Esperanza en la Cultura

       Todas aquellas personas que tienen o hayan tenido vinculación con la programación de eventos y actividades en el ámbito de la Cultura, conocen de la dificultad de ello.

       Son múltiples los parámetros que deben tenerse en cuenta para que una actividad llegue a realizarse con cierta solvencia y éxito, la cantidad y calidad de los recursos con los que se cuenta es el factor fundamental. Ni que decir tiene que no es comparable la actividad realizada por una potente institución u organización, que la lleva a cabo por una pequeña asociación que apenas cuenta con recursos propios. La financiación y la disponibilidad de fondos siempre es clave a tal efecto, facilitan enormemente la gestión, también contar holgadamente con unos recursos materiales y humanos; aunque no es una fórmula infalible ni única.

El esfuerzo es necesario en todo momento, el acertado diseño de las actividades es imprescindible para que los objetivos que se quieren cumplir se vean satisfechos; cabe advertir que la audiencia no es el único factor determinante para considerar exitosa una actividad organizada.

Hay eventos que apuestan a caballo ganador desde el principio, la moda o la popularidad aseguran el éxito de público, pero pueden ser igualmente exitosos cuando el objetivo inicial de un evento se ve cumplido; no todo se mide en números, calidad y cantidad son conceptos diferentes.

El corto plazo no es el único horizonte, puede que una actividad esté incluida en un plan con objetivos a medio y largo plazo. Estamos instalados en una sobrevaloración de lo instantáneo y efímero, lo volátil no puede sostenerse por sí mismo, aunque tenga apariencia de consistencia. «¡Show must go on!», «¡pasen y vean!», convertirlo todo en espectáculo deviene en una adicción insostenible, en muchas ocasiones el aplauso no deja ver el bosque.

 

A ese respecto, en el ensayo La civilización del espectáculo (2012), Mario Vargas Llosa cita el trabajo de Lipovetsky y Serroy La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada (2010): «El mundo-pantalla ha deslocalizado, desincronizado y desrregulado el espacio-tiempo de la cultura».

 

Para que el entretenimiento alcance el grado de diversión, debe seducir, hay entretenimientos que están vacíos, son meros pasatiempos, no aportan sustancialmente nada. Cuando una diversión nos seduce se va aproximando, excelsamente, a la Cultura.

 

En mi opinión, un aspecto que ha perjudicado al ámbito cultural es el fomento del gratis total, de la gratuidad de los eventos culturales. En nuestro mundo actual, donde el utilitarismo y la mercantilización lo impregnan casi todo, relacionar lo gratis con la Cultura causa un menosprecio —cuanto menos psicológico—, que cala negativamente en gran parte de la sociedad. En épocas anteriores la gratuidad era indispensable en multitud de casos para que el acceso a la Cultura fuese posible. Actualmente, en circunstancias excepcionales, también  puede ser necesario. Creo que es contraproducente que no exista una contraprestación económica en el intercambio cultural; no todo el mundo distingue valor y precio, parafraseando a Antonio Machado.  

 

 Es evidente que una parte del sector de la Cultura necesita de ayudas institucionales para que puedan seguir adelante, de no ser así, parte del patrimonio cultural puede verse relegado a la mínima expresión y en riesgo de desaparecer. El rico patrimonio histórico y cultural se ve acorralado por las tendencias de moda y la caída de la demanda de actividades relacionadas con él.

Amoldar el diseño de las actividades para captar audiencias, cada vez es más difícil, incluso se supeditan aspectos importantes para hacerlas más light y accesibles a un público genérico. Perder calidad para ganar popularidad es el camino más fácil y a la vez el más peligroso. Ofrecer a las audiencias contenidos menos exigentes va en detrimento de la Cultura, la estandarización de los públicos llevará a una pérdida de la diversidad cultural. Se debe hacer mayor y mejor pedagogía cultural, redoblar los esfuerzo y la imaginación para ofrecer con atractivo contenidos con una aceptable calidad cultural.

Captar nuevas audiencias, sobre todo en las generaciones más jóvenes, y fidelizarlas, debe ser una prioridad absoluta; pero no es nada fácil conseguirlo. Se necesita un relevo generacional para legar el patrimonio histórico y cultural, para que siga vigente y no se vea amenazado.

 

La actitud crítica es esencial, hay que cuestionar el panorama que se nos presenta y no darlo por bueno, la rebeldía es muy necesaria en estos tiempos en los que se asume todo sin apenas filtro. Hay que ofrecer alternativas y confiar en el valor intrínseco de los valores culturales que queremos transmitir.

 

Es una tarea ardua la que queda para salvaguardar el patrimonio cultural y difundir la espléndida riqueza con la que se cuenta. Las organizaciones implicadas tienen que ser muy dinámicas y flexibles para acertar en los diseños y cumplir los objetivos. No se debe decaer en el esfuerzo, es necesario plantear nuevas propuestas aunque en ocasiones es un trabajo solitario, ingrato y poco recompensado.

La Cultura en buena parte es una lucha contra la desidia y una apuesta por el progreso de la humanidad, esos argumentos son los que dan esperanza a que el trabajo que muchos emprendemos sean semillas que germinarán tarde o temprano.

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