Cuenta de protección a la Unión Europea

       J. D. Vance, vicepresidente de EE.UU. compareció el pasado Día de San Valentín, 14 de febrero, en la 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC, siglas en inglés); venía con un ramo de rosas en la que sus punzantes espinas fueron más protagonistas que la belleza de sus flores.  

      El primer pinchazo en la epidermis de la Unión Europea vino al iniciar su discurso: «la administración Trump está muy preocupada por la seguridad europea y cree que podemos llegar a un acuerdo razonable entre Rusia y Ucrania, y también creemos que es importante que en los próximos años Europa dé un paso adelante en gran medida para garantizar su propia defensa, la amenaza que más me preocupa con respecto a Europa no es Rusia, ni China, ni ningún otro actor externo. Lo que me preocupa es la amenaza que viene de dentro. El retroceso de Europa respecto de algunos de sus valores más fundamentales: valores compartidos con los Estados Unidos de América».

    Posteriormente arremetió contra el gobierno alemán al decir que «los organizadores de esta misma conferencia han prohibido a los legisladores que representan a partidos populistas tanto de izquierda como de derecha participar en estas conversaciones. Ahora bien, una vez más, no tenemos por qué estar de acuerdo con todo o con nada de lo que dice la gente, pero cuando la gente, o los líderes políticos representan a un electorado importante, es nuestra responsabilidad al menos participar en el diálogo con ellos».

Al respecto de la seguridad añadió que «como ha dejado muy claro el presidente Trump, él cree que nuestros amigos europeos deben desempeñar un papel más importante en el futuro de este continente. No creemos que ustedes oigan el término “distribución de la carga”, pero creemos que es una parte importante de estar en una alianza compartida que los europeos den un paso adelante mientras Estados Unidos se centra en las zonas del mundo que están en gran peligro. Creo profundamente que no hay seguridad si se tiene miedo de las voces, las opiniones y la conciencia que guían a sus propios pueblos. Europa se enfrenta a muchos desafíos, pero la crisis que este continente enfrenta ahora mismo, la crisis que creo que enfrentamos todos juntos, es una crisis que nosotros mismos hemos creado. Si ustedes huyen despavoridos de sus propios votantes, no hay nada que Estados Unidos pueda hacer por ustedes».

En su parte final lanzó su alegato en defensa de la democracia: «La democracia se basa en el principio sagrado de que la voz del pueblo importa. No hay lugar para cortafuegos. O se defiende el principio o no se defiende. Los europeos, el pueblo, tienen una voz. Los líderes europeos tienen una opción. Y estoy firmemente convencido de que no tenemos por qué tener miedo del futuro. Acepten lo que les dice su pueblo, incluso cuando les sorprenda, incluso cuando no estén de acuerdo. Y si lo hacen, podrán enfrentar el futuro con certeza y confianza, sabiendo que la nación está detrás de cada uno de ustedes»

 

El canciller alemán, Olaf Scholz, respondió a la intervención de Vance argumentando que «eso no se hace, y menos entre amigos y aliados […] Hacia dónde va nuestra democracia a partir de ahora lo decidimos nosotros». Por su parte, el diplomático y presidente de la Conferencia de Seguridad, Chritoph Heusgen, en su intervención final comentó que «Esta conferencia nació como un foro transatlántico, pero después del discurso del vicepresidente Vance, debemos temer que nuestra base de valores comunes ya no sea tan común. Gracias a todos los políticos europeos que han manifestado y reafirmado aquí los valores que defendemos»; finalizando con lágrimas de emoción.

 

Las decisiones en materia de política exterior y comercial del gobierno trumpista es una patada en el tablero del statu quo que está convulsionando las relaciones internacionales. Ahora le toca al turno a las medidas y relaciones que afectan a la Unión Europea. Además del citado discurso que fija posiciones, se han anunciado nuevos aranceles a ciertos productos procedentes de la UE, a lo que hay que añadir la intención de Trump de dejar fuera a la UE de las negociaciones con Rusia y Ucrania.

En respuesta a esto último, el presidente francés, Enmanuel Macron, convocó ayer lunes en París a una reunión informal y consultiva entre los jefes de Estado y de Gobierno de Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, España, Países Bajos y Dinamarca, además de incluir  al presidente del Consejo Europeo, António Costa; a la presidente de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, y al secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

 

La diplomacia europea es un mastodonte que actúa con lentitud y descoordinación, su engranaje es un mecanismo de múltiples piezas que no es lo suficientemente ágil, quizás sea el talón de Aquiles de la arquitectura de la Unión Europea. Esa debilidad es conocida y aprovechada por los adversarios y en momentos como el actual, ante el vértigo de las nuevas amenazas, hace que la incertidumbre y la indecisión provoquen que aparezcan nuevas grietas e inestabilidad en los cimientos del edificio comunitario.

Por otra parte, es necesaria la autocrítica y el reconocimiento de los errores, de asumir los retos que se deben abordar y que se están postergando desde hace tiempo, poniendo en riesgo el futuro de la Unión Europea. Huir hacia delante no es nunca una solución, tal vez sea el momento de reevaluar, de tomar el pulso a la situación actual y de confirmar el firme y leal compromiso de todos los estados miembros con la Unión Europea o, por el contrario, si se debe retomar la vía de la Europa de las dos velocidades e incluso la salida o adhesión de algún estado miembro.

 

El hook del discurso de Vance ha impactado en el costado de la Unión Europea, un serio castigo que ha hecho hincar la rodilla sobre el cuadrilátero de las relaciones cordiales EE.UU.-UE. La cuenta de protección ha sido necesaria para que la UE se haya puesto en pie e intente reaccionar y resistir los duros asaltos que quedan.

Las dos guerras mundiales del pasado siglo XX tuvieron su germen en Europa, no debemos olvidar que EE.UU. contribuyó a restablecer el orden y sostener la defensa de los valores occidentales, la libertad y la democracia se asentaron y fortalecieron en buena medida por la contribución del aliado trasatlántico. En el siglo XXI la hegemonía de EE.UU. ya no es tan preponderante, la pujanza de Rusia y China —principalmente— y de otros países emergentes, son percibidas como auténticas amenazas a sus intereses. En ese escenario, la UE se aprecia desde el trumpismo como una rémora que se beneficia de la protección que le otorga EE.UU., pero que no contribuye lo que debiera para el sostenimiento de dicha protección y el mantenimiento de su liderazgo.

El Make America great again no es un simple eslogan político de una campaña electoral, se ha convertido en un objetivo a todos los niveles y con un claro matiz expansionista e imperialista. En lo que respecta a Europa, no creo que el trumpismo quiera que EE.UU. pase de ser su protector y aliado a ningunearla e incluso confrontarla. Si EE.UU. logra pactar con Rusia un fin de la guerra en Ucrania, forzando a Ucrania y sin contar con Europa, creo que la tensión será máxima y las relaciones empeorarán ostensiblemente.

 

La Unión Europea se encuentra grogui ante la actuación del gobierno de Trump, se asemeja a la escultura del Púgil de las Termas, mirando forzadamente con gesto de dolor con el rostro marcado por las heridas y desconcertado. Tal vez sea la hora de que la UE y Europa tome la iniciativa, que asuma y lidere, con el peso específico que le corresponde, su papel de mediación asentado en los valores más intrínsecamente europeos.

Los ni

 

         Los nuevos soportes, más reducidos e incluso digitales o virtuales, unido a la minoración y la falta de espacio de las viviendas, hace que ciertas colecciones estén al borde de la extinción. Por ejemplo, las bibliotecas particulares no tienen apenas cabida en la arquitectura y diseño de interiores de muchas construcciones, heredar una biblioteca se ha convertido en un problema, y no solo espacial, el libro es ahora un objeto obsoleto e inservible para muchas personas que ni siquiera lo mantienen a título decorativo. El saber no ocupa lugar, literalmente, tampoco en las mentes.

 

         Existe un deleite sibarita en revisar los objetos de una colección, en complacerse con detalles recónditos y especiales que solo el coleccionista conoce, un exclusivismo que proporciona un placer íntimo y de matices imperceptibles velados para el profano. Las piezas de la colección están cargadas de reminiscencias sutiles, de adherencias inseparables que susurran sus secretos con una íntima complicidad. Una colección es un tesoro invaluable, su precio no se cuantifica en magnitudes económicas, el valor emotivo y sentimental es inefable, despojar al coleccionista de su colección es una mutilación dolorosa en la que se cercena mutuamente parte de la esencia.

 

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