Alfonso X, un monarca moderno

Hacer una aproximación didáctica de un personaje histórico trayéndolo a nuestra actualidad y, en la medida de las posibilidades, bosquejarlo en un marco  contemporáneo, es un ejercicio hartamente complicado y arriesgado. Conforme aumenta la distancia temporal en relación al contexto histórico del personaje que se toma en consideración, ese cotejo pretendido se hace más difícil. Por el contrario, cuando la dimensión del personaje es poliédrica, decisiva e influyente, la comparación y la aproximación se hace mucho más asequible debido a que cobra un halo de modernidad y de cercanía que lo hace más inteligible. La característica poliédrica que antes apuntaba es crucial y diferenciadora de estos casos, le da una preponderancia exclusiva ya que se imbrica en lo social, cultural, político, …

El 23 de noviembre de 1221 nace en el convento de la Santa Fe de Toledo Alfonso X, llamado el Sabio, se cumple en estos días el octavo centenario de su nacimiento. Sin lugar a dudas se trata de una de las máximas figuras de la historia española, durante su reinado tuvo lugar una crucial fase final de la Reconquista, sentó las bases que con el devenir de los años conformaría la España moderna, promovió importantes avances en política económica, introdujo novedades en la gobernanza dando preponderancia a las Cortes, en materia jurídica elaboró leyes de gran relevancia y unificadoras basándose en el Derecho Romano, y en el ámbito cultural y científico llevó a cabo una amplia y variadísima obra de una calidad excepcional. En plena época medieval la encomiable labor de Alfonso X le hace ser un adelantado a su tiempo, convirtiéndose en un precursor de Renacimiento y del Humanismo.

En primer lugar hay que atender al linaje de Alfonso X, aparte de ser hijo y heredero de Fernando III el Santo y ya monarca de León y Castilla. Pretendió devolver el esplendor del poder visigótico perdido tras la invasión musulmana del siglo viii, como queda refrendado en los hechos de su reinado. También hay que tener muy en cuenta que era descendiente por vía materna (Beatriz de Suabia) tanto de Federico Barbarroja (emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) y de Alejo Comneno (emperador de Bizancio). Añadir que en 1241 contrajo matrimonio con Violante de Aragón, hija de Jaime I el Conquistador.

 

Desde niño recibió una sólida formación, uno de sus ayos (educadores), el franciscano fray Juan Gil de Zamora dibuja la siguiente semblanza del joven Alfonso X: « […] desde su adolescencia agudo en ingenio, diligente en el estudio, brillante en memora y, en lo que se refiere a su exterior, discreto en la elocuencia, prócer en elegancia, modesto en la risa, honesto en la mirada, sencillo en el andar, sobrio en el comer». Con diez años, mandado por su padre, participó en su primera algarada en las proximidades de Jerez y de Vejer; con la zona del Bajo Guadalquivir y muchos municipios de Cádiz tuvo el rey una especial asiduidad.

El 31 de mayo de 1252 fallece su padre y Alfonso X toma el trono en Sevilla. Prosiguiendo la labor reconquistadora de aquel, logró la incorporación de buena parte de la Andalucía Bética, la conquista del reino taifa de Niebla y del reino de Murcia, la fijación de fronteras con el reino nazarí de Granada, la ofensiva contra los benimerines que más tarde serían sus aliados contra su hijo Sancho, …

En la zona gaditana tomó sus ciudades, especialmente Jerez, Cádiz, Alcanate (El Puerto de Santa María). Acudió a los levantamientos mudéjares en Jerez, Arcos, logró anexionar Vejer, Rota, Sanlúcar de Barrameda, entre otras, y acudió a la defensa infructuosa de Algeciras y Tarifa. También repobló esa zona (Cádiz por ejemplo con cántabros, vascos, francos, genoveses, catalanes, …), otorgó cartas-pueblas y realizó donadíos.

 

Dado el carácter rural de la mayor parte del territorio del reino y su continua expansión, favoreció una política económica adaptada a las necesidades. La creación del Honrado Concejo de la Mesta fue un importante instrumento, las cañadas facilitaron el intercambio conjuntamente con el impulso a las 25 ferias existentes, el fomento de las cofradías artesanales. En lo referente a la política monetaria unificó el sistema de pesos y medidas, resultó fallida la acuñación de nueva moneda y sus valores. Respecto a la fiscalidad, intentó proveer de nuevos ingresos para satisfacer los requerimientos del expansionismo, la presión fiscal hizo que tanto los concejos como la alta nobleza y las oligarquías urbanas manifestaran su descontento. Por ello, y a pesar de la insistencia en su reforma, al final de su reinado tuvo que rectificar y renunciar a ella.

 

Como gobernante utilizó la convocatoria de las Cortes como un instrumento habitual siendo el primer monarca castellano en hacerlo, una de las más importantes se celebró en Jerez el año de 1268. En ellas estaban representados los nobles, los eclesiásticos y el tercer estado (miembros de la familia real, los prelados, los ricos hombres y representantes de las ciudades). Fue muy notable su labor legisladora, basada en el Derecho Romano. El Fuero Real, el Espéculo y las Partidas, que fueron redactadas en castellano, conformó su cuerpo legislativo. El Fuero Real elaborado para que «se judguen comunalmente varones e mujeres» unificó todo el derecho local de su reino y fue de aplicación en determinados concejos. El Espéculo o Libro del fuero perseguía ofrecer la redacción exhaustiva del derecho del reino. Sin duda las Partidas es su obra jurídica más destacada, recogida en un número de siete, ofrecen un código jurídico amplio.

 

     Aunque la faceta más excelsa de Alfonso X fue la cultural. Se atribuye a su labor la consolidación del castellano como lengua de uso. También era un experto y apasionado astrónomo, incluso con matices esotéricos, las Tablas astronómicas alfonsíes salidas de su corte marcaron el desarrollo posterior en su materia. La Grande e General Estoria y la Estoria de España escritas en castellano rompen con la mera crónica y tienen un valor más histórico y general. En cuanto a su obra poética y musical, las preciosas Cantigas de Santa María, con cierta controversia sobre su total autoría, están escritas en lengua galaico-portuguesa, una obra maestra en loor a la Virgen María (en su mayor parte) tanto en lo vocal como en lo instrumental y que están destinadas para el canto de los juglares. Los Libros de axedrez, dados e tablas destacan su faceta lúdica conjuntamente con su afición por la música; el tratado de ajedrez marca el camino hacia el ajedrez moderno. La labor de encuentro entre las tres culturas en Toledo y el comienzo de la Escuela de Traductores destacan su amplia visión.

 

     El final de su reinado se complica. La muerte en 1275 de su hijo primogénito, Fernando (conocido como el de la Cerda), hace que su segundo hijo, Sancho, reclame el trono. Según lo recogido en las Partidas el legítimo sucesor debía recaer sobre un hijo del primogénito, se desencadenó el conflicto y finalmente Alfonso X decidió desheredar a su hijo Sancho.

También en ese mismo año se produce su renuncia a ser coronado emperador germánico, el llamado «fecho del Imperio», una disputa abierta en 1257, en la que finalmente los güelfos (partidarios de los pontífices romanos) ganaron la partida a los gibelinos (defensores de los emperadores germánicos). Tras un encuentro de dos meses en Beaucaire (Francia) con el Papa Gregorio X, Alfonso X renuncia a la disputa por el título imperial en favor de Rodolfo de Habsburgo.

En el imprescindible Alfonso X: la forja de la España moderna del historiador Julio Valdeón indica el autor: «No es extraño, por tanto que en la figura de Alfonso X se haya visto el precedente de la modernidad, tanto en el ámbito de la acción política como en el del pensamiento y cultura». Por otra parte, Benigno Pendás (Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas) en una reciente tercera de ABC que lo cierra puntualizando que «El Rey pasa, el Sabio permanece. Tenemos que honrar su memoria como es debido, con rigor histórico y orgullo legítimo, sin mezquindades ni prejuicios».

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