La Segunda Transición
El debate sobre la Transición Española sigue abierto. La piedra angular de la Transición es, sin duda alguna, la Constitución Española de 1978, asentada en ella se ha podido construir una arquitectura democrática tras la Dictadura que nos ha brindado un periodo de paz y prosperidad que perdura hasta nuestros días.
La valoración general de dicho proceso puede calificarse como aceptable, la adaptación de una sociedad cerrada, propia de una Dictadura, hacia otra abierta y democrática es complicada y compleja, por lo que también se cometieron ciertos errores. El recorrido histórico del periodo de la Transición ha sacado a flote los aciertos y desaciertos, también cabe discutir sobre si los errores son tales o si existió cierta voluntariedad o intencionalidad, a sabiendas de los perjuicios que podrían acarrear.
En todo proceso multilateral las partes negocian, ceden, cambian,… para llegar a acuerdos la inflexibilidad y las líneas rojas no facilitan el entendimiento y, en ocasiones, hay que perder en lo particular para ganar en lo general. No cabe duda que en la Transición las partes fueron generosas, con espíritu conciliador pudieron crear esa nueva arquitectura democrática que fueron los cimientos que soportaron los envites de las circunstancias y los años.
Entrar en el necesario análisis histórico de lo que pudo haber sido y no fue no es una cuestión fácil, las interpretaciones entran en juego y no siempre se llegan a conclusiones mayoritariamente aceptadas. Todo es susceptible de mejora —también de empeoramiento—, tal vez, lo más importante es reconocer y consensuar —si es posible— lo que se hizo bien, lo que se hizo no tan bien, y lo que se hizo mal.
En la trama de la Transición hay un concepto que surge en el transcurso de la explicación o argumentación sobre su desarrollo, ese concepto es posibilismo. Dadas unas circunstancias se trabaja en la escena de lo posible para lograr unos objetivos. Cosa distinta es que con los mimbres que se tenían se pudo hacer un tipo de cesto u otro, creer que el posibilismo siempre desemboca en una sola vía es un reduccionismo un tanto demagógico. Sí es más sensato creer que, entren las variantes posibles, se optó por la que se creyó más factible.
Hacer política ficción y ucronías de la Historia es plausible, pero en ningún caso reescriben los acontecimientos. Ahora bien, como base de ese análisis retrospectivo es muy ilustrativo y puede desembocar en lo más interesante y útil, la proposición de las medidas correctoras para la mejora de aquello que no resultó aceptable.
En el transcurso de la reciente presentación de la novela con tintes históricos y biográficos La Amapola Negra (Colgados de la Transición) de Jorge Cabezas que hicimos en el Nuevo Ateneo de Chipiona, surgieron muchos aspectos sobre la Transición que todavía están sujetos a debate y análisis. La argumentación posibilista surgió a las primeras de cambio, todas las partes hicieron renuncia de porciones de sus objetivos para encontrar una vía de salida factible, como resultado, el texto constitucional es la propuesta que se ofrece para ser ratificado en referéndum.
Un análisis crítico del texto constitucional, cotejado con su desarrollo plasmado en la realidad, del que soy muy cercano, es el realizado por Antonio García-Trevijano, destacado opositor al franquismo y creador e impulsor de la Junta Democrática de España y la Platajunta. Trevijano expresaba que no podía hablarse de que la Constitución del 78 desembocara en una Democracia stricto sensu ya que no reunía dos requisitos fundamentales: el primero, el reparto de representantes del sistema electoral implantado desvirtúa la proporcionalidad directa; el segundo, la división de poderes inherente a toda democracia (legislativo, ejecutivo y judicial) no se cumple.
El resultado de lo anterior, visto hoy en día, creo que es incontestable. La Transición optó por implementar un sistema partitocrático y depositar todo el poder y acción política en los partidos y, por otro lado, la división de poderes se ha convertido en totum revolutum que hace que dicha división no sea efectiva.
No es una cuestión baladí, buena parte del bloqueo institucional, político y social que en estos momentos vivimos en España deviene de lo anterior; estimo que una reflexión objetiva e imparcial de la situación confirmar la apreciación antes apuntada.
En 2028 se cumplirán 50 años de vigencia de la Constitución del 78, las nuevas generaciones están ya muy alejadas de todo el proceso de la Transición y de las conquistas de derechos de que ahora nos beneficiamos todos los españoles. Los parámetros con los que hoy se mueven los más jóvenes son muy diferentes a los de casi cinco décadas anteriores. Todos somos herederos de los deberes, derechos y obligaciones que el desarrollo constitucional y democrático nos ha brindado, pero las circunstancias y la problemática de ambas generaciones son bien distintas.
El juego de las diferencias entre la España del 1978 con la de 2028 será muy nutrido. Aquella frase de Alfonso Guerra cuando aterrizó el PSOE en el poder sobre que «a España no la va a conocer ni la madre que la parió», se ha hecho realidad, para lo bueno y para lo malo. Quizás el poder es lo único que no ha cambiado mucho, la Partitocracia se ha instalado en el seno de la política española y los ciudadanos. Recuerdo cuando a mediados de los años 80, con motivo de unas gestiones culturales, visitamos a un alto funcionario de Diputación de Cádiz y le comentó a un contemporáneo suyo «no te equivoques, ahora los nuestros son estos», muy berlanguiano todo.
¿Se ha educado a la ciudadanía en los valores plenamente democráticos?, ¿los partidos se han preocupado de otorgar a la ciudadanía el protagonismo y el verdadero peso social y político que deberían ocupar en una democracia?, desde la esfera política y a cualquier nivel ¿se ha buscado la excelencia o a primado el partido y el poltronismo?
Creo que en ese periodo los partidos no han estado a la altura de las circunstancias y se han convertido en detentadores del poder, han contribuido, en buena parte, a incrementar y crear nuevas confrontaciones, olvidando que en el centro de su acción están los ciudadanos y el compromiso con el Estado (el que lo tuviera).
Tal vez haya llegado el momento de abordar una Segunda Transición, transformar la Partitocracia en una Democracia lo más plena posible y establecer de facto la división de poderes, entre otras muchas cuestiones. Poner a la altura de los tiempos la España actual e incorporar la nueva realidad, quizás tenga que abordarse con una reforma constitucional, sin miedo, sin ambages y con ambición. Creo que los españolitos hemos demostrado que somos ya mayorcitos para asumir responsabilidades y que no necesitamos tutelas para expresarnos en libertad. El traspaso de poderes de los partidos a los ciudadanos debe ser nuestro próximo reto.
Descarga este articulo
¿Hay algún artículo que quieras guardar y archivar localmente en formato PDF? Si es así, puedes hacerlo directamente desde la imagen a tu izquierda.
Cómo descargar periódicos en formato PDF online
1. Dirígete al artículo de noticias que deseas guardar
2. Haz clic en «Archivo»> «Imprimir»
3. Donde normalmente elegirías la impresora a usar, debería haber una opción que dice «Guardar como PDF»
4. Finalmente, presiona «Guardar» y elige la ubicación para guardar el archivo

