Los retos actuales del Andalucismo
Días antes de la celebración del Día de Andalucía organizamos en el Nuevo Ateneo de Chipiona un coloquio-debate sobre «Los retos actuales del Andalucismo». Nuestra pretensión era poner en común la actual situación del Andalucismo y los retos que se le plantean.
Antes de entrar en materia, me gustaría hacer un inciso para destacar la relación histórica que el ateneismo andaluz ha tenido con el Andalucismo.
Aceptaron nuestra invitación un buen plantel de destacados intervinientes que han tenido vinculación con el Andalucismo. Juan Palacios Vital, Juan A. Ruíz Giraldo, Manuel Ruíz Romero y José María García León, desde sus múltiples relaciones con el Andalucismo y sus respectivas actividades, políticas, profesionales, culturales, sociales,… aportaron una visión general y centraron los argumentos sobre las perspectivas de futuro del Andalucismo.
Al abordar el tema del Andalucismo siempre hay que hacer la salvaguardia de que el Andalucismo nada tiene que ver con un nacionalismo al uso, se fundamenta en un ideal alejado del dogmatismo. Las bases del Andalucismo, sentadas por Blas Infante en el Ideal andaluz —esencialmente— y en otras de sus obras, es un punto en común en el acervo andalucista y sobre el que existe una gran consenso entre las distintas visiones que existen del Andalucismo. El Andalucismo es inclusivo y diverso, no es hegemónico ni monolítico.
Un himno es, o pretende ser, la quintaesencia de la doctrina a la que canta. Hay fragmentos del himno de Andalucía que evidencian lo anteriormente expuesto: «¡Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!», «hombres de luz que a los hombres, alma de hombres les dimos». El himno andaluz rezuma antítesis nacionalista, es un ideal alto y puro, nada de egoísmos, ni de particularismos, ni de vanidades, ni de prevalencias.
Así, las diferentes perspectivas políticas del Andalucismo surgen en las intervenciones y en el debate, pero también se constata que coexisten con un Andalucismo social, cultural,… también folclórico, en el sentido más genuino del término. No cabe duda que actualmente la representación política del Andalucismo mediante los partidos políticos está en horas bajas, no es muy significativa y, por consiguiente, no tiene mucho peso específico. Me asalta la duda sobre si, en cierto modo, el Andalucismo-partidista ha perjudicado las otras vertientes del Andalucismo, si las ha arrastrado consigo hacia una paulatina decadencia.
Por otra parte, también me asalta la duda si es necesario el Andalucismo-partidista, si es indispensable que conviva con esos otros Andalucismos a los que aludía anteriormente. ¿Puede reivindicarse plenamente el Andalucismo sin la adecuada representación en las instituciones políticas? José María García León alude a que toda acción política debe ser utilitaria, servir para la consecución de los fines, desde ese aspecto parece que el área de influencia del Andalucismo no logra trasladarse a la esfera del debate y acción políticas.
Tal vez sea hora de que el Andalucismo-partidista se recomponga y reivindique la porción de la tarta que nos toca en el concierto nacional, que participe en la merienda de negros —perdón por la incorrección política— del bocado a los presupuestos del Estado, que comience a barrer para casa, a preguntar: «¿qué hay de lo mío?», a llevar el agua a nuestro molino,… aunque todo ello no vaya mucho con la idiosincrasia andaluza.
Con una visión global e histórica, desde nuestra reciente restauración democrática asentada sobre la Constitución del 78, los logros del Andalucismo son importantes, solo cabe comparar la situación actual con la preexistente al mencionado año. Claro está que todavía quedan asuntos por desarrollar y mejorar, en buena medida, la reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía de 2007 responde a una necesidad, que como el propio texto indica en su Preámbulo, de «conseguir un Estatuto para el siglo XXI, un instrumento jurídico que impulse el bienestar, la igualdad y la justicia social, dentro del marco de cohesión y solidaridad que establece la Constitución».
Es consustancial a toda ley orgánica perseguir unas cotas máximas de derechos fundamentales, de libertades públicas y de articulación con los distintos poderes; la vigencia del Estatuto de Andalucía debe ser revisada puntualmente para actualizarlo y para comprobar el grado de cumplimiento de lo que inicialmente se estableció.
La necesidad de que el Andalucismo-partidista se acreciente y comience a tener una representación considerable en las instituciones es un reto que casi todas las corrientes del Andalucismo comparten. Según manifestaron los distintos intervinientes, lo más efectivo sería una plataforma única que aglutinara el Andalucismo-partidista bajo el paraguas del acervo Andalucista, sería la vía más rápida para acaparar votos y llegar a cotas de representatividad política significativas. Aunque creo que esta vía no es lo suficientemente compartida por las distintas ramificaciones del Andalucismo, algunos prefieren seguir siendo cabeza de ratón que cola de león y otros, sumidos en la inacción, no son capaces de articular y poner en marcha nuevas propuestas; resultado, entre unos y otros la Casa Común del Andalucismo sigue sin barrerse.
La vertiente de izquierdas sigue cómodamente subordinada, atomizada y minoritaria, inmiscuida entre grupos, coaliciones y confluencias. La de derechas está siendo lentamente fagocitada por el Partido Popular, en una especie de precuela de lo ocurrido con el PP en Galicia.
La creación de la Casa Común del Andalucismo no es tarea fácil, tampoco se observa que exista una necesidad imperiosa de construirla ni líderes que comiencen a echarle los cimientos.
En mi opinión, los retos actuales del Andalucismo fluctúan entre los valores absolutos de su dificultad y de su claridad. La dificultad se ha planteado en lo expuesto anteriormente. La claridad deviene de la nitidez de su ideal, de su honestidad, de su amplitud de miras. El ideal andalucista es una meta que salta las fronteras y derriba las barreras, nada tiene que ver con el cicatero y miope nacionalismo excluyente, por ello, tiene la vigencia de lo atemporal y de lo eterno.
Andalucía, plus ultra de las columnas de Hércules/Heracles, mira el horizonte de la inasible libertad.
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