Revisionismo histórico

Historia y pasado forman un binomio inseparable, esto que es una palmaria perogrullada, no lo es tanto para aquellos que quieren hacer de la historia, en tanto pasado, la razón principal y continua para construir el presente. Así, partiendo de la falaz premisa de una interpretación histórica de los hechos como única y verdadera (grosso modo), algunos pretenden que el revanchismo, proveniente de las iniquidades de la historia, marque nuestro presente y futuro. Ni que decir tiene que son necesarios el conocimiento  y el reconocimiento de los grandes errores históricos, son evidentes y existe el suficiente consenso sobre ellos. Pero por mucho que se nos advierta que debemos ser conscientes de nuestra historia para evitar repetir sus peores episodios, tenemos sobradas pruebas de reincidencias históricas con desafortunados finales; como humanos que somos tropezamos más de una vez con las mismas piedras

Sea como fuere, acercarse a la historia desde un punto de vista dogmático no es nada aconsejable, la historia no es una ciencia exacta, el propio Rousseau lo indicaba: “Estudiar la historia, es estudiar las opiniones, los motivos y las pasiones de los hombres; el fruto de este estudio debe ser aprender a conocerse a uno mismo conociendo a los otros: corregirse con los ejemplos y adquirir experiencia sin peligro”. Esa aproximación prima la componente humana a la meramente fáctica, al igual que indicaría posteriormente Unamuno con su aportación sobre la intrahistoria. Los hacedores e intérpretes de la historia no deben olvidar que la intrahistoria hace la historia.

 

      La historia es un resultado de la evolución humana, tanto a nivel social como individual (otra perogrullada que creo conveniente recordar). El revisionismo histórico que se salta a la torera la evolución o el devenir de los acontecimientos inmersos en su contexto es de una ignorancia supina. Existe un revisionismo histórico que pretende reescribir la historia por el mero hecho de querer hacer justicia, una especie de juego de ciencia ficción que persigue regresar al pasado para recomponer la historia. Por muy loable y bien intencionada que sea esa tentativa no deja de ser una gran incongruencia, a todos nos gustaría ser hijos de Abel y no de Caín, o en todo caso de Set.

 

En estos tiempos de corrección política los que osen ir contra la corriente mayoritaria pueden ser catalogados de retrógrados, clasistas, supremacistas, o cualquier que otro adjetivo despectivo con el que se les pueda sacar del terreno de juego colgándoles el sambenito correspondiente. Por otra parte, también se puede ser víctima del “fuego amigo”, cuando uno de los bandos en litigio te acepte como “animal de compañía” para sus interesados fines. Alguien tiene que colgarle el cascabel al gato, al trol o al espécimen de turno. Pero no es cuestión de hacerse los nuevos, siempre ha habido personas y grupos que valientemente han osado enfrentarse, a diferentes niveles, a las corrientes mayoritarias y a las imposiciones, contradiciendo a los que han intentado escribir la historia oficial.

A la altura de los tiempos que estamos cabrían hacerse varias preguntas retóricas: ¿siguen siendo necesarios los héroes? ¿necesitan héroes las democracias? ¿han muerto los héroes? ¿algún héroe es esperado?

En nuestros días se precisa valentía y asumir la alícuota responsabilidad solidaria como ciudadanos para construir las mejores páginas posibles de la historia, para alcanzar los niveles más evolucionados de nuestras sociedades. Por otra parte, el comportamiento honesto de los antes comentados hacedores e intérpretes de la historia es esencial, los protagonistas y responsables de escribir la historia deben evitar la tergiversación y la manipulación que las ideologías imponen manteniendo la objetividad más aséptica posible.

Aprender las lecciones que nos aporta la historia debería ser el principal objetivo de su lectura, para evitar los callejones sin salida y atisbar anticipadamente el caldo de cultivo de los conflictos. Los que se anquilosan o atrincheran en el pasado, los que mantiene artificialmente abiertos los frentes de los casus belli, ya sea a la ofensiva como a la defensiva, los que optan por el “divide y vencerás”, poco aportan de positivo a la historia que escribimos ahora y que conformará nuestro futuro.

 

     Quizá la historia siempre se escriba con renglones torcidos. Hasta hace poco podía sostenerse aquello de que “la historia la escriben los vencedores”, los antaño vencedores, los detentadores del poder, que ejercían sus prerrogativas. Ahora, en pleno siglo XXI, creo que como ciudadanos debemos preocuparnos por escribir límpidamente los capítulos de la venidera historia, con buena caligrafía, para que pueda ser descifrada y entendible por las futuras generaciones. Un revisionismo estéril no contribuye a mejorar nuestra realidad, será imperdonable para las nuevas generaciones que no optemos por asumir la historia de un modo honesto y objetivo, alejándola de los sesgos nocivos y tendenciosos. El futuro no es más que la historia que construimos día a día.

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