Ritirata nocturna y veraniega
La hipertrofia estival que impone la canícula a casi todo el acontecer cotidiano en estas fechas requiere de su debido contrapunto, por exigencia vital y física, la dilatación excesiva precisa de su reactivo; por ejemplo, en nuestra Andalucía la siesta es una prescripción natural para combatir la pesarosa fatiga de sobrellevar la inclemente arbitrariedad del termómetro.
Ese aletargamiento al que se nos conmina, nos invita a aminorar la marcha, a tomarnos más pausadamente nuestra ajetreada dinámica habitual. Rendidos y sumisos ante las circunstancias, podemos acompasarnos al ritmo que se nos marca y deleitarnos con los placeres que la lentitud nos proporciona, ahondando, escudriñando, paladeando, sopesando y decantando nuestras acciones. El deleite y el esmero emanan, los sutiles efluvios son detectados y nos embelesan; los detalles antes inadvertidos cobran ahora entidad y protagonismo.
El estiaje de nuestro mermado torrente vital busca el agua del remanso, la suavidad de la brisa, el frescor de la umbría, la quietud. En mi caso, la lectura ocupa buena parte del tiempo de ocio veraniego, escojo lecturas acordes a este periodo, son bien distintas a la de otro periodo del año, más frugales y distendidas, más amenas y ligeras. La poesía se disfruta en agrado con cortas lecturas pero intensas, buscando una temática más sensual. La novela mejor corta y por capítulos que la de tomo y lomo. La prensa se relega temporalmente, huimos de las apremiantes noticias de la actualidad para encontrar un merecido sosiego.
Personalmente, la actividad con la que más disfruto en verano es con la música en directo, la propensión expansiva del estío tiene, para mí, su máximo exponente en esa particular expresión. El culmen lo encuentro en los conciertos vespertinos al aire libre de Música Clásica. La naturalidad que proporcionan los instrumentación clásica y el amplísimo repertorio que la llamada Música Clásica proporciona, añadida a un entorno, escenario o auditorio por lo general ideales y al receso crepuscular del rigor climatológico, hacen que confluyan las mejores condiciones para una excelente velada musical.
La gran mayoría de eventos en las que se dan esa suma de circunstancias los he vivido de la mano de Juventudes Musicales (JJMM). Para los que desconozcan la labor de esa asociación sin ánimo de lucro, indicar someramente lo que se recoge en la web española: “el movimiento de Juventudes Musicales ha sido calificado por la UNESCO como ‘el movimiento cultural juvenil más importante del mundo’. Se trata de un movimiento internacional multicultural formado por una red que ofrece actividades múltiples y diversificadas en todo el mundo”. Conozco y he asistido a multitud de actividades y asambleas de JJMM. Soy socio y miembro fundador de JJMM de Chipiona desde hace más de 30 años, gracias al impulso fundacional de su promotor Julio Ceballos.
El elenco de músicos y agrupaciones que han pasado durante tantos años ha sido impresionante, hemos tenido y seguimos teniendo la oportunidad de escuchar a grandísimos intérpretes, la gran mayoría jóvenes que estaban terminando su carrera académica y que provenían de participar en certámenes de JJMM en los que se exigía una altísimo nivel. Un lujo a nuestro alcance del que todavía disfrutamos.
JJMM de Chipiona celebra todos los veranos el Festival de Música “Ciudad de Chipiona”, este año cumple la XIV edición. Un programa extenso y variado que se desarrolla tanto en el salón principal del señero Hotel al Sur de Chipiona como en el recoleto Claustro del Santuario de Nuestra Señora de Regla. El pasado domingo 15 de agosto tuvo lugar el concierto de la Camerata 1910, Vivaldi, Mozart, Boccherini y Turina fue el programa exquisito para las cuerdas de esta formación de cámara. La oración del torero del sevillano Joaquín Turina cerró el concierto, una música íntima y espiritual que ahonda en ese trance vital que el matador revive y ceremonia antes del comienzo de su inminente faena y que alcanza una expresividad magistral hasta plasmar musicalmente la ferviente oración.
Los jóvenes intérpretes de la Camerata 1910 también mostraron su virtuosismo y buen sentir musical con la genial Música nocturna de las calles de Madrid de Luigi Boccherini, más conocida como la Ritirata, Retrata o Retirada. El propio autor la describió así: “Este quinteto representa la música que pasa por las calles de Madrid al atardecer, desde la campaña del Ave María hasta la retreta …” Aunque nacido en Luca, Boccherini (1743-1805), compositor y chelista, se formó en Roma y tras pasar por Milán y París se instaló en Madrid hasta que en 1770 es nombrado compositor de la capilla real del infante Luis Antonio, sexto hijo de Felipe V. Incorporó a su estilo galante su propio sello compositivo, incorporando las reminiscencias de Palestrina y Allegri, el clasicismo de Haydn y la impronta de la tradición musical española; de ese modo su música sino española, sí españolizante, es de una delicadeza y elegancia que cautiva.
Esa música cortesana pero que también recoge el sentir y las costumbres españolas, como se refleja perfectamente en esa Música Nocturna, ahora resuena en el claustro junto con la reverberación silente del Salve Regina, bajo el resplandor de la media luna, entre las plataneras y el olor a jazmín, se mezcla con los ecos de las resaca de las olas.
Pero no todas las personas buscan la serenidad y el descanso que las vacaciones veraniegas debieran conllevar, “hay gente pa tó”, por muy evidente que este racionamiento parezca. Por la general esa escena idílica del claustro no es lo común, ni siquiera en el porcentaje que mereciera, hay personas que se ven atacadas por la picadura de la avispa de la hiperactividad y manifestando un tendencia a vociferar por doquier. Por añadidura se abusa del ruido, de la música ensordecedora de los altavoces; una falta de respeto a la convivencia y una invasión en la libertad de los demás conciudadanos. Todo ello con el agravante de producirse en horario de descanso o de menor actividad, cuando buscamos y necesitamos la tranquilidad.
Momentos antes de comenzar esa preciosa música de Boccherini, un clamor vociferante y la estridente música amplificada, proveniente de un lugar cuyo nombre mejor no saber, invadía el espacio sonoro del claustro; pero mágica y súbitamente cesó, la armonía se impuso al disturbio y pudimos disfrutar placenteramente.
¿Cuánto mejor sería nuestra realidad de preferir la armonía del sosiego a la fanfarrona interferencia del perturbador ruido, lato sensu, que invade nuestra convivencia?
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