La sutil crueldad de Chema Madoz

Hace unos días tuve la ocasión de visitar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la exposición y trabajo fotográfico “Crueldad” de Chema Madoz.

Comencemos por el final, y nunca mejor dicho. La obra final de dicha exposición se titula “The End”, sobre una fotografía de las constelaciones vistas desde el hemisferio norte, las palabras “The End”, gran y cruel paradoja: sobre la infinitud que nos dibujan las constelaciones, un grito cuasi apocalíptico, “El Final”.

La publicación asociada a dicha exposición editada por el propio Círculo de Bellas Artes y La Fabrica, en la que además de las fotografías se recogen textos de los comisarios de la exposición, Juan Barja y Patxi Lanceros, complementa magníficamente el trabajo del autor. A la fotografía final antes mencionada se le acompaña un fragmento de la letra de Jim Morrison para la intrigante canción “The End” de The Doors: “Hermosa amiga, éste es el fin / Mi única amiga, éste es el fin / De nuestros planes nada nos queda / Nada es seguro, no habrá sorpresas / Ya el fin se acerca, ya el fin se ve / Tus ojos nunca volveré a ver / ¡Ay, si una mano aún estrechara / en esta tierra desesperada!”.

 

La crueldad y la paradoja de la existencia que bien expresaba Jim Morrison en sus letras, poemas y puestas en escena, muy influenciado por el “teatro de la crueldad” (precursor del teatro moderno) del polifacético Antoine Artaud, se ve también reflejada en las imágenes de Madoz con sutileza, con medida provocación y con gran hondura filosófica. Como bien matizan los comisarios acerca de la crueldad que el autor quiere expresar, “no es esa que radica en la intención ni en la (perversa o mala) voluntad, sino otra, más honda e inquietante, que se muestra en las cosas cuando se las observa con paciencia, con la suspicacia y rigor que son para ello necesarios…

 

Ciertamente hay una voluntaria modulación de Madoz sobre el impulso violento que Artaud perseguía en las consignas programáticas del “teatro de la crueldad”, contenidas en “El teatro y su doble”, cuando indicaba que “aquel que apuesta por el impacto violento en el espectador. Para ello, las acciones, casi siempre violentas, se anteponen a las palabras, liberando así el inconsciente en contra de la razón y la lógica”. Hay una comedida provocación en casi todas las fotografías, trabajadas con la meticulosidad y método de un escultor hasta lograr el efecto deseado y trasladarnos el mensaje buscado. Comenta Madoz que “la fotografía para mí supone descubrir algo de lo que, hasta ese momento, no era consciente, intuía que había ahí algo que era distinto, que no tenía que ver con la noción de útil, de usar el objeto para lo que está creado”. Las imágenes propuestas tienen un  importante componente de “poesía visual”, quieren decir algo (o mucho más) de lo que aparentemente representan, son “cruelmente” manipuladas para expresar una novedosa interpretación que nos sume en la paradoja. La fotografía se despoja de toda instantaneidad y espontaneidad para ofrecerse una segunda lectura, una reinterpretación desde una perspectiva filosófica utilizando el contraste de significados.

 

Fotografías que impactan. Bajo la máscara funeraria nunca debemos olvidar que hay una calavera, por más que vendemos un cuchillo no podemos despojarlo de su punzante función, unos dardos modernos siguen clavando a Jesucristo en su cruz, una anillo es un hermoso señuelo para un cepo, un collar de perlas es una preciosa soga que puede ahorcarnos, los corazones también pueden estar dibujados por parejas de anzuelos, la araña pulsa las teclas como la arácnida mano del pianista, una sierra circular sirve de bacía a otra calavera en una estampa quijotesca, incluso una inerte lámina con una rosa dibujada deja caer sus decrépitas hojas sobre la mesa…

 

En una reciente crónica para ABC Cultural, Fernando Castro López, comenta una sensación que creo es compartida por los que hemos contemplado sus fotografías, “cuando veo sus obras no puedo dejar de pensar que eso lo teníamos en la punta de la lengua o, para ser menos imprecisos, casi clavado en la retina”. El uso de la metáfora se adentra en nuestro más instintivo subconsciente, de un modo subliminal, penetra en pensamientos e imágenes residuales que deambulan en algún momento por nuestras mentes.

 

Lejos del actual uso y abuso de la instantánea que pretende robar escenas de la realidad sin más finalidad que la testimonial y de un modo prosaico, el uso artístico y la mirada artística de la fotografía indaga sobre un trasfondo más sustancial. Quizá haya algo de crueldad en esa mirada que escruta, que no le vale la evidencia de lo dado, que sospecha de su realidad y que persigue develar la pátina de la apariencia que se nos muestra. A veces, para encontrar la belleza es preciso soportar ciertos envites de crueldad y desasosiego, es un peaje ineludible que debemos pagar si queremos embelesarnos.

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