente continuemos así, vagando en la orfandad política, sin que nuestros pensamientos tengan voz ni sean escuchados ante tantos desmanes, particularismos y confrontaciones.
La esperanza es lo último que se pierde, aunque sepamos que el «Duelo a garrotazos» está fechado hace más de dos siglos.
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