El camino que nos lleva —o por el que nos dejamos llevar— por el Populismo es peligroso, discurre muy cercano al precipicio. El populista y el pueblo, los dos agentes principales del Populismo, pueden actuar en un contubernio más o menos explícito y consentido que nos puede conducir a destinos inesperados y poco recomendables.
El populista, conocedor de las enseñanzas confucianas y maquiavélicas, señala a la luna para que el pueblo mire al dedo, planifica la ruta alternativa para lograr su personal objetivo, desviando la mirada del pueblo por la ventanilla izquierda, añadiendo otras certeras maniobras de distracción. Y «nada por aquí, nada por allí», como un avezado alumno de Houdini, el populista logra librar todos los obstáculos para salir airoso de las vicisitudes sin que el pueblo ni siquiera se haya husmado nada. Además, si a todo ello se le adereza con una buena ración de panem et circenses, el éxito está asegurado y el objetivo cumplido..
Esto del Populismo genera su propio ecosistema, bajo la apariencia de futilidad y liviandad crecen abundantes y variopintas especies que, amparados jerárquicamente por el supremo líder populista, consiguen adaptarse al nuevo paradigma que se les presenta.
En el género Populista, el Populista Populista es el macho alfa, para él «el fin siempre justifica los medios» y es firme en sus principios —pero si es necesario tiene otros—, es un gran monologista y tiene los conductos auditivos de entrada y salida muy bien comunicados; además, su buchaca suele tender a la hipertrofia. El Populista Adlatere es una subespecie del género Populista, suele ser una variación del Populista Populista, es un arbotante que lo sostiene y le da amparo un tanto subrepticiamente, es un tanto huidizo ya que tiene la habilidad de hacer mutis por el foro y pasar desapercibido, suele preguntar insistentemente «¿qué hay de lo mío?». El Populista Jaleador es un ciego defensor del Populista Populista, al que siempre le ríe las gracias, es un integrante de su cohorte de voceros, sale siempre en la foto y está para un roto y un descosío.
En el género Pueblo, el Trepa Trepa es un espécimen de una gran resistencia, son individuos extremófilos con una gran capacidad para sobrevivir en unas condiciones ambientales extremas, suelen siempre preguntar «¿a quién hay que matar?» o «¿quién hemos ganado?»; no suelen hacer prisioneros. El Rémora Unodelosnuestros, también llamado Rémora NuestroHdP, «no quita ni pone rey pero ayuda a su señor», atiende al lema reaccionario «mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer»; puede ser egocentrista y un terraplanista, eso de los cambios no va con él. El Homo Yamiqué, le trae al pairo todo, lo importante es el «ande yo caliente», ni siente ni padece, en última instancia se le verá derramando las lágrimas de Boabdil.
La gravedad del Populismo pasa desapercibida, suele ser la antesala de algo peor que está por venir. Utiliza la cortina de humo para desdibujar la evidencia de lo cierto y real, envuelve el pasado en luz de gas para tergiversarlo, presenta un presente en blanco y negro en contraste con el colorista futuro que nos promete.
No es fácil luchar contra el Populismo, llega un momento en que se precisan incluso grandes dosis de heroísmo para enfrentarse a la circunstancia que ha engendrado y que es casi inabordable. No tengo duda de que el Populismo es un movimiento en espiral que finalmente sucumbe, aunque durante su caída en barrena causa graves daños.
La pedagogía es fundamental para rebatir al Populismo, hay explicar, argumentar y convencer para poner en evidencia las bases demagógicas que lo sostiene. La propaganda populista intenta sepultar cualquier atisbo de crítica, tiene como objetivo enmudecer cualquier discurso paralelo que pretende lanzarse, el pensamiento único es su principal objetivo, el Populismo es la solución. Enmudecer al discrepante y ensordecer a las masas es la meta final, llegados a ese punto el adoctrinamiento está completado y todo será un camino de rosas. Todo lo que quede fuera del Populismo es condenado al ostracismo o al escarnio público.
La transversalidad del Populismo quizá sea su característica más perversa. Llega un momento en el que el discurso populista impone sus reglas y ya nadie quiere quedar fuera de juego. Entonces comienza la huida hacia delante de todos, hay que ser más papistas que el Papa, en este caso, más populistas que el Populista. El Populismo cuelga sus propios sambenitos a los reos condenados por delitos de leso antipopulismo. Hay que señalar y que sean bien visibles aquellos que remuerden la conciencia de los populistas, hay que deportarlos, incomunicarlos, aislarlos, sentenciarlos, acusarlos,… que caigan en la ignominia pública.
La caverna de Platón sigue presente, por mucho atrezo que la modernidad y las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificiosa —que no artificial— recubran las paredes cavernosas en las que todavía seguimos habitando. Tal vez el Populismo no sea más que un eterno atavismo, una recurrente involución, el retorno a las cavernas y a la oscuridad que quieren imponer el poder y los poderosos de turno al resto de la Humanidad. Tal vez exista algo de la dinámica entre la moral de señores y la moral de siervos que tan finamente apuntaba Nietzsche.
El sometimiento a la esclavitud por parte del poder y los poderosos para mantener sus privilegios, pero también el desolador «¡Vivan las cadenas!» que buena parte de los esclavos prefieren.
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