Educación es la palabra

       La educación no entendida como un adorno, como una especie de bibelot, no como un libro silente colocado en una balda, sino como uno que está en el atril y siendo leído en voz alta, como una herramienta útil y de uso permanente.

No cabe duda que con este concepto amplio de educación, esta se convertiría en la principal arma de construcción masiva.

 

El saber —tan inabarcable como necesario— no ocupa lugar, no así la ignorancia, que es visible y localizable, sobre todo la ignorancia osada, la del soberbio y del vanidoso, a la que se le puede poner cara y cuerpo humano. La educación nos enseña que el conocimiento crece exponencialmente conforme nos acercamos a él, y que, inversamente, se aleja del ignorante consentido que obvia esa premisa.

La humanidad parte hacia el conocimiento yendo pausadamente de una ignorancia hacia otra, en el camino descubre algunas certezas, son los peldaños hacia el progreso y un conocimiento más científico. El ignorante consentido salta de una ignorancia a otra hasta caer en el vacío. Suele decirse que «cada día que amanece el número de tontos crece», esperemos que ese peculiar y peligroso tonto del ignorante consentido no se replique en exceso.

 

A nivel individual, la educación aplicada a nuestro comportamiento social, a nuestras relaciones interpersonales, a las normas de cortesía y urbanidad, al saber estar,… son esenciales para un mejor desenvolvimiento de la vida en común, para simpatizar y empatizar con nuestro entorno social y nuestro hábitat. Esa educación que nos humaniza, que nos aleja de la competitividad exacerbada, que nos convierte en seres egoístas e individualistas en detrimento de lo colectivo y compartido, es imprescindible para no convertir nuestro día a día en una jungla donde parece que hay que abrirse paso a mandobles, donde la ética y los escrúpulos no son tenidos en consideración. Creo que, por esta causa, nuestro entorno se ha vuelto crecientemente más inhóspito y deshumanizado.

 

También en la esfera pública se precisa de una educación más exquisita. Políticos, gobernantes, partidos, instituciones,… deben ser un dechado de virtudes en su labor, aunque más bien ocurre todo lo contrario. Es urgente rebajar la tensión, medir bien las palabras, dejar a un lado el tono soez,… el discurso y los argumentos deben primar, no es necesario el artificio y el espectáculo para llamar la atención permanentemente.

En su relación con los ciudadanos, los representantes públicos deben mantener siempre abierto el cauce de comunicación que es primordial en toda buena relación representantes-representados. El acuse de recibo, la respuesta a la solicitud, la devolución de la llamada, la contestación al mensaje, la debida diligencia,… son simples actos que deben ser correspondidos, de no ser así, evidencian una falta de sintonía y sensibilidad muy esclarecedoras y de las que se deducen conclusiones muy negativas. Está en juego la falta de confianza y de representatividad de las personas e instituciones públicas —ya de por sí muy deterioradas—, el sistema democrático y sus representantes precisan de una reeducación que los alejen de un soterrado despotismo democrático.

 

Se atribuye a Cicerón en las Filípicas la frase: «errar es propio de cualquier hombre,…» (cuiusvis hominis est errare…). Una de las habilidades que la experiencia y los años aportan es el distinguir de personas. Por estos lares solemos decir que «tenemos calado» a fulanito para indicar que conocemos las artes e intenciones de determinada persona, que «lo vemos venir de lejos», en otras palabras. Claro está que la maestría de determinados fulanitos hace en ocasiones que cuele el engaño y que volvamos a tropezar nuevamente con la misma piedra, a veces también ocurre que nos dejamos engañar.

Desconozco si ChatGPT o cualquier otra herramienta de la IA (Inteligencia Artificial) será capaz de dotarnos de un detector de tan importante sensibilidad que logre calar hasta alguno que yo me sé, pero sí tengo claro que una de las nuevas herramientas que debemos implementar a corto plazo a nuestras capacidades es la nueva utilidad para captar a los impostores.

El algoritmo a desarrollar debe tener en cuenta múltiples parámetros, bajo la buena capa que todo lo tapa y con múltiples caretas debemos intentar la apreciación en el distinguir de personas. Las apariencias son unas de los primeros disfraces, las etiquetas también sirven para embozar al impostor, la dulce música de las palabras biensonantes que regalan el oído, la falsa solidaridad para empatizar,… un extenso catálogo con el objetivo último de disimular el verdadero fondo y los espurios objetivos.

 

La anterior frase de Cicerón continuaba: «…, pero sólo del ignorante perseverar en el error.» (nullius nisi insipientis, perseverare in errore). El error y la mentira no se van a erradicar de la realidad humana, sí podemos minimizar su efecto mediante esa educación que permita a la verdad seguir ganando terreno como autentico elemento edificante de la humanidad.

Reivindico ese amplio sentido de la palabra educación al que aludía al inicio, es el que debe servirnos para entender el pasado, para construir nuestro presente y para imaginar nuestro futuro.Los niños dnar una biblioteca se ha convertido en un problema, y no solo espacial, el libro es ahora un objeto obsoleto e inservible para muchas personas que ni siquiera lo mantienen a título decorativo. El saber no ocupa lugar, literalmente, tampoco en las mentes.

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