60 años de Radio Clásica

Cuando a finales de los años ochenta descubrí Radio2 de Radio Nacional de España (RNE) —posteriormente, en 1994, pasó a llamarse Radio Clásica—, supe que había encontrado un refugio cultural donde poder instalarme, pasados los años ese refugio se convirtió en residencia habitual y desde entonces forma parte de mi cotidianidad. La archiconocida frase de Friedrich Nietzsche «sin música la vida sería un error» incluida en el Crepúsculo de los ídolos, la refuerzo con la apreciación de George Steiner cuando expresa que «la necesito físicamente, todos los días. Un día sin música es un día muy triste».

Para un joven de los ochenta instalado en la periferia geográfica y también cultural de aquella circunstancia, el influjo de las modas era muy poderoso, los más inquietos nos dejamos seducir por el esnobismo de las nuevas propuestas culturales. Durante el encandilamiento snob apenas teníamos interés por salirnos del marco que se nos ofrecía pero, poco a poco, los más inquietos exploramos otras sendas que nos proporcionaran unas bases más sólidas descendiendo hacia las raíces, descubriendo que lo más valioso de lo moderno se nutría de una acendrada tradición cultural.

En lo musical, la New Age y el Minimalismo comenzó a ganar enteros en mis gustos y de ahí, el triple salto mortal hacia la llamada Música Clásica. ¿Qué propició esa pirueta? El descubrimiento de Radio2 como emisora dedicada casi en exclusividad a la Música Clásica. De modo paralelo, el acercamiento a dicha música a través de los gustos de mi padre y del artista local Julio Ceballos me sirvió de punto de apoyo a tal efecto. A través de este último y la creación de Juventudes Musicales de Chipiona —de la que soy miembro fundador y socio—, siguiendo el ejemplo asentado en Sanlúcar de Barrameda, nos dio a un grupo de jóvenes la oportunidad de ir profundizando en el mundo de la Clásica.

 

Esa transmutación hizo que abandonara mi programa radiofónico en la emisora local Radio Chipiona sobre Música Pop (llamado Underground) hacia otro de New Age (Alternativa) y finalmente hacia Clásica de 0 a 100, que es así como se llamó el programa. Con este espacio en las ondas pretendía hacer una labor de divulgación de dicha música en paralelo a la labor de campo que Juventudes Musicales realizaba. Radio2 fue esencial para el crecimiento de mis conocimientos en dicho campo, también tenía la oportunidad de hacerme con los coleccionables en CD que las grandes editoriales que llegaban a la librería de mi familia. A ello se unía la posibilidad de acudir a los abundantes conciertos de gran calidad que dicha asociación ofrecía tanto en Chipiona como en Sanlúcar de Barrameda.

 

Durante mis estudios, los programas de la actual Radio Clásica me acompañaban en bucle, no rechazaba nada, todo pasaba por mis oídos, desde la Música Antigua hasta las vanguardias; posteriormente, enriquecía aquellos programas con lecturas complementarias y otras audiciones. En mi archivo personal todavía conservo las revistas de programación que la emisora remitía a los oyentes suscritos a la misma. En aquel programa de Clásica de 0 a 100 llegué a entrevistar telefónicamente al director de Radio Clásica, Adolfo Gross Bolín, lamentablemente no se conserva grabación de la entrevista.

Grandes programas y excelsos locutores han enriquecido el acervo musical de miles de oyentes. Recuerdo a José Luís Téllez, José Luis Pérez de Arteaga, Fernando Palacios, Olga Barrio, Fernando Argenta, Ana Vega Toscano, Arturo Reverter, Sergio Pagán, José María Velázquez-Gaztelu, José Luis García del Busto, José Ramón Ripoll,… Que me perdonen los que ahora no tengo en la memoria y con especial recuerdo a los que ya no están entre nosotros.

 

En la Revista de Programación de este mes de noviembre de Radio Clásica, los dos últimos locutores mencionados escriben en ella.

José Luis García del Busto indica al finalizar su artículo que «hay personas que me dicen que me siguen oyendo en la radio, casi veinte años después de haberme jubilado no solo me enorgullecen, sino que me confirman que he tenido el privilegio de trabajar más de treinta años en el más cálido de todos los medios de comunicación: la radio».

Por su parte, mi admirado José Ramón Ripoll aporta sus vivencias: «Recuerdo los estudios de RNE como una de las grandes escuelas musicales de entonces. A ellos acudían solistas y grupos de todas partes a grabar repertorios poco conocidos o integrales de obras que hasta ese momento habían permanecido dispersas. Algunas de aquellas grabaciones eran auténticas clases magistrales […]». Finaliza recordando su recorrido por Radio Clásica añadiendo que «estas son algunas pinceladas del gran mural de Radio Clásica, al que cada quien aportó un imprescindible detalle, siempre desde la singularidad de cada uno, pero sin perder de vista nuestro proyecto común».

 

En la actualidad, Radio Clásica es mucho más abierta en contenidos que aquella que yo comencé a escuchar, es lógico que se adapte a la realidad, demostrando así que es una emisora viva y actual. El relevo de los míticos locutores se va produciendo de modo exitoso y la variedad ofrecida se agradece. La aparición de los podcast o programación a la carta ha enriquecido mucho la posibilidad de volver a los programas que más nos complacen en cualquier momento. La especialización de alguno de sus espacios es también una cuestión a resaltar, se adentran en terrenos musicales poco explorados y nos ofrecen visiones complementarias y, en ocasiones, casi inadvertidas.

 

Radio Clásica cumple 60 años y es un lujo a nuestro alcance, un lujo para una inmensa minoría que encuentra un modo de acompañamiento idóneo. No es exclusivo ni privativo, es público y abierto, todos aquellos que deseen pueden incorporarse en su interés por la Música y la Cultura. Es un oasis sonoro, un remanso de paz y de conocimiento. En pocos lugares encontraremos un reducto amable y amoroso para el humanismo y la humanidad como en Radio Clásica; quien la probó, lo sabe.

 

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