De ojivas y tierras raras

   ¿Qué cantidad de recursos vamos a invertir en cañones y en mantequilla? Este es un dilema que suele estudiarse en los primeros cursos de Economía. Rápidamente surgen dos cuestiones claves íntimamente relacionadas, la problemática de la toma de decisiones y la gestión de los recursos limitados.

       Si aumentamos el gasto militar (cañones), disminuimos el gasto civil (mantequilla), ambos son necesarios, hay que buscar un equilibrio entre los diferentes tipos de gastos sin dejar de fortalecer la inversión. El coste de oportunidad, la valoración de lo que se pierde desequilibrando la balanza, es un concepto clave en Economía y que tiene consecuencias importantes a medio y largo plazo.

       Todo ello se lo debemos a los estudios pioneros de Paul Samuelson, al que debemos grandes aportaciones, destacando al respecto su manual Curso de Economía Moderna (1948), bien conocido por todos los estudiantes que cursamos la rama económica. Si bien hay que puntualizar que la expresión «cañones o mantequilla», no es original de Samuelson.

 

      La lógica nos dice que gastar en mantequilla (o invertir, si se quiere) es lo más idóneo, pero si no gastamos lo suficiente en cañones, cuando nos quieran robar la mantequilla no podremos evitarlo; esto último con una actitud defensiva. Si le damos la vuelta al calcetín, los agresores gastarán más en cañones para conseguir con beligerancia la mantequilla que desean.

      Y como las expresiones las carga el diablo, el pérfido Goebbels argumentó que «lo podemos hacer sin mantequilla, pero a pesar de todo el amor que tenemos por la paz, no lo podemos hacer sin armas. Uno no puede disparar con mantequilla, pero sí con cañones». Para mayor inri, su no menos siniestro colega Göring también soltó otra perlita: «los cañones nos harán más fuertes, la mantequilla solo nos hará más gordos».

 

      Está claro que los agresores siempre prefieren los cañones. Siendo así, ¿los agredidos deben dejarles el pasillo expedito para que lleguen a la cocina y se lleven la mantequilla? Es legítimo el derecho a la defensa frente a una agresión.

      Ya sabemos por la máxima latina que «si vis pacem, para belum», cosa que Europa ha obviado durante mucho tiempo tras la Segunda Guerra Mundial. Tras la caída del muro de Berlín, y la debacle de la URSS, Europa creía que su gran amenaza latente, Rusia, ya no era tal. Amparándose en el paraguas de la OTAN y en el proteccionismo del primo de Zumosol, EE.UU. . Europa ha querido la paz, pero ha hecho dejación de funciones en eso de prepararse para la guerra.

       Y de un día para otro el cuento de Monterroso se ha hecho realidad, cuando Europa ha despertado de su gran letargo procrastinador, ha descubierto que el dinosaurio todavía estaba allí, no había desaparecido; se ha asomado a la ventana y Putin le saluda con la manita mientras mira de reojo a Ucrania.

      Entonces, Europa ha salido corriendo a buscar la protección de su primo el de Zumosol, Joe (Biden), pero Jimi Hendrix le ha dijo que iba camino de México, buscando la libertad. Ha llamado de nuevo a la misma puerta, le ha abierto un tal Donald —no el pato— y le ha recibido con un puntapié.

      Entre la biblioteca de mi padre encontré un libro que en estos momentos es muy dilucidador sobre la relación Europa-EE.UU. . El desafío americano, publicado en 1967 por el periodista y político francés Jean-Jacques Servan-Shreiber, camina entre el ensayo y el informe, en su introducción aclara que «El examen, bastante prosaico, de la inversión americana en Europa, nos descubre un universo económico que se hunde —el nuestro—, unas estructuras políticas y mentales —las nuestras— que ceden ante el empuje exterior, los prolegómenos de una bancarrota histórica: la nuestra».

      En su capítulo XI «El estado de la unión» de la tercera parte «Europa sin estrategia», aporta dos elementos claves que se han cumplido: «1. El desafío americano no es, esencialmente, de orden industrial o financiero. Pone en peligro, ante todo, nuestra fecundidad intelectual, nuestra aptitud para transformar las ideas en realidades. Lo que cede ante el empuje exterior —tengamos el valor de confesarlo— son nuestras estructuras políticas y mentales, es nuestra cultura». 2. La América de hoy (en 1967) sigue pareciéndose a Europa, pero con quince años de adelanto […] En 1980, los EE.UU. se hallarán en otro mundo. Si no lo logramos también por nuestra parte, ellos detentarán el monopolio de la técnica, de la ciencia, del poderío moderno».

      Y en el circo que se ha montado, los enanos ya han crecido. Ahora Europa también tiene que cuidarse del fuego amigo y domar al caballo de Troya de la ultraderecha que empieza a campar a sus anchas.

      Tocan a rebato, pero la lenta locomotora europea no funciona, «¡traed madera!», «¡es la guerra!».

 

       Es evidente que la invasión por parte de la Rusia de Putin a Ucrania es la cuestión más inquietante del totum revolutum del actual panorama internacional, sobre ella pivota el futuro del escenario que en poco tiempo tendremos, gran parte de las relaciones económicas y políticas conocerán un nuevo paradigma.

      Las razones de toda guerra o toda agresión son esencialmente económicas, en definitiva se trata de mantener o lograr un estatus mayor aunque, aparentemente, se argumenten motivos diversos. Al levantar un poco la alfombra, se comprueba rápidamente que los temas económicos son los que realmente subyacen como los argumentos verdaderos como por ejemplo la explotación de las tierras raras, el aprovisionamiento de suministros, el control de las rutas comerciales, el acaparamiento de la producción agrícola,…

 

      Los cañones de unos se utilizan para acaparar la mantequilla de otros, la prosperidad de unos a costa de la decadencia de otros. Mientras tanto, la estrategia de la disuasión entra en juego, cada cual enseña sus cartas (léase ojivas) para presumir quien la tiene más grande, me refiero a su arsenal nuclear; como si esto se tratara de una disputa entre párvulos en el patio del colegio.

      La sombra de la III Guerra Mundial va cubriendo los cielos, la mano se acerca al botón rojo; toca cruzar los dedos para que un ataque de cordura sobrevenga en el último instante a estos dementes mandatarios y logren meter en las cuadras a esos caballos del Apocalipsis que comienzan a galopar desbocados.

      Las coces que se estos jinetes se están dando por debajo de la mesa, pronto se pueden convertir en puñetazo sobre ella y subidas de tono en el discurso y en las palabras.

 

     Roguemos para que el armisticio dialéctico se firme y finalice con un pacto o tratado, eso sí, teniendo por seguro que en su clausulado el reparto será beneficioso para los poderosos.

 

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