Generación Z

       Existe un consenso generalizado en establecer el rango de edad que comprende la llamada Generación Z desde mediados de la década de 1990 hasta las inmediaciones del 2010. La característica común y esencial es que los pertenecientes a dicha generación son nativos digitales o, al menos, han crecido paralelamente con el auge de los medios digitales y de las redes sociales virtuales. A lo anterior debemos añadir que la Generación Z se desarrolla de un modo global, aunque evidentemente con diferentes velocidades y rasgos. Puede decirse que, de un modo general, es la primera generación global que se conforma como tal.

       A los incluidos en esa generación, el empleo de la tecnología les ha facilitado el acceso a la información de un modo más fácil e inmediato, eliminando muchos intermediarios antes imprescindibles. No solo pasivamente les ha llegado a la información de un modo más asequible, también activamente han podido buscarla y acceder de un modo directo. De ese modo su visión de la realidad se ha completado y globalizado, el campo del conocimiento y de comprensión de la realidad se ha ampliado considerablemente con respecto a otras generaciones anteriores.

       El lema «piensa globalmente, actúa localmente» no ha podido ser de aplicación hasta que ese conocimiento y conciencia de lo global ha sido accesible mediante el proceso de globalización de la información. En gran medida la Generación Z ya puede conocer para pensar y actuar globalmente y creo que estamos comenzando a presenciar ciertas evidencias y efectos de lo anteriormente expuesto.

Cuando veo la peculiar bandera pirata de la Generación Z enarbolarse en las distintas manifestaciones y protestas recientes en Madagascar, Nepal, Serbia, Paraguay, Perú y, recientemente, en Marruecos, creo que algo está cambiando, y para bueno, en nuestro planeta. A diferencia del efecto cascada que en otras ocasiones han podido causar hitos como el movimiento hippie, Mayo del 68, la revuelta Punk,… o más recientemente las primaveras árabes, la simultaneidad —más o menos sincronizada— de las movilizaciones de la Generación Z muestran que existe una amplitud mayor y una conciencia global comprometida y decida con intervenir en su realidad sin dilaciones.

De repente esos jóvenes a los que injustamente criticábamos por su pasividad e indolencia abordan las calles y gritan por un futuro y por un mundo mejor, demostrándonos que somos nosotros los que estamos equivocados. Que el mundo que les estamos legando se está degradando a pasos agigantados, lleno de desigualdades, de injusticias e insostenible. Que existen grandes progresos materiales, tecnológicos,… pero que conviven con otros valores y parámetros que no son dignos de nuestra humanidad —con y sin mayúsculas—.

 El consustancial choque generacional que se produce en lo familiar, social, cultural, político,… por efectos de la globalización y de la interculturalidad, en la que ha crecido la Generación Z, se presenta ahora internacionalizado, las barreras geográficas y políticas se diluyen. Este aspecto es clave, no se puede circunscribir la repercusión del efecto que la Generación Z a un territorio o a un país. Pero no está muy claro que ese «no se puede» sea talmente así. Cambiar las estructuras de poder no se consigue fácilmente, también existirán movimientos reaccionarios que se opongan y trabajen en sentido contrario al que persigue la Generación Z desde sus respectivas realidades.

El órdago que la Generación Z plantea es una seria amenaza para el statu quo imperante y los logros que pueda alcanzar serán asimétricos aunque beneficiosos. El carácter transversal e internacional de la acción de esta generación es su fortaleza.

En Madagascar, donde los menores de 30 años suman más de la mitad de la población, las protestas lideradas por la Generación Z contra la corrupción y la mala gestión del gobierno, bajo la firme decisión de «cambiar absolutamente todo», han hecho caer a este y pretenden provocar la dimisión del presidente Andry Rajoelina.

Anteriormente, en Nepal, los #NepoBabis lograron derrocar al gobierno del primer ministro Khadga Prasad Sharma y con una votación en línea eligieron a Sushila Karvi, activista anticorrupción y expresidenta del Tribunal Supremo, como su sucesora. Las revueltas causaron decenas de muertes. El ejemplo de Nepal también se vio reflejado en Filipinas e Indonesia.

En Europa, tras el derrumbe del techo de la estación de tren de Novi Sad en Serbia, la falta de asunción de responsabilidades por la negligencia y la corrupción del caso, hizo que la Generación Z paralizara el país con sus movilizaciones y ha involucrado a la mayoría de los serbios contra el autoritario presidente Aleksandar Vucic.

En Paraguay y Perú, protestas contra la corrupción y las desigualdades han recorrido sus principales ciudades con miles de jóvenes al frente.

Recientemente, en Marruecos la Generación Z 212 (212, es el prefijo telefónico internacional de Marruecos) a través de Discord y otras redes virtuales han exigido mejoras sociales, sanitarias, contra la precariedad y escasez laboral y contra el despilfarro y la corrupción de sus gobernantes

Algo parece moverse, los más jóvenes son conscientes de las desigualdades y del nada halagüeño futuro que se les presenta, han decidido que no van a quedarse de brazos cruzados ante la desigualdad, la injusticia y la corrupción; han pasado a la acción. No necesitan de ideologías ni de manipulaciones, directamente hacen uso de su legítimo derecho a la protesta, firmemente, con contundencia, sin miedos.

 

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