#Negritasubrayadocursiva, reto superado
“Negrita, subrayado y cursiva” llega a la centena. Es un modesto logro de este que suscribe. No es tarea fácil cumplir semanalmente con este reto autoimpuesto de escribir y publicar puntualmente un artículo de opinión.
El primer destinatario de cualquier escrito, o al menos así lo entiendo yo, debe ser su creador; de ese modo, el escritor es a la vez su primer lector. Fundamentalmente, uno escribe con el propósito de aclarar las ideas, para explicarse algo, para montar una argumentación sobre el tema que le trae, para formarse una opinión, para tomar consciencia sobre un tema concreto; también por motivos didácticos y divulgativos. Ese acto íntimo y reflexivo que fructifica en el escrito, suele tener la pretensión de ser publicado, de ser mostrado, de salir de su esfera primigenia; inicialmente remitiéndolo a la propia conciencia, para luego difundirla y hacerla extensiva a todo aquel que desee conocerla.
Siendo un hecho que nace en el fuero interno, eclosiona comunicativamente en un contexto, en una circunstancia, posteriormente ese mensaje se envía al encuentro con desconocidos lectores que tengan a bien leerlo. La saturación informativa que padecemos —infoxicación suena más cool— dificulta el acceso a los lectores, es todo un logro sobrepasar la barrera inicial que suscite e implique el interés de los lectores; cosa que se complica si se requiere tiempo y esfuerzo para conjugar el verbo leer.
Otro aspecto definitorio de la mayoría de mis artículos es la continua invitación y apelación a la reflexión y a la apreciación. En la sociedad líquida y de la inmediatez en la que crecientemente nos estamos instalando, lanzar un mensaje reflexivo que conlleva una indispensable y mínima pausa está totalmente demodé. Pensar y hacer pensar, es un trabajo sucio pero alguien ha de hacerlo. Preguntarnos y ponernos en duda se está convirtiendo en un ejercicio perentorio, para sostener o reconstruir los pilares básicos de nuestro edificio humanista, para lograr un progreso sostenible a todos los niveles sin que la basura materialista termine colapsando la estructura.
Si bien la apelación antes mencionada se realiza a nivel individual, siempre me gusta incidir en la necesidad de tomar partido e influir desde ese ámbito y perspectiva personal en lo social, intentando corregir las perniciosas dinámicas sociales que ocasionan grandes daños y dando valor, apreciando, lo que pasa desapercibido u obviamos
Cuando tomé la decisión de iniciar esta tarea de escribir y publicar los artículos que se contendrían en “Negrita, subrayado y cursiva” me planteé tanto su periodicidad como su modo de difusión. Tuve claro que semanalmente los artículos verían la luz y también que se distribuirían libremente por los medios que tenía al alcance (redes sociales, listas de distribución, web personal —www.manuelmongelorenzo.com—,…). Me marqué una primera etapa que se finaliza ahora con los 100 artículos publicados, también tuve claro que editaría una publicación compilando una selección de los mejores artículos, cosa que próximamente será un hecho.
Al poco tiempo de iniciado este periplo literario, pensé que podría retomar mi colaboración con Radio Chipiona, para ello propuse a su director, Cristóbal Ruíz, realizar una versión radiofónica de los artículos. Logramos ponerla en marcha y ahora es una sección en la que hemos logrado darle un formato muy ameno e instructivo; además se registra en un podcast en iVoox.
Cada vez que finalizo un artículo lanzo el mensaje, la sonda comienza a recorrer los entresijos, los ignotos parajes interestelares de la comunicación. Es posible que el mensaje encuentre ávidos lectores y oyentes, para ello la cibernética paloma mensajera debe librarse de ser abatida por la artillería logarítmica de las redes sociales; o que la botella digital que contiene el mensaje sortee los misiles de los destructores de información para no acabar en el fondo de la procelosa mar. Conectar con el receptor es ya un logro, conseguir su fidelidad un éxito que viene dado por una correcta decodificación del mensaje, entonces se estable una sintonía entre receptor y emisor, entre escritor y lector-oyente. Finalmente el milagro se produce si se produce la retroalimentación (feedback), el acto comunicativo ha sido completado.
Llegados a este punto, me gustaría hablaros del heterónimo literario del escritor que suscribe los artículos. Los más asiduos a las lecturas periódicas ya tendrán un concepto formado del mismo, pero he de advertir que en ese heterónimo tiene ciertas particularidades y tiene una entidad propia que difiere —aunque no sustancialmente— a la del autor que subyace bajo esa máscara literaria. Hasta ahora su nombre permanece en el anonimato, el escritor y su heterónimo así lo habían pactado pero es hora de desvelarlo.
Escrilete es su nombre. En un correo electrónico me explicó que dicho nombre es un acrónimo proveniente de dos palabras, escritor y estilete, de ahí, Escrilete. En su razonamiento expresa que «como articulista que soy, utilizo el estilete con doble finalidad, como mero instrumento de escritura y como puñal que disecciona la realidad». Él mismo se bosqueja como una especie de enmascarado justiciero que con el estilete entre los dientes asalta tanto a los impostores como a la impostura misma. Siempre presto a combatir en incruentas «buenas guerras» que en el camino se presentan, aun siendo pírricas las victorias que se auspicien.
Las armas de las palabras se transforman en las letras de las artes en su faceta diletante y hedonista cuando comparte sus sentires y opiniones sobre música, literatura, cine,…
Siguiendo la frase de Terencio, a Escrilete nada de lo humano le es ajeno.
Se ha logrado con cierto éxito el reto marcado llegando a los cien números de los artículos de #negritasubrayadocursiva, una primera fase completada. Ahora toca afrontar una siguiente fase con nuevos retos —renovarse o morir— superarse y alcanzar nuevas metas, esa es la labor del artista, la exploración de nuevos caminos para la mejora continua en busca de la inalcanzable perfección.
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