La perspectiva ateneista

Una de las quejas más frecuentes que suelo oír es la escasez de tiempo de que se dispone, acto seguido se argumentan las razones típicas y tópicas que siempre van asociadas a las múltiples tareas a las que diariamente tenemos que atender.

Es evidente que el ritmo de vida actual y su complejidad nos obliga a atender múltiples necesidades y en diferentes asuntos. No deja de ser paradójico que la multitud de avances derivados del desarrollo en diversas materias y aparejados a la técnica y la tecnología, no nos haya liberado tiempo para otros menesteres. El negocio (nec otium) está ganando por goleada al ocio. Mantenernos ocupados permanentemente es, quizás, una maniobra de distracción, una forma moderna de esclavitud o alienación.

 

Creo que, individualmente, deberíamos darle una pensada a esta circunstancia. Siendo lo suficiente honestos con nosotros mismos seguro que descubrimos que siempre hay una buena excusa, un tanto involuntaria y rutinaria, en el motivo que nos llevan a argumentar, como causa principal, la falta de tiempo; la criba seguro que nos sorprende. Por una parte, la gestión del tiempo se relaciona, en gran medida, con una cuestión de prioridades, tras atender a los asuntos más lógicamente apremiantes, inexcusables y necesarios, la lista de prioridades puede ser ordenada según nuestra elección. De otra parte, se requiere cierta beligerancia mental para luchar con nuestra tendencia a refugiarnos en el mullido sofá de nuestra engañosa y transitoria zona de confort, que en realidad es de pereza, en este caso.

Como representante del Nuevo Ateneo de Chipiona he tenido oportunidad de participar el pasado sábado en el XIV Encuentro de la Federación de Ateneos de Andalucía celebrado en Granada, cruzando conversaciones con otros miembros y organizadores de otros Ateneos y surgió colateralmente el tema que antes apuntaba, además de otros. Tras compartir nuestras experiencias llegamos a un diagnóstico compartido en el que la creciente falta de participación e implicación de buena parte de la población es un hecho preocupante.

Especialmente alarmante es que esa falta de participación e implicación sea casi generalizada en la población más joven. « ¿Qué estamos haciendo mal para que eso ocurra?». Entonar el mea culpa es necesario, analizar los motivos como responsables del legado que debemos entregar a las generaciones más jóvenes es una actitud honesta y correcta. El enfoque práctico de las actividades, programas,… es imprescindible, debemos atraer a los más jóvenes con un enfoque utilitario, es imprescindible que encuentren un beneficio inmediato y sustancioso en la propuesta que se les hace. Hay que seducir, ser atractivos, acercarse al lenguaje y perspectiva que tienen, ser próximos; cuando esto se ha logrado se ha conseguido actuar con éxito y los resultados y la repercusión han sido notables. El pesimismo y el derrotismo no contribuyen en nada al objetivo que perseguimos, tenemos que esforzarnos en hacer un enfoque desde sus perspectivas para integrarlos.

He constatado que desde los ateneos se asume la tarea de mantener vivo el espíritu vital de la cultura y la libertad. El compromiso para que la sociedad mantenga un espíritu crítico y activo ante la realidad es un objetivo primordial, los ateneos son —o deben ser a mi entender— agentes de cambio y movilización, de concienciación. No es una tarea fácil, pero los ateneos están llamados a realizarla como algo intrínseco desde su gestación.

Ante las amenazas actuales de disgregación, de enfrentamiento, de intolerancia,… creo que los ateneos deben redoblar sus esfuerzos para ofrecer puntos de encuentro, diálogo, debate,… ir justamente en la dirección contraria a dónde parece que nos quieren llevar. Sentar en la mesa a los que discrepan, compartir argumentos, hacer pensar, acercar a las personas, ser didácticos,… son aspectos muy necesarios en la actualidad. No se debe dar la batalla por perdida, hay que luchar rompiendo las múltiples barreras que están levantándose artificialmente contra la cultura, la libertad y la humanidad.

Hay que ser constantes en el esfuerzo, no es fácil lidiar en un entorno que no siempre es amable, se deben sortear muchos obstáculos con el imbatible impulso de la generosidad y la altura de miras. Las pequeñeces, las ignorancias, los egoísmos, las mezquindades,… hay que ir sorteándolas siempre poniendo nuestra mirada en el objetivo y en la misión que los ateneos deben llevar a cabo y a la que no deben renunciar.

Quizás las pretensiones de los ateneos sean muy elevadas, pero no deja de ser otra de sus finalidades elevar la mirada, no agacharla. Tener esperanza y trabajar por ella para la consecución de una sociedad mejor desde una perspectiva civil y ciudadana. Al menos, siempre quedará el consuelo de haberlo intentado.

 

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