El folclore como punto de partida

La etnografía es una disciplina reciente que quizá naciera de la necesidad de prestar la debida atención al rastro deleble de una historia que podría perderse entre los anales de la Historia (con mayúsculas) registrando una especie de intrahistoria de la historia, la historia anónima y solapada de la gente, la historia de la vida de la gente que transcurre paralela al primer plano de la Historia oficial.

Existen personas y entidades que, con su escasez de recursos y con sus limitaciones, realizan una labor esencial e impagable por la conservación y recuperación de la historia y de las costumbres de los pueblos. Con un laborioso trabajo de campo, de investigación, de búsqueda debajo de las piedras, de indagación en la memoria colectiva, ganando el terreno al olvido, hacen acopio de documentos, registros, testimonios, objetos, pinturas, textos…

En estos tiempos de celeridad, de minusvaloración y agravio del pasado, de menosprecio a la historia, en los que parece ensalzarse el instante (que no el presente) y en el que el futuro colectivo está despojado de esperanza e ilusión, el encomiable esfuerzo de esas personas y entidades tiene un valor enorme como luchadores por la conservación de nuestro patrimonio.

Recientemente, la Asociación Cultural Caepionis de Chipiona ha presentado la publicación El cancionero popular de Chipiona, una recopilación de textos de canciones compiladas por epígrafes donde se recogen con gran variedad letras. Su coautora, Mª Rosa Cadierno Sánchez, indica en el prólogo que «sus temas, manifestaciones artísticas oídas, cantadas o contadas, han ido componiendo un amplio contenido temático donde caben: historias, leyendas, folclore, cuentos, personajes, adivinanzas, villancicos, juegos y cualquier otra expresión verbal que sea transmitida usando la voz; reflejando la identidad y los valores de la comunidad». Más adelante apostilla que «al igual que en la vida, en este libro verás que están entremezclados lo transcendente y lo intranscendente, lo espiritual y lo mundano».

     Juan Luís Naval Molero, alma mater de la Asociación Cultural Caepionis y autor del libro puntualiza lo siguiente: «Al escribir, nos dimos cuenta que la mayoría de ellas estaban cantadas en andaluz, y había palabras que resultaban mal al oírlas, al perder su rima, si se hacían en castellano. Por este motivo, y máxime, después de haber realizado esta asociación un trabajo sobre el habla chipionera, en nuestro libro titulado Acín hablamoh, decidimos escribir estas poesías, canciones y juegos, en andaluz, tal como la oíamos de pequeños».

Este libro me trae a la memoria la labor del músico y folclorista segoviano Agapito Marazuela (1891-1983). Ya desde joven recopiló tonadas, romances, cantos de trabajo, de boda y melodías de dulzaina y tamboril, acompañando a su padre por Segovia y zonas de la entonces Castilla la Vieja. Posteriormente se trasladó a Madrid, estudió guitarra y como concertista alcanzó éxitos en España e incluso París, su carrera se vio cercenada por nuestra Guerra Civil. En 1932 gana el Premio Nacional del Folclore por su trabajo Cancionero de Castilla la Vieja, que no se publicó hasta 1964. Gracias a su labor, gran parte del folclore de aquella zona no se perdió y con el paso del tiempo. Decía en una entrevista publicada en 1977: «Del folklore popular musical auténtico queda poquísimo. Se empezó a perder a primeros de siglo, Ledesma ya en el año 1906 se lamenta de esto. Empezó a perderse por la llegada de la música mecánica, por la emigración a las ciudades de criadas y obreros, por el servicio militar de los mozos. La gente se avergonzaba de sus propios cantos». Con el advenimiento de la democracia, tras sufrir la depuración franquista, se restituyó su figura y su obra.

En un estadio anterior, enlazando esa temática folclórica con la investigación musicológica y etnográfica, comienza a prestarse la importancia requerida tanto al cancionero como a la música popular imbricándolos en las nuevas corrientes. En España, el papel, ni tan conocido ni tan bien ponderado, del catalán Felipe Pedrell (1841-1922) es crucial, continuando con los estudios iniciados por el jesuita, filósofo, matemático y musicólogo Antonio Eximeno (1729-1809), y en paralelo al madrileño Franciso Asenjo Barbieri. El Nacionalismo Musical se expande por toda Europa, los temas populares fundamentan el leitmotiv de toda esa corriente artística en Rusia, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Noruega, Finlandia. Felipe Pedrell influye decisivamente en la formación y posterior desarrollo de la obra de Albéniz, Granados, Turina, Manuel de Falla…

En esa época se asientan las bases de la etnomusicología, los trabajos iniciados en 1905 por Zoltán Kodály y Béla Bartók en Hungría, Transilvania y Rumanía fueron fundacionales. Sus estudios llegan a diferenciar la música magiar de la música zíngara profundizando en la raíz de la música tradicional y folclórica. Los escritos sobre la investigación de la música popular realizados por Bartók son determinantes para el posterior desarrollo del estudio sobre las relaciones entre el folclore, la etnografía y la musicología.

También quiero recordar dos trabajos únicos realizados unas décadas después por dos escritores de renombre, Paul Bowles y José Manuel Caballero Bonald, que se adentraron en la etnomusicología con sendos trabajos fonográficos.

En 1959, Bowles realiza cuatro viajes por Marruecos recorriendo 40.000 kilómetros y realizando 250 grabaciones de campo en 22 emplazamientos, la Rockefeller Foundation y la Library Of Congress estadounidenses apoyaron el proyecto que posteriormente se publicaría en 1972 bajo el nombre de Music of Morocco (from the Library of Congress) y que en una edición digital posterior se revisó y amplió tanto en contenidos musicales como en textos documentales por el sello Dust-to-Digital.

José Manuel Caballero Bonald emprendió entre 1964 y 1966 un recorrido por buena parte de la geografía flamenca de la Baja Andalucía para registrar in situ grabaciones en tabernas, patios de vecinos,… Resultado de aquel trabajo, en 1968 se publicó por Discos Vergara el Archivo del Cante Flamenco que incluía 76 cantes y el texto del estudio preliminar y las letras de los cantes.

Conocer la raíz, la tradición, el folclore es esencial para conocer nuestra realidad y para evolucionar sobre una base sólida. Nuestra instalación en la actualidad se verá desvirtuada si no contamos con nuestro pasado cultural e histórico, el fracaso colectivo está servido si se borra u olvida la identidad.

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