Los últimos trovadores
Tengo la impresión de que todo aquel que se haya aproximado al mundo de los cantautores ha tenido un peculiar modo de conocerlos y adentrarse en ellos.
El mío fue a través de mi primo Manuel Guardia, en la habitación de la casa de sus padres tenía unos estantes llenos de casetes de cantautores, mayoritariamente españoles, franceses y cubanos, libretas con las letras de sus canciones y un magnetófono bastante decente. Mi primo fue cantautor antes que carnavalero, de casta le venía por su tío, su padre y mi padre, y en parte de mis abuelos paternos. Su pasión era grande, aceptable guitarrista, bandurrista y músico, esforzado cantante y buen letrista, me introdujo en el mundo de Mustaky, Aznavour, Brassens, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Javier Krahe y La Mandrágora,… Y en ese cuarto nació mi interés por los cantautores que cobraría una mayor dimensión muchos años después.
Parafraseando irónicamente a Gil de Biedma podría decir aquello de «que la música iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde». Imbuido por la efervescencia de los años 80, como todos mis amigos, estábamos en la onda pop con los grupos y cantantes españoles de moda, también atraídos por la música en inglés, el indie, el punk, el afterpunk, la new wave, el pop,… Hubo una época en que la demás música no existía para nuestros oídos.
Yo siempre había escuchado por otras personas que todo buen melómano termina interesándose y conociendo otros estilos musicales y así fue. La música clásica, el jazz, el flamenco, la new age, las músicas de raíz,… todo fue llegando atraído por las escuchas de diversos programas y emisoras musicales y la influencia de otros amigos y conocidos.
Volver a los cantautores surgió de una curiosa serendipia musical, cuando compré el vinilo del álbum Morir en primavera (1988) de Loquillo y trogloditas y lo pinché en casa, sonó el segundo corte La mala reputación; leyendo los créditos observé que era una versión de Georges Brassens y de repente recordé la vez que escuche La mauvaise réputation. De repente los cansautores volvieron ser para mí nuevamente los cantautores.
Tras ello, vino una progresiva recuperación de aquellos cantautores que conocí por mi primo Manolo Guardia y a los que añadí mis nuevos descubrimientos, los crooners estadounidenses, las voces tropicales de la bossa nova, la amplia nómina de cantautori italianos,…
De la influencia norteamericana comencé por el Rat Pack con la tripleta Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Dean Martin, posteriormente añadí a Cab Caloway, Louis Armstrong, Tony Bennett, Ben Crosby, Fred Astaire,…
La bossa nova me aportó aire fresco y renovador con Vinícius de Moraes, Toquinho, Joao Gilberto, Tom Jobim, Caetano Veloso, María Bethania, Astrud Gilberto,…
La veta italiana provino de Fabrizio De André, Doménico Modugno, Nicola di Bari, Franco Battiato,…
Los cantautores del pasado siglo y algunos del presente, con sus diferencias y matices, tienen las reminiscencias de los trovadores medievales, los que con la poesía y la música hacían llegar a las poblaciones sus historias y en buena parte la crónica del tiempo que les tocó vivir. También los juglares podrían tener concomitancias con los actuales cantautores cuando lo hacen de un tono más lúdico e informal.
La figura del cantautor contemporáneo esta hoy en día casi desaparecida, apenas tiene vigencia, la instantaneidad y superficialidad que rige nuestra cotidianidad la ha dejado sin hábitat. Queda acudir a la nostalgia, rememorar o recuperar la herencia de los últimos cantautores, aferrarnos a que algún día cambiarán las tornas y que la sociedad tenga necesidad de que nos canten y nos cuenten nuevas trovas.
Uno de los trovadores actuales que más admiro es Amancio Prada, su versatilidad y sensibilidad es impresionante, lo ha demostrado durante toda su carrera musical. Música, guitarra, canto y palabra se imbrican mágicamente en todos sus trabajos, impregna a las poesías de sinergias delicadas e íntimas que llegan a lo más profundo, dotándolas de cualidades y sutilezas sorprendentes.
Hace unos días he disfrutado del concierto antológico que Amancio Prada ofreció en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera bajo el título Libremente, 50 años en escena. Como recoge en las notas de ese programa «muestra y revela las huellas y voces que laten en su propio canto y que han ido trenzando el hilo de su vida de artista. De las ensoñaciones de Rosalía de Castro y Federico García Lorca, pasando por las de Gustavo Adolfo Bécquer, Álvaro Cunqueiro, Darío Xoán Cabana, Agustín García Calvo y Chicho Sánchez Ferlosio a las suyas propias, de su nuevo disco, titulado Prada Prada».
Nos contó los entresijos de sus relaciones con otros poetas, escritores y músicos, algunas de sus anécdotas y vivencias, las impresiones y recuerdos de sus trabajos en la música.
Nos cantó varios de sus hitos, mi predilecto Romance del Conde Arnaldos, el oscuro y mágico Espíritu sin nombre de Bécquer, el archiconocido Adiós ríos, adiós fontes de la admirada Rosalía de Castro, el Hoy no me levanto yo de su amigo Chicho Sánchez Ferlosio, romances a la zanfoña y sí faltó algo del misticismo de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Como primicia, nos brindó el estreno de un viejo poema de su amiga Carmen Martín Gaite dedicado a él.
Finalizó el concierto con una de las poesías amorosas más bellas que se han escrito, Libre, de su íntimo amigo Agustín García Calvo, amplificada maravillosamente por Amancio Prada.
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