Cuando despertó, la COVID todavía estaba allí

     Augusto Monterroso, original y rico escritor hondureño nacionalizado guatemalteco, escribió uno de los microrrelatos más cortos y conocidos en lengua española: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».

La erótica literaria es evidente en esta breve frase elevada a la categoría de microrrelato, mágicamente la narrativa surge en la mente de los lectores, la imaginación construye el relato subyacente, las incógnitas brotan por generación espontánea. Cuando despertó, ¿por qué dormía?, ¿la matización adverbial cuando quizá indique que dormía desde hace mucho tiempo? Un dinosaurio, ¿cuándo ocurrió?, ¿dónde estaba? Nuevamente otro adverbio, todavía, ¿cuánto tiempo había transcurrido desde que se durmió?, ¿por qué no se había ido el dinosaurio? Allí, ¿en qué escenario se encontraba?

En julio del pasado año terminaba mi artículo COVID-19, combate por rounds aludiendo al citado microrrelato: «Para noquear a este duro adversario necesitamos muchos recursos y no caer en la relajación; y vuelvo a la literatura a tal efecto recordando el famoso microrrelato…». Siguiendo con ese símil pugilístico, una vez finalizado aquel primer combate en la que los humanos logramos la pírrica victoria frente al virus, nos encontramos en un nuevo combate en la que el retador amenaza con hacerse con el cinturón.

En Europa, los datos de contagios, ocupación hospitalaria y fallecimientos por COVID son preocupantes y han llevado a Austria a un confinamiento estricto de 20 días, también Eslovaquia ha tomado la misma determinación. En Alemania, República Checa, Bélgica, Holanda, Francia… se han reforzado los sistemas sanitarios y asistenciales tomando medidas especiales.

 

A esta situación se le une que el jueves 25 el Instituto Sudafricano de Enfermedades Infecciosas dio a conocer que se habían producido un inusual repunte de casos en Pretoria y Johanesburgo y la detección de los 22 primeros casos de la nueva variante Sudafricana llamada B.1.1.529, que ha sido bautizada por la Organización Mundial de la Salud como Ómicron (“o” pequeña), tomando el nombre de otra letra griega, al igual que las anteriores variantes Alfa, Beta y Delta. Al día de hoy los casos siguen en aumento y los contagios ya han llegado a otros países.

Preocupa de esta nueva variante las treinta mutaciones observadas, algunas de ellas que ya se encontraban en las anteriores y ahora se agrupan peligrosamente en la actual, van asociadas a una mayor transmisibilidad y capacidad para sortear los anticuerpos. El virólogo jefe de la Charité de Berlín, Christian Drosten, ha indicado que «el virus se está propagando más rápido o tiene otras propiedades que predicen un curso más severo de la enfermedad. La evaluación de la variante no se ha completado y en dos semanas podremos ofrecer información más fidedigna».

Así, la Unión Europea decidió suspender los vuelos procedentes del Sudáfrica, Lesoto, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Namibia y Suazilandia; otros países como el Reino Unido, Israel o Estados Unidos también han adoptado medidas similares.

 

Ante esta nueva amenaza el debate sobre la vacunación cobra más vigencia se azuza. Los porcentajes de vacunados son muy dispares por países y zonas geográficas, la posibilidad de establecer la obligatoriedad de la vacunación a toda la población, las nuevas dosis de recuerdo y las vacunas para la edades más tempranas,…

La media mundial de población vacunada con al menos una dosis es el 53,9%, en África es el 10,7%, en Sudamérica es el 71,7%. En Sudáfrica, origen de la nueva variante, solo el 23,5% tiene la pauta completa. En el resto de África, Marruecos tiene la mayor cobertura con el 60,7% seguido de Cabo Verde con el 42% y Túnez con el 42,1€. Pero las muertes en África se cifran desde el inicio de la pandemia en 152.000 (según la OMS) que contrastan enormemente con los 2,3 millones en América y los 1,5 de Europa.

Es curioso observar la disparidad de cifras de vacunados con la pauta completa en Europa, la media de población vacunada adulta es del 70%, España se encuentra en el 80%, Francia el 75,8%, Alemania en el 68%, Grecia y Austria en apenas el 60%. En Portugal, teniendo el más alto porcentaje, el 90%, los contagios se han disparado y se impondrán medidas de confinamiento a partir del 1 de enero de 2022.

En varios países centroeuropeos, el menor índice de vacunación respecto a la media tiene su motivación en el rechazo voluntario, el riesgo de contagio se ha visto incrementado y la posibilidad de que el virus mute y se aloje en una mayor población hace que la situación sea muy preocupante. El confinamiento estricto y el cierre de fronteras serán nuevamente una realidad.

Las sencillas palabras y preguntas retóricas del jefe del Instituto Robert Koch de Alemania, Lothar Wieler, pueden resumir la situación: «Los números están aumentando vertiginosamente […] esta situación es a expensas de todos. ¿Cuántas personas más tienen que morir? ¿Qué número de muertes nos convencerá de que la COVID-19 nos es una enfermedad menor? Solo podemos prevenir enfermedades graves, la saturación de las clínicas y las muertes si evitamos que las personas se infecten».

 

Corren tiempos en los que las evidencias no son suficientes para evitar la estulticia humana.

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