El arte de biografiar

Escribir una biografía quizás sea la labor literaria más compleja que afronte un escritor. A la intrínseca labor de investigación que requiere una ardua labor documental y que proviene de la raíz histórica y objetiva, existe otra componente preeminente, la personal y subjetiva que aporta el autor con la elección del biografiado y su relación con él.

Estoy inmerso en un reto personal y literario, escribir la biografía de Federico Oliver Crespo, dramaturgo —principalmente—, escritor y escultor en sus inicios, nacido en Chipiona en 1873 y fallecido en Madrid en 1957. La vinculación personal es evidente por motivo del paisanaje. La primera referencia del dramaturgo que tuve fue la lectura de la placa conmemorativa instalada en la fachada de su casa de nacimiento ya que estaba muy cerca de la casa de mis padres, años más tarde leí alguna de sus obras teatrales y otros escritos. Recientemente, más inmiscuido en mi afición literaria, me dispuse a indagar detenidamente sobre su vida y obra con la pretensión de evaluar la posible escritura de su biografía.

Los datos más evidentes indicaban aspectos sustanciosos para tomar en consideración la escritura de su biografía: el volumen y calidad de su obra dramatúrgica, su periplo vital que transcurre por sus residencias en Chipiona, Sevilla y Madrid; y su labor como director artístico y empresario teatral. A lo anterior había que añadir y confirmar ciertos indicios de los que tenía informaciones vagas e incompletas, además de completarlos con datos novedosos. Así, en una primera evaluación, pude constatar que la relevancia y volumen de la información eran suficientes para acometer el reto, y aún más, los indicios se confirmaban y la dimensión e importancia de Federico Oliver, a nivel literario ser realza e inesperadamente su interacción y compromiso social emergen por doquier.

Esa primera evaluación a la que antes aludía es en nuestros días más fácil de llevar a cabo dada la facilidad que otorgan las nuevas tecnologías, las bases de datos virtuales y las búsquedas por internet son herramientas inmediatas para la investigación. Pero sigue siendo ineludible e indispensable el trabajo de campo, la consulta e investigación in situ en las diversas entidades, fundaciones, organismos públicos, familiares, librerías de viejo,… para completar esa trabajo y en el que se obtienen informaciones muy valiosas.

 

Una vez alcanzado el objetivo de recabar los datos necesarios, es hora de decidir si iniciar la investigación y los trabajos completos que lleven a la definitiva redacción de la biografía. Al no tratarse de un personaje con el renombre y estudio de alguno de sus contemporáneos, aunque de una calidad literaria indiscutible y de extenso catálogo, poner de relieve su vida y obra —habida cuenta de que no existe una biografía completa del autor— es una meta alcanzable si se hace con una mediana calidad.

 

Una vez tenida la visión de conjunto de la vida y obra del biografiado queda la tarea más decisiva y complicada, establecer un índice de capítulos de los aspectos más destacados e interesantes, los hitos más reseñables de su periplo vital y profesional. La cronología sucesiva es la más usualmente utilizada ya que hace más evidente y sencillo seguir ese periplo, pero no es el único camino.

Otro matiz difícil de establecer es el enfoque del biógrafo sobre el biografiado, las connotaciones subjetivas del biógrafo imprimirán un sello personal a la biografía desde su particular punto de vista; el gran riesgo es perderse en los detalles, en lo anecdótico, en poner un énfasis excesivo en aspectos colaterales que desvirtúen la dimensión del biografiado. Es necesario utilizar el zoom y el plano general en cada momento exacto de la narración biográfica evitando perder el hilo de los hechos sin descartar los detalles y apreciaciones.

 

La biografía debe servir para contar la vida del autor desde esa perspectiva y enfoque del biógrafo, debe tener dosis justas de subjetividad y objetividad. Creo que se debe huir de buscar la perfección, querer contener exhaustivamente en el relato biográfico la poliédrica expresión vital y artística de un personaje es un error conceptual, una imposible cuadratura del círculo, además se puede convertir en un ejercicio tedioso tanto de escritura como de lectura. La biografía escrita, en mi opinión, debe ser siempre una aproximación personal con la pretensión de dar a conocer o ampliar la figura del biografiado, es una versión, pueden existir otras; en definitiva, al igual que en el cine, en la literatura también puede existir la biografía de autor. Ello no es óbice para que desde un enfoque más objetivo e histórico se escriban biografías sin esa componente subjetiva.

 

Un aspecto que me es muy gratificante en todo el proceso de escritura de la biografía es ir observando el ensamble de las piezas del puzle, lo que en principio estaba inconexo y deslavazado va encajando y esbozando la imagen del biografiado. También los hallazgos casuales de facetas, hechos o anécdotas que aparecen inesperadamente me causan una especial satisfacción. En ese work in progress que es montar la biografía, reconforta comprobar como la dimensión inicial del biografiado va tomando volumen, brillo y color, ganando riqueza de matices, incluso por encima de lo que inicialmente se esperaba.

 

El biógrafo llega a un punto en que la urdimbre de la intrahistoria del biografiado, que se vislumbra bajo el velo de lo histórico, usurpa la escena. Surgen las conjeturas, las ficciones distópicas, las carreteras secundarias, las relaciones colaterales,… intentando dar luz a los espacios de sombras que han quedado en los intersticios de la biografía.

 

Continúo trabajando en la biografía de mi admirado Federico Oliver Crespo, el trabajo no ha hecho más que comenzar, a la vuelta de muchos meses podré desarrollar en otro artículo mis sensaciones tras finalizar el proceso, que espero y deseo llegue a buen puerto para que todos podamos disfrutar de una versión biográfica de este querido personaje.

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