Ucronía y memoria. (nsc 230)

 

 

      En la reciente presentación de mi colección de cuentos Relatos ucrónicos (Éride Ediciones, 2025), la escritora Rosario Izquierdo, hizo hincapié en un matiz que quizás me haya pasado desapercibido en la escritura de los relatos y que vistos en su integridad hace de nexo entre ellos, la memoria.

 

      Expresaba Rosario que «aparte de ser un libro de mucha imaginación, para mí es un libro sobre la memoria, me ha hecho pensar que precisamente el recurso de la ucronía, de ese ¿qué hubiera pasado sí…?, está íntimamente ligado a los mecanismos de la memoria personal y colectiva, […] y creo que toda memoria tiene algo de ucrónico, porque toda memoria al ser contada muestra de alguna manera la imposibilidad de recomponer los hechos tal y como sucedieron».

 

      Tomando el término ucronía en su plena acepción —«reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos»—, inicialmente resulta paradójico que pueda mantener un vínculo con la memoria, en tanto en cuanto, la ficción resultante viene a moldear e inventar la historia y, por ello, la memoria basada en la realidad histórica. 

Analizando profundamente esta inesperada dialéctica entre la memoria y la ucronía, existen concomitancias que establecen sutiles hilos de conexión entre ambas. Es obvio que la importancia de la memoria es esencial, sin ella poco se puede construir, son los cimientos de nuestra realidad, el punto de partida. Creo que en ocasiones se sobrevalora la memoria en cuanto se la quiere dotar de la cualidad de infalible; también la memoria falla, no es hegemónica ni granítica, el tiempo ejerce su presión sobre ella y la convierte en dúctil y maleable.

Tanto en lo personal como en lo colectivo como en lo histórico, la memoria presenta sus fisuras y no puede adoctrinarse sobre ella. Entre la memoria y las memorias hay grandes diferencias. Una lectura única de la memoria, sin matices, sin miradas, sin perfiles, la hacen los poseedores de la verdad olvidando que el relato de la memoria no queda grabado inalterable ni monolíticamente. Hay mucho más de verdadero en las memorias, las capas de la intrahistoria que van conformando las memorias subjetivas, plurales, silenciosas, oficiosas,…

 

 Dentro de la falibilidad de la memoria está la desmemoria. La desmemoria voluntaria es tan perjudicial como la memoria única, vivir en el autoengaño es la mayor cobardía del ser humano, cercenar la realidad quedándonos instalados en una errónea zona de confort o protegidos por la manada, es de una mezquindad supina. En cambio, la desmemoria involuntaria es más humana. Lograr que nuestra conciencia haga, con sutileza y mesura, luz de gas sobre nuestro pasado y memoria, nos hace más inteligentes y comprensibles. No se trata de mirar hacia otro lado sino de divisar el futuro mirando periódicamente por el retrovisor de nuestra memoria.

El buen empleo de la memoria nos aporta aprendizaje, experiencia, saber hacer, pero no garantiza que ese bagaje nos brinde éxitos absolutos en el futuro. La especie humana sigue chocando dos veces con la misma piedra, esa dicotomía entre comportamiento humano-animal no guarda un completo equilibrio ni tiene una progresión unívoca. Conocer nuestra memoria, como conocer nuestra historia e Historia, no evita que volvamos a reincidir en nuestros errores más ominosos; esta obviedad pasa desapercibida para algunos.

 

Partiendo de la relativa imperfección de la memoria y proyectándola al futuro, intentando que la antítesis memoria-futuro no sea tal y que ambos términos actúen de un modo empático, podemos utilizar la ucronía a tal efecto. Ante la imposibilidad de reconstruir completamente la memoria-pasado, accionando la ucronía sí nos es posible llegar a escenarios de un presente imaginado e incluso plantear una evolución futura.

De este modo, la capacidad de imaginación de la ucronía es una herramienta valiosa y provechosa, su poder de predicción nos aporta una utilidad alejada de la simple ficción o entelequia. A colación de lo anterior y entrando en las posibilidades de la mecánica cuántica, tenemos la creación del Multiverso Cuántico y la Interpretación de los Muchos Mundos (IMM).

 

Interpretar pasado-presente-futuro de un modo compartimentado y unidireccional es poco enriquecedor, pero poniendo en diálogo el pasado con el futuro y viceversa, estudiando sus inexploradas interrelaciones, se aportan nuevas perspectivas sorprendentes. Estancados en una visión y valoración sesgada de la memoria, del pasado, seremos incapaces de ponerla en contacto con la realidad y el futuro.

La ucronía establece una especie de juego de las posibilidades, ese «¿qué hubiera pasado si…?» que comentaba Rosario, que nos hace empatizar con un futuro posible, que nos hace previvir situaciones. La ucronía nos muestra un escenario y un entorno que podemos habitar, siendo inteligentes elegiremos el mejor; esos, sí debemos construirlos desde el presente, día a día, aquí y ahora, y nunca olvidando las lecciones del pasado.

 

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