Españolitos de a pie

La inmensa tragedia que se está viviendo en los pueblos de Valencia afectados por la reciente DANA nos deja estupefactos. La perplejidad es la primera reacción que nos sobreviene ante lo fortuito y aleatorio de este tipo de acontecimientos, el infortunio no deja ningún resquicio a la asimilación comprensible de lo ocurrido, la naturaleza  impone implacablemente su contingente ley, en la que los parámetros de lo humano no tienen cabida.

Nuestra concepción antropocéntrica de la existencia es fulminada de raíz cuando ocurren estos desastres naturales que se cobran vidas humanas de un modo tan repentino e inesperado. Como es lógico en estos casos, las actuaciones inmediatas y de emergencia persiguen salvar todas las vidas humanas posibles que sigan encontrándose en situación de peligro, posteriormente hallar a los desaparecidos y restituir, paulatinamente, el habitual funcionamiento de la vida cotidiana; claro está que esta es una labor muy prolongada en el tiempo. Durante este proceso, la zozobra se hace patente muy rápidamente, el estado de shock individual y colectivo nos invade, nos encontramos indefensos, tensos por la situación de precariedad dada, desconsolados, descolocados,… haciendo frente a una situación que nunca hubiéramos pronosticado.

Como es consustancial a nuestra condición humana, la mente es propensa a racionalizar, intenta encontrar motivos a lo acontecido, incluso en los casos en los que la inmanencia de lo vital apenas deja resquicios a lo racional. Los desastres naturales tienen un evidente componente fortuito, aunque se puedan pronosticar con bastante acierto el poder de destrucción es incontrolable, no obstante, la predicción hace que la previsión disminuya considerablemente los efectos adversos. Indudablemente que hay parámetros que contribuyen a que el daño de cualquier desastre natural se vea agravado, algunos de esos parámetros son artificiales y han sido creados por el hombre para adecuar el medio y el ecosistema a las necesidades humanas y contra natura, de ese modo, el hombre también tiene su parte alícuota en el daño que posteriormente pueda producirse.

En la búsqueda de los motivos, que es plausible y sin la cual el progreso humano y de la técnica no es posible, podemos encontrar las respuestas a algunas preguntas. Tras las causas siempre existen responsables con diferentes tipos de participación, cuando esa responsabilidad desemboca en efectos negativos estaríamos hablando entonces de culpables. Normalmente, son varios los responsables y culpables, de diversa índole, y no siempre es fácil determinar sus grados de implicación.

La tragedia acontecida en Valencia puede haberse agravado por un cúmulo de circunstancias, por ello, la magnitud de las muertes y desaparecidos es muy elevada. Claro está que ahora toca salir de la situación calamitosa que durante meses va a sumir a los pueblos perjudicados en una situación catastrófica. Resuenan en mi cabeza las palabras de Antonio Machado, «En España lo mejor es el pueblo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la vende; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva». Tal vez el término señorito no sea el más adecuado en la actualidad, pero seguro que podemos intuir la palabra sustituta.

Emocionan ver las hileras de voluntarios que a pie recorren kilómetros para ayudar a los pueblos vecinos, los voluntarios que desde diferentes puntos de España y hasta del extranjero acuden para colaborar en tareas muy diversas, los camiones repletos de alimentos y suministros llegados desde toda la geografía española,…

Es evidente que ha existido y existe descoordinación, falta de respuesta rápida, errores en las previsiones,… que, dentro de lo inevitable de todo desastre natural, lo que estaba en la mano hacer por las instituciones y entidades competentes se ha realizado muy deficientemente. Son muchos los testimonios y las informaciones que confirman la gestión desastrosa que desde un inicio se ha realizado y lo que es todavía más grave, la falta de diligencia en los días siguientes a lo ocurrido, dejando a gran parte de la población perjudicada en una situación de desamparo.

Pensando con cierta buena intención, no deja de ser muy grave que no se haya hecho una evaluación correcta de la magnitud de lo ocurrido y que de resultas de ello no se haya actuado en consecuencia. Siendo un poco más malvado, cabría pensar que la mala actuación es consecuencia de la guerra sin cuartel partitocrática, que está asentada actualmente en el escenario político y que el nivel de irresponsabilidad e inutilidad de muchos políticos y altos cargos —con una falta total de empatía— es supina.

Si las instituciones que deben velar por el bien público están a otra cosa, el grado de irritación de la población perjudicada es totalmente comprensible y justificado. No es momento de aprovechar esta tragedia para abrir otros debates, pero creo que la situación de desafectación e indefensión que vive la gran parte de los españoles de a pie, provocada por el enorme daño que la partitocracia está causando al estado democrático, está llegando a niveles intolerablemente peligrosos.

Pero no olvidemos lo más importante ahora mismo. Existen 210 fallecidos al momento de este escrito, 69 municipios afectados, 1 millón de personas perjudicadas (según algunas fuentes), una superficie dañada de 56.000 hectáreas, 77.000 viviendas afectadas, 15.000 hogares perjudicados,…

Hay un dato muy sorprendente del que no existen cifras oficiales, al día de hoy no tenemos ni siquiera la estimación de la cifra de desaparecidos. No cabe duda que nos están ocultando las cifras que manejan, no necesitamos esa cifra por una curiosidad macabra, se precisan para conocer más exactamente la dimensión de lo ocurrido, tenemos la suficiente madurez para asumir la realidad; a no ser que lo que se pretenda sea tapar la culpabilidad de muchos responsables y culpables que, por acción u omisión, hayan agravado las consecuencias de lo ocurrido.

Recobrar la normalidad en las poblaciones afectadas llevará muchos meses, eso en lo material; en lo humano ya existen muchas fallecidos y desaparecidos, además de que psicológica y anímicamente muchas personas quedarán muy perjudicadas. No tengo duda de que saldrán de esta, tienen el apoyo de los españolitos de a pie, porque «En España lo mejor es el pueblo».

 

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