Penalty con paradinha.
En el Mundial de Fútbol Méxi-co’70 se acuñó el término “paradiña” para designar ese carac-terístico modo de lanzar un penalti, se le atribuye su creación “O Rei Pelé”, pero según comentó el pro-pio Pelé.
Esta introducción la traigo a colación para hacer un símil visual, a riesgo de ser acusado de frívolo o insensible, con la definitiva reacción y aprendizaje ante el shock que está provocando la pandemia de la covid-19. El confinamiento nos ha llevado a una parada forzada en nuestro habitual quehacer diario y estamos afrontando el duro golpe del falleci-miento de miles de personas y las consecuencias de la pandemia a varios niveles (sanitarios, personales y familiares, sociales, económicos, laborales, …). Estos hechos que nos llevan a la reflexión (o deberían hacerlo) sobre cuestiones esenciales de nuestro modo de vida, tendrían que conllevar una enseñanza, tanto a nivel individual como colectivo, para corregir o cambiar nuestro comportamiento y modificar las dinámicas negativas que son eviden-tes.
Falta en nuestro “primer mundo” un espacio para la reflexión, muchos males actuales se derivan del aturdimiento, de la celeridad, de perseguir el fin sin preguntarse por los medios, de seguir el guión im-puesto; y si no hay pausa y pensa-miento la Humanidad y el humanis-mo van en declive. Recientemente se ha publicado un texto inédito en español de Albert Camus, “exhortación a los médicos de la peste”, escrito en 1941, seis años antes de su célebre novela “La pes-te”; indica el autor: “Existen otras medidas muy necesarias para la protección del cuerpo, aun cuando atañen más bien a la disposición del alma”, añadiendo, “en términos ge-nerales, observen la mesura, primer enemigo de la peste y regla natural de la humanidad ../.. La peste pro cede del exceso ../.. Acérquenle la luz de la inteligencia y la equidad”.
Y aunque ya lo advertía Ca-mus, el exceso sigue siendo el prin-cipal pecado en nuestras opulentas sociedades. ¿Si la mesura hubie-se gobernado al exceso cuántos conflictos e injusticias no exis-tirían? ¿Cuántas pandemias y de-sastres se hubiesen evitado? Y a pesar de ello, el hombre persiste en su error, no aprende.
Dentro de esta vorágine, la gran mayoría de la ciudadanía sigue en la espiral, inmersa en lo urgente olvida reflexionar, de tomar una pausa para reinventarse, para cam-biar, para adaptarse inteligentemen-te a las nuevas circunstancias, y por tanto, condenada a chocar nueva-mente con la misma piedra del ex-ceso. Frente a la inercia económica y social que nos lleva a un modo de vida más artificial, vertiginoso y des-tructivo debemos crear una fuerte conciencia individual que fuerce el cambio, tanto a nivel personal como colectivo.
Esta pandemia mundial quizá esté llevando por primera vez en la historia a tomar conciencia de Humanidad, es decir, a considerar que hay ciertos problemas que nos afectan globalmente y a los que deberíamos enfrentarnos coordina-damente a nivel planetario; una in-advertida consecuencia positiva de la globalización. Son muchos los conflictos y problemas que asolan a todos los continentes y que afectan a todas las naciones de algún modo aunque con diversa intensidad, pero tal vez sea la actual pandemia de la covid-19 la que esté planteando tanto a nivel ciudadano como insti-tucional la necesidad de abordarlos de un modo global.
Lo expuesto es un choque frontal con concepciones y realida-des históricas y culturales, puede devenir en una callada revolución que sea obligatoria sofocar o en una evolución social que sea ne-cesaria implantar. Se aproximan tiempos convulsos, hay tendencias divergentes y polarizadas por do-quier, los populismos y los extremis-mos salen a la palestra y arrastran a grandes masas ciudadanas, las dic-taduras formales y encubiertas se asientan y fortalecen, muchos pai-ses no logran salir de su estado crónico de latencia, los paises árabes aún en proceso de cambio, casi toda África en inestabilidad perma-nente, … . Pero también la globali-zación está llevando a una creciente identidad y conciencia de “ciudadanía planetaria” a individuos de todos los continentes por causa principal de las migraciones, y a establecer la dignidad de la persona como un valor universal.
El nuevo escenario puede tener dos grandes actores, el poder fáctico y el poder ciudadano. El poder político con falta de legitima-ción se encuentra cada vez más diluido en el poder fáctico. En el poder ciudadano existe una ciuda-danía crítica y una ciudadanía-masa que se encuentra excluida (o auto-excluida) o polarizada (secuestrada ideológicamente), en su gran ma-yoría. Poder fáctico y poder ciudada-no en sus distintos estratos tienen intereses divergentes. En un sistema de contrapesos será fundamental que la ciudadanía crítica tenga un papel protagonista.
De vuelta de unos años sa-bremos si el penalti sube al marca-dor, quién será el portero y quién el rematador, y el resultado final del partido. Lo cierto es que en este momento de paradiña impuesta por la covid-19 sería conveniente re-flexionar, mesurar, sólo de ese mo-do podemos mejorar.
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