El Partido Abstencionista

     El abstencionismo electoral es un hecho que merece una atención especial, tanto por las causas como por su incidencia.

         A priori resulta preocupante que en un régimen democrático los niveles de abstención electoral sean altos, es objetiva e inequívocamente un mal síntoma y un problema crónico del sistema democrático.

         Grosso modo, el motivo que lleva a un votante a no ejercer su derecho parte, activamente, de una decisión más voluntaria y razonada o, pasivamente, de resultas de una desafección generalizada y un tanto sociológica hacia la política. Sobre esta última cabe incorporar en el concepto de abstencionista a los votantes que optaron por el voto en blanco e, incluso, nulo. También es importante tener en cuenta la llamada abstención técnica, que incluyen a los votantes que no han podido ejercer el voto por razones ajenas a su voluntad (enfermedad, incapacidad, fallos en el censo, ausencia,…).

 

   La crisis de representatividad de los sistemas democráticos tiene un resultado obvio en el abstencionismo. Una parte muy considerable de los votantes no se sienten representados por los políticos electos y las candidaturas de los partidos. Los sistemas electorales propician una democracia meramente representativa e indirecta con la imposición mayoritaria de listas cerradas y bloqueadas y que perpetúan el bipartidismo o la oligarquía de partidos.

 

Resulta muy dilucidador comparar la evolución histórica de la abstención en las elecciones generales en España (1977 a 2023) y compararlo con el voto a las candidaturas. Con anterioridad a 2015 el porcentaje de votos del partido más votado solía ser superior al 40%, desde el citado año se produce una fractura del bipartidismo y el partido más votado se sitúa entre el 28% y el 33% de los votos, el mismo porcentaje que marca el abstencionismo durante el mismo periodo.

Dicha comparativa realizada en las elecciones al Parlamento Europeo desde 1986 en adelante (en datos a nivel europeo) lleva a unos niveles de abstención superiores del 50% entre 1999 y 2014, manteniéndose muy cercanos al 50% en las elecciones de 2019 y 2024.

 

Partiendo de la base de que todos sistema electoral tiene ventajas e inconvenientes, debe tenerse muy en cuenta que la repercusión de la abstención apenas tiene una consecuencia acorde en el reparto que se establecen en los parlamentos y similares. En términos económicos podría decirse que existe una total insensibilidad e inelasticidad entre la abstención y el sistema de reparto, los parlamentos y similares tendrán el mismo número de escaños, diputados, concejales,… ya que el sistema de reparto garantiza que esos sean inamovibles; si a ello le unimos el sistema de listas cerradas y bloqueadas, el anquilosamiento y el poltronismo de los partidos está institucionalizado.

 

         El abstencionismo activo se instaura en los sistemas electorales de nuestras democracias electorales como un mero y superfluo ejercicio de derecho al pataleo, los abstencionistas son ilusos ciudadanos enrabietados y poco más; todo controlado. «¡Abstencionistas del mundo, uníos!», tal vez esta sería la remozada consigna que haría en la actualidad un Marx redivivo, puede que hoy en día no exista nada más revolucionario en las sociedades con democracias liberales que la movilización y la toma de conciencia de los abstencionistas.

 

         En la amalgama abstencionista hay una gran masa de ciudadanos críticos, de personas que no se dejan intoxicar y arrastrar por las consignas fáciles, populistas y demagógicas. Son ciudadanos que no encuentran a unos representantes dignos de defender sus valores con un mínimo de espíritu crítico, unos parias del sistema político, unos bichos raros que reclaman sentido común, apego al bien común y a la altura de miras. Son los no votantes del Partido Abstencionista, los políticos sin partido y los ciudadanos de segunda sin voto y con voz ensordecida, los condenados al ostracismo político.

 

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