Ocio versus entretenimiento. 

En este paréntesis del confi-namiento hemos tenido oportunidad de disponer de mayor tiempo libre que de costumbre y de gestionar el espacio de ocio personal de un mo-do más consciente. Disponer de tiempo y poder administrarlo es (o debería ser) un valor muy preciado en nuestra vida occidental donde la prisa, el trabajo y las múltiples obli-gaciones dejan escaso margen de acción.
En la antípoda del ocio está el negocio, si atendemos a la etimolog-ía latina de la palabra, el negocio es el no ocio (nec otium). Es cu-rioso que el negocio, entendido en un amplio sentido, sea definido co-mo la negación del ocio, puede in-ducirse que lo principal para los clásicos fuera el ocio, muy distinto a la preponderante importancia del negocio en nuestros días.

También se vio confinado Cicerón en Tusculum por motivo de “violencias y sediciones impías” para salvar su vida (aunque finalmente fue ejecutado), durante ese periodo escribió su última y más reconocida obra “De officiis” (Sobre los debe-res), un tratado de ética. En ella incluye el famoso dicho de Publio Cornelio Escipión “El Africano” atribuida por Catón, “que nunca estaba menos ocioso, que cuando estaba ocioso, ni más acompañado, que cuando estaba solo”. En ese mismo capítulo abunda en los moti-vos diferentes del retiro del patricio y el suyo (voluntario aquél, obligado éste), y de la importancia del ocio en la vida pública y privada.
Ocio y soledad hacen un tándem que va contracorriente del ritmo de vida actual, son opciones individuales voluntariamente elegi-das e íntimamente ligadas con un proceso de discernimiento, para un buen uso de ambos, el ocio requiere de creatividad y la soledad de silen-cio. Bajo estos preceptos ocio y so-ledad conformando ese tándem son opciones íntimas, personales; ni que decir tiene que existe un ocio sin soledad y una soledad sin ocio.

En el ensayo “La civilización del espectáculo” (2012), Mario Vargas Llosa indaga colateralmen-te sobre los anteriores conceptos e indica “un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente la ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento es la pasión universal”. Ahí tenemos uno de los grandes conceptos de nuestra actual civilización occidental, el entretenimiento; es necesario entretenerse, mantenerse distraído con el objetivo de escapar del abu-rrimiento, rellenar el hueco del ocio de cualquier modo. Se entretiene al aburrido, al espectador de la vida, al mero consumidor de la programa-ción del día; nótese que el especta-dor ha perdido toda capacidad acti-va.
Es precisamente en el ocio donde se demuestra la predilección más íntima de una persona, donde se evidencian y muestran sus aficio-nes y podemos inferir los rasgos de personalidad. El ocio nos delata, es innegable, como diría Ortega con su habitual elegancia “somos, antes que otra cosa, un sistema nato de preferencias y desdenes”. Ocio y entretenimiento fric-cionan y llegan a colisionar, a este respecto hay dos conceptos impor-tantes, “la cultura-mundo” (Lipovetsky-Serroy,2010) y “la cultura mainstream” (F. Mar-tel,2010), donde en cierto modo el entretenimiento ha fagocitado al ocio como un efecto colateral de la globalización. El entretenimiento pone contra las cuerdas al ocio y a su principal exponente, la Cultura, sobre los nocivos efectos de ello, el filósofo José Luís Pardo en “Esto no es música. Introducción al males-tar en la cultura de masas” (2007) desgranó parte del proceso que de-viene a la civilización del espectácu-lo. No es cuestión de ser apo-calípticos pero sí prudentes, la vana-lización del ocio conlleva a una pau-latina degradación de la Cultura, y por ende del conocimiento heredado que nos aportó el progreso en multi-tud de campos. El Humanismo es una sólida base que está amenaza-da, un claro ejemplo es el arrincona-miento paulatino de las asignaturas humanísticas en el sistema educati-vo bajo la premisa de un especialis-mo excluyente.
Hay que hacer vigentes los valores de nuestra Cultura, día a día, el retroceso es evidente, las conquistas alcanzadas deben mante-nerse. Con la desidia, la relajación y la dejación no se mantiene lo logra-do. Un entretenimiento impuesto en el que somos meros espectadores nos convierte en carne de cañón, no debemos denigrar nuestra inteligen-cia aceptando el entretenimiento basura que mantiene a millones de personas adocenadas.
Después de esta perorata, solo cabe agradecer al estimado lector que haya llegado a este pun-to, y dejado espacio en su preciado tiempo de ocio para su lectura.
Me marcho recordando un conocido romance del Fénix de los ingenios:
A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos …

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