Necesidad de la Cultura
Cada vez estoy más convencido de lo necesaria que es la Cultura en nuestros días. Desde mi punto de vista, parto de la premisa de que nuestra sociedad actual adolece de una paulatina pérdida de valores humanísticos que degradan la calidad de nuestras interrelaciones. Esta afirmación personal se basa más de una percepción un tanto intuitiva que de un sesudo estudio o argumentario, aunque no cabe duda de que también existen autores y estudios que soportan tal circunstancia.
Ante esta apreciación, aflora súbitamente la paradoja de que en un mundo en el que las que interconexiones son exponencialmente mayores que en cualquier otra época, no se produzcan una mayor sinapsis social y un fortalecimiento en la calidad de las relaciones humanas a todos los niveles. Parece que las nuevas tecnologías en vez de ofrecernos atajos de conexión nos hayan creado artificiales meandros por los que circulan nuestras relaciones y que han multiplicado la confusión y la distancia. Quizá ahora nuestras relaciones sean más próximas e instantáneas, pero a su vez más distantes en lo humano y difusas en lo social. Todas aquellas personas que tienen o hayan tenido vinculación con la programación de eventos y actividades en el ámbito de la Cultura, conocen de la dificultad de ello.
El reciente premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, Byung-Chul Han, es tal vez el filósofo que más perspicaz y divulgativamente ha incidido en las nuevas relaciones que se han establecido en nuestra sociedad tecnológica y su consecuencias en nuestra cotidianidad. Es doctor en Filosofía por la prestigiosa Universidad de Friburgo, de origen surcoreano pero afincado en Alemania, donde llegó con 22 años, escribe en alemán. De él destaca el jurado del citado premio que «el análisis de Han resulta sumamente fértil y proporciona explicaciones sobre cuestiones como la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas. Su mirada intercultural arroja luz sobre fenómenos complejos del mundo contemporáneo y ha encontrado un amplio eco entre público de diversas generaciones».
El camino emprendido por este filósofo sigue el desarrollo de otras corrientes preexistentes y también corren paralelas a trabajos de otros autores contemporáneos como Slavoj Zizek, Zygmunt Bauman, Peter Sloterdijk,… Es autor de más de treinta libros de los que destaco La sociedad de la transparencia, Buen entretenimiento, La sociedad del cansancio, Sobre el poder, Capitalismo y pulsión de muerte, Infocracia… recomiendo el documental La sociedad del cansancio. Byung-Chul Han en Seul y Berlín de Isabella Gresser.
Uno de los aspectos que transversalmente se recogen en todos sus escritos y temas que toca es la preocupación por la creciente deshumanización. En su libro La expulsión de lo distinto indicaba que «en el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar». La pérdida de la comunicación puede que sea el fracaso mayor de la especie humana. De nuevo la paradoja, en esta sociedad hiperconectada existen infinitos emisores e infinitos receptores que, aunque oyen, están perdiendo la capacidad de escuchar. Ocurre igualmente con el diálogo, y no digamos con el debate, se prefiere la verborrea de monólogos sucesivos que son recibidos sin filtros y con una actitud crítica casi inexistentes. La retroalimentación no existe, se ha cortado la cadena, el emisor ha cumplido su objetivo, ha emitido su mensaje y el receptor lo recoge pero no interactúa —a veces ni consigo mismo—; el diálogo de besugos es lo que impera.
No escuchar, no escucharnos a nosotros mismos, no pensar, asumir lo instantáneo como importante, quedarse en lo superfluo,… va deshumanizando nuestro entorno a todos los niveles. Nuestro instinto animal se apodera de nuestra humanidad, somete a nuestra voluntad consciente a la esclavitud de los reclamos.
Este escenario, este constructo, un tanto deprimente e incluso apocalíptico, puede ser un tanto exagerado, pero indudablemente la tendencia va por ese camino, aunque solo sean las minorías los que evidencien esta deriva. Para corregir la deriva actual sería necesario activar el instrumento que la humanidad ha creado, la Cultura. Nos alejamos de la animalidad construyendo humanidad, la Cultura es la argamasa con la que se fabrica el progreso, la humanidad avanza sobre el edificio de la Cultura que genera, retrocede cuando la destruye. Crecemos en lo humano cuando damos tres pasos adelante aunque, a veces, demos dos hacia atrás.
Esencialmente la Cultura no es más que comunicación, excelsa comunicación, cuando el acto comunicativo se completa nuestra Cultura se engrandece. El éxito del Arte, como quintaesencia de la Cultura, se basa en una buena y completa comunicación.
Ante el diagnóstico apuntado es necesario reforzar y utilizar el instrumento de la Cultura, creo que se minusvalora su fuerza y que debemos esforzarnos en restaurarlo. El poder, sea cual sea su máscara, siempre persigue dominar o domesticar a la Cultura. No en vano, recordemos que cuando el poder ha querido imponerse, ha procedido a la quema de libros; es un recurrente acto, con episodios en diferentes etapas históricas.
Siguiendo el rastro de la Cultura continuaremos por las sendas más seguras hacia la libertad. Necesitamos la Cultura para saltar los obstáculos que nos encontramos en el camino, las trampas que se nos ponen. Reivindicar la Cultura es necesario, aunque suene a febril entelequia o se nos acuse de ilusos.
En fin, cada loco con su tema.
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