Pedagogía, divulgación y compromiso.

 

Esas tres palabras del título son enormemente necesarias en todo momento, más aún en las circunstancias convulsas que actualmente vivimos —si acaso la realidad alguna vez no ha sido convulsa—. El efecto sinérgico que puede implementar el trinomio aludido es considerable, aunque se requiere de cierta maestría para que se sumen debidamente.

La figura del intelectual comprometido, que tanto predicamento tuvo en el pasado siglo, sigue siendo necesaria en nuestro siglo actual, tal vez revestida ahora de otros ropajes y aditamentos. Tener referentes es esencial para poder asirnos a ellos en momentos de incertidumbre y tribulación. Existen referentes imperecederos que han permanecido a flote en las diferentes culturas, los que consideramos como clásicos, pero cada época erige sus nuevos faros que vienen a remozar a los precedentes referentes añadiéndoles sucesivamente capas modernas.

 

Hay que poner cara a los referentes, o sea, los referentes son, por lo general, personas; decimos que tal o cual persona es un referente. Una cuestión primordial, a mi entender, es que dicha persona (referente) goce y haga gala de su independencia, que mayormente sea un librepensador —aunque esté adscrito a ciertas tendencias— y también que exprese críticamente su inherente pensamiento. Otro aspecto que estimo fundamental es la firme adscripción a la búsqueda de la verdad, sin esta no se puede atribuir, a mi entender, que estemos ante un verdadero referente.

Hace escasos días tuvimos la oportunidad de organizar en el Nuevo Ateneo de Chipiona la II Oda marítima en recuerdo al insigne poeta y escritor José Manuel Caballero Bonald, bajo la denominación de «El hábitat de Argónida», paralelamente se hacía un alegato genérico al medioambiente y en lo concreto al paisaje mítico de Argónida (Doñana, la desembocadura del Guadalquivir y el Atlántico). Cuando diseñamos la actividad buscamos a un referente a tal efecto, coincidimos en la figura de Ezequiel Martínez, periodista, escritor y divulgador.

En Andalucía, Ezequiel es conocido mayoritariamente por su labor al frente del programa Tierra y mar de Canal Sur TV. El enfoque y el trabajo que Ezequiel llevó a buen fin durante su etapa en dicho programa inciden en lo expresado en el título de este artículo, la pedagogía, la divulgación y el compromiso estaban presentes en todo momento. Con su sello personal nos acercaba a la realidad de la tierra y el mar de Andalucía, de un modo poético nos exponía la belleza de nuestro entorno y, también, críticamente nos advertía de los problemas que le amenazaban y denunciaba lo denunciable cuando era preciso. El éxito de su popularidad y del cariño que se granjeó viene precisamente de saber conjugar una buena pedagogía con una excelente divulgación, lo cual redondeó con su fuerte compromiso.

En su libro recopilatorio sobre Tierra y mar (Editorial El Páramo, 2013) «nos narra la historia de este espacio televisivo, sus personajes, las anécdotas, curiosidades, los viajes, entrevistas y un largo etcétera de avatares […]». Prologna el libro Federico Mayor Zaragoza y Miguel Delibes, este último expresa buena parte de lo anteriormente versado: «Ezequiel pregunta y pregunta bien, tratando de no dejar rincones oscuros tras su paso. Ilustra muchas de sus historias con poemas, o letras de canciones, que revelan la variedad y amplitud de su cultura. Y enseña, sobre todo enseña».

Tras su etapa en Tierra y Mar y en su actual estado de jubilado hiperocupado —ateneísta, escritor, colabora en radio y en podcast,…—, Ezequiel sigue demostrando su compromiso ya que continúa con la misma actitud, en la actividad que recientemente celebramos lo pudimos constatar. Además de recitarnos algunos de sus poemas nos trajo a colación varios alegatos: contra la barbarie que está cometiendo Israel, a favor de la preservación de nuestro medioambiente y biodiversidad, por la defensa de la sanidad y educación públicas, las incongruentes decisiones de la nueva presidenta de México respecto a la no invitación al Jefe del Estado española a su toma de posesión,…

Su faceta de auténtico poeta le hace mantener el compromiso social, hay que seguir en la lucha para mantener a flote la verdad, revindicar los valores que nos hacen humanos frente a los desmanes del poder y su injusticia. Asumir el papel de semihéroe es un deber irrenunciable, obrar según dicta la conciencia sin temer a las repercusiones negativas. En su último poemario, Poética, recoge gran parte de este sentir, la capacidad de resiliencia ante los avatares de la vida.

Hay que redoblar los esfuerzos, más pedagogía, más divulgación, más compromiso; siempre desde el ejemplo de la acción, no hay que dejarse vencer por el desasosiego ni la desesperanza. Se necesitan referentes como el de Ezequiel, hay que tomar el relevo para mantener ese haz de luz que emiten los faros, los referentes de tierra firme sobre la procelosa mar, para así evitar los naufragios; la llama de la dignidad siempre debe permanecer encendida.

Terminemos con la poesía de otro referente, José Manuel Caballero Bonald, hablándonos del tiempo y su justicia:

La araucaria que crece

en el jardín, aloja

entre sus lentas gradas basculantes

un tropel bullicioso de pájaros

oriundos de Argónida.

 

Huéspedes obstinados, comparecen

cada mañana bajo el cielo

incoloro y dejan en las vecindades

resplandecientes de la playa

el sonido del tiempo y su justicia.

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