Cristianismo y cristianismos

 

La historia del cristianismo quizás sea la historia más grande jamás contada, trayendo a colación el título del célebre largometraje de 1965 de George Stevens.

         Recientemente he tenido la oportunidad de participar en la organización y moderación de una charla-coloquio organizada por el Nuevo Ateneo de Chipiona con Antonio Piñero, doctor en Filología Clásica, licenciado en Filosofía Pura y Filología Bíblica Trilingüe y especialista en materia de cristianismo primitivo, que resultó interesantísima y que encandiló a todos los asistentes.

       El nacimiento y expansión del cristianismo es un tema que me apasiona. Me sigue asombrando como desde sus orígenes más recónditos, pasando por sus diversas etapas y acontecimientos y hasta nuestros días, el cristianismo sigue vigente. Argumentaba Antonio Piñero que tras la muerte de Jesús, un grupo «de unos ciento veinte» de sus seguidores («hermanos») continuaron con la difusión de su mensaje (tal como se indica en Hechos de los apóstoles, 1,14-15), partiendo de esa cifra y ese momento, ¿quién hubiera imaginado la dimensión que cobró el cristianismo y que todavía perdura?

 

 

Según Piñero, el motivo principal que soporta la buena acogida del cristianismo allá donde se propagaba, se basa en la asequibilidad para la conversión o asunción del mensaje de Jesús y su oferta de salvación ecuménica, tanto para los paganos, gentiles e incluso cierta parte de los judíos. Este razonamiento lógico, si se quiere histórico, se contrapone al que la doctrina cristiana fijó posteriormente, y que determinaba la influencia del Espíritu Santo para la conversión y la expansión del mensaje de Jesús.

         Sea como sea, creo que lo más relevante y fundamental es que la fuerza del mensaje de Jesús y su ejemplo conseguía calar en las almas y mentes de aquellos que la escuchaban por primera vez; circunstancia que sigue igual de viva y vigorosa en la actualidad. Aproximarse a Jesús, ya sea desde la visión cristiana de la Iglesia (cristología) como desde el punto de vista exhaustivamente del cientifismo histórico, impacta, por más que ambos enfoques difieran y lleguen a conclusiones bastante divergentes en ocasiones.

 

         En los primeros cuatro siglos de nuestra era se sientan las bases de la cristología inicial, serían los hombres, los apóstoles y los seguidores del mensaje de Jesús los que conformaron las primeras exégesis de la vida de Jesús y también la de Cristo; paulatinamente se iba desarrollando la interpretación y explicación íntegra de la figura de Jesucristo.

         En Los cristianismos derrotados, Antonio Piñero hace un recorrido por los pensamientos de los primeros cristianos, entre ellos los que ya se iban considerando como heréticos y heterodoxos. Pronto, indica el autor, hacia el año 120, cuando se compone la Segunda Epístola de San Pedro comienzan a apuntarse ciertos visos de control y de fijación de doctrina, la segunda parte se titula «Avisos contra los herejes libertinos», muy esclarecedor. Grupos y movimientos van surgiendo, heterodoxos, herejes y más tarde reformistas, la historia del cristianismo está plagada de casos.

         Sería más apropiado hablar de cristianismos en vez de cristianismo, los cristianismos sucesivos van conformando el cristianismo. Tal vez una de las razones de su longevidad sea debida a su ductilidad, el dogma ha sido cuestionado y revisado frecuentemente, la ortodoxia cristiana siempre ha vendido cara su derrota pero han permeado ciertas influencias heterodoxas.

         Cada cisma, cada disputa, cada herejía, cada hereje, cada reformador,… ha aportado elementos que han enriquecido de un modo u otro al cristianismo. Cuando la Iglesia se ha aproximado al dogmatismo más hermético en detrimento de su original y verdadera esencia, se ha producido un movimiento en sentido opuesto tendente a restaurar el mensaje de Jesús.

 

         Porque precisamente el mensaje de Jesús es el que resulta incontestable e invariable, hay algo que trasciende al Jesús histórico, a la exégesis de Cristo, a los dogmas interpretados por humanos. Un mensaje que fue capaz de superar el Antiguo Testamento y las doctrinas judaicas, que tuvo la suficiente fuerza para convencer a unos cuantos apóstoles y demostrar que su proselitismo no era sectario sino ecuménico. Un ejemplo de vida que todavía no podemos entender plenamente y que trascendía de lo humano para mostrar lo divino, que mostraba lo divino que hay en lo humano, que nos ofrece el reto de comportarnos con honestidad humana para alcanzar la salvación en lo divino.

 

         Personalmente opino que la actitud crítica que aportan los historiadores o especialistas del cristianismo desde fuera de la teología, como Antonio Piñero, no está reñida con el sentimiento espiritual, que no dogmático, del cristianismo y de los cristianos. El conocimiento histórico abarca todo aquello que es constatable, los hechos; el conocimiento, sentimiento o fe espiritual, trasciende lo material y palpable. Soy de la opinión de que fe y razón no son excluyentes, los que entienden que sí lo son creo se asientan sobre las bases dogmáticas de alguna de ellas. Veo en la figura de Jesucristo ese punto de corte donde fe y razón confluyen y pueden continuar armónicamente. 

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