Chernobyl, la serie
Estar a la última en cuanto a series televisivas es una misión imposible, máxime cuando la oferta existente en las múltiples plataformas es inagotable.
En materia de películas y series, suelo dejarme recomendar por amigos doctos en la materia, es un filtro que aplico y que resulta ser muy eficiente, ya que coincidimos en gustos y temáticas, de ese modo, evito perder mucho tiempo adentrándome en la trama hasta decidir si continuar o no, ya que no soy muy paciente en estas cuestiones. Soy crítico y, por ende, muy exigente, para que una película o serie alcance mi notable alto tiene que ser muy redonda, lo cual no quiere decir que esté en lo cierto o que coincida con la apreciación de otras personas; pero suele existir un consenso sobre lo que se consideran “obras maestras”.
Hasta hace unos días no he visto la miniserie Chernobyl —la coproducción de HBO y Sky es de 2019—, me la habían recomendado hace tiempo y también leí varias críticas muy halagadoras, la tenía en mi cola de tareas pendientes. Ni que decir tiene que el argumento de la serie trata el conocido desastre acontecido en 1986 en el reactor 4 de la planta nuclear de Chernóbil en Ucrania, cuando esta era una de las repúblicas de la Unión Soviética. El guionista, Craig Mazin, utiliza como una de sus fuentes principales el libro Voces de Chernóbil (1997) que a modo de documental escribió la Premio Nobel de Literatura en 2015, la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, donde recogía testimonios de los habitantes de Pripiat, ciudad incluida en la zona de exclusión de Chernóbil y muy cercana a Bielorrusia.
Uno de las principales objeciones que se hacen a las series es la inapropiada cantidad de episodios y, en ocasiones, temporadas. Estirar como un chicle el argumento principal de una serie sin que pierda intensidad y sentido es bastante difícil de conseguir, puede que en eso consista el éxito de crítica y público de una serie. En este caso se trata de una miniserie, una sola temporada y cinco capítulos, que se han ceñido a los acontecimientos históricos alejados de la tentación de la creación de subtramas, argumentos superfluos,… El rigor histórico, de los hechos acontecidos parece que es bastante estricto, según he podido constatar en varias críticas, no existe una gran disparidad, solo algunos efectos y escenas que no se ajustan a la realidad, pero que son utilizados como recurso o licencia artística sin menoscabo de su credibilidad.
Lo primero que me impresionó fue la música, la banda sonora de la islandesa Hildur Gudnadóttir cumple la misión de crearnos el ambiente en todo momento haciendo una inmersión en el contexto de la trama y atrapándonos.
El primer episodio se titula «1:23:45», es la hora en la que explotó el reactor el sábado 26 de abril de 1986. Se nos presenta a su protagonista, el científico Valeri Legásov, formidablemente interpretado por Jared Harris, nombrado asistente técnico para gestionar la emergencia y, posteriormente, jefe del comité de investigación del accidente de Chernóbil, grabando unas cintas momentos antes de suicidarse. El resto del episodio ocupa lo ocurrido hasta siete horas de la explosión, de un modo dinámico y completo nos hacemos cargo de lo acontecido y de las dimensiones que podría tomar.
En el segundo episodio («Por favor, mantengan la calma»), Uliana Khomyuk (Emily Watson) que es un personaje ficticio que simboliza a la comunidad científica, intenta comunicar la importancia de lo ocurrido según mediciones, Legásov informa a Mijaíl Gorbachov y se narra lo acontecido para evitar una segunda explosión. En el tercer episodio, «Tierra, ábrete», se recoge principalmente la lucha contra la posible fusión del núcleo y los planes de descontaminación; en el cuarto, «La felicidad de la humanidad», se inicia el plan de evacuación y las operaciones de descontaminación, también la intromisión política para ocultar la verdad de las causas de la explosión.
El quinto episodio es memorable, una obra maestra, se titula «Vichnaya Pámyat» (Memoria Eterna), que es una oración utilizada en el final de los funerales por el rito bizantino. Legásov, Khomyuk y Boris Shcherbina (Stellan Slarsgard) vicepresidente del Consejo de Ministros y supervisor político de la gestión del accidente, tras el testimonio falso ante la comunidad internacional en Viena por parte de Legásov, que había sido presionado políticamente, se alían para contar la verdad en el juicio del Comité de Investigación, tras el cual Legásov es arrestado que concluirá con su suicidio.
El alegato final de Legásov ante la comisión como conclusiones de lo ocurrido es antológico: «[…] Ya he estado en terreno peligroso, todos lo estamos ahora, por nuestros secretos y mentiras, y eso es lo que nos define. Cuando la verdad ofende nosotros mentimos y mentimos hasta que olvidamos que la verdad sigue ahí, y aun así, sigue ahí, cada mentira que decimos supone una deuda a la verdad, tarde o temprano esa deuda se paga, así es como explota el núcleo de un reactor RBMK, con mentiras».
En 2021 se estrenó la película Chernóbil, puede decirse que es la réplica rusa a la coproducción angloamericana.
Hay películas y series que deberían ser un documento pedagógico para los alumnos de secundaria o bachillerato. Chernobyl podría ser uno de ellos, no solo por dar a conocer lo que un desastre nuclear produce, también para mostrar como la corrupción del poder, sea cual sea su ideología y dimensión, intenta manipular la verdad incluso en contra de los ciudadanos a los que dice proteger y como el ejercicio de la libertad por el ciudadano es indispensable para mantener la dignidad de la verdad.
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