Contar el deporte

     «Un uomo solo è al comando, la sua maglia è biancoceleste, il suo nome è Fausto Coppi» (Un hombre solo al mando, su maillot es blanco y celeste. Su nombre, Fausto Coppi), la historia del ciclismo y del periodismo deportivo tienen en esta frase, radiada por locutor Mario Ferretti, uno de sus hitos. Con esa genial locución supo dar palabras a la épica de una de las hazañas del ciclismo más prodigiosa, al ganar la 17ª etapa Cuneo-Pinerolo del 32º Giro de Italia de 254 kilómetro y con un desnivel de  unos 5.000 metros en una escapada de 192 kilómetros en solitario y subiendo cinco puertos de montaña (Maddalena, Vars, Izoard, Monginevro y Sestrieres).

 

       Dejando a un lado la inherente épica que cualquier episodio deportivo similar a este pueda deparar, el relato que se haga de él es igualmente importante, la magnitud de la gesta se acrecienta si la narración va en consonancia. La locución radiofónica o el texto escrito tienen mayor margen de acción que la filmación televisiva (imagen), ya que la imaginación y la necesidad de completar el contenido informativo que se desea comunicar viene menos dado en aquellos que en este. Por otra parte, la calidad del autor de la crónica o retransmisión es esencial, el manejo de una buena paleta de colores —en este caso palabras enriquece el dibujo que vemos o el relato que leemos o escuchamos.

       Buenos y malos ejemplos de lo anterior tenemos por doquier. También ocurre que hay ciertas disciplinas deportivas en las que la nota media baja bastante. En mi criterio, las retransmisiones futbolísticas son las de peor calidad, algunos locutores y comentaristas no contribuyen al enriquecimiento de lo que se está narrando, bastante peores son los programas post-partido, de crónica y análisis de la actualidad deportiva. El criterio de profesionalidad periodística cae por los suelos, lo cual resulta grave teniendo en cuenta que la baja calidad repercute al medio de comunicación y al espectador, oyente o lector.

       Me causan sorpresa las barbaridades lingüísticas que se producen durante las retransmisiones y programas deportivos. Cuando es un profesional del medio el que las comete es directamente reprochable, más aún si es un periodista titulado; pero también debería mantenerse cierto filtro sobre los comentaristas y especialistas ya que, en definitiva, se dirigen a una audiencia pública. Además de lo indicado anteriormente, debemos reparar que en los casos de programas de actualidad o análisis de noticias deportivas se tratan también asuntos extradeportivos o paradeportivos que se abordan de un modo totalmente contrapuesto a la filosofía del deporte en sí y que desembocan en una esperpéntico teatrillo metadeportivo.

       Al respecto del contenido extradeportivo, paradeportivo o metadeportivo, creo que el caso del fútbol se está convirtiendo para una buena parte de los futboleros más avezados en algo un tanto repulsivo. Ese mundo en el que todo gira alrededor del fútbol, que se ha convertido en el acaparador de la vida de muchos redundantes fans fanatizados, me produce cierta repelencia, tal vez porque se aleja de la máxima vital de «nada en exceso».

       Cuando una retransmisión o programa deportivo se hace con pleno conocimiento de causa, con unos participantes duchos en la materia, con un buen discurso de los acontecimientos,… el contenido se enriquece y se muestra ameno, divulgativo y educativo.

       Todos los aficionados al deporte hemos disfrutado y experimentado lo anteriormente expuesto, los grandes locutores y comentaristas de futbol, baloncesto, ciclismo, tenis, atletismo, motociclismo, automovilismo,… nos han transmitido la pasión siendo grandes divulgadores de las respectivas disciplinas deportivas que tocaban.

       La épica de los deportistas, los héroes modernos, y de la promoción de algunos deportes incipientes o minoritarios, se ha visto siempre bien reflejada por esos grandes divulgadores que con su savoir faire han contribuido a su enaltecimiento. En ocasiones se ha producido el simbiótico tándem periodista-deportista o deporte que han llevado una evolución paralela gozando de una gran popularidad y llevando a cotas muy altas las disciplinas aparejadas.

       Contar bien el deporte es necesario para transmitir los valores fundamentales y los aprendizajes transversales que toda disciplina deportiva conlleva. Para las nuevas generaciones, las retransmisiones deportivas, que después se multiplican por redes sociales y mensajerías instantáneas, son las principales fuentes de conocimiento y aprendizaje y por tanto deben ser de la máxima calidad posible. La educación deportiva y la enseñanza de la práctica deportiva están muy influenciadas en nuestros días por como se nos cuenta y muestra, pero tampoco debemos obviar que son manifestaciones de nuestra realidad y por tanto son también reflejo de la misma.

       El espíritu de superación consustancial al deporte también precisa de ser relatado convenientemente, caer en el prosaísmo al contar el deporte en nada ayudará a apreciarlo en su justa medida, al igual que subordinando la capacidad divulgativa y educativa en favor de aspecto extradeportivos.

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