Una foto preelectoral de Andalucía

Como es sabido, el próximo domingo 19 de junio se celebrarán las elecciones al Parlamento de Andalucía. Al conformarse constitucionalmente la organización territorial española mediante un “Estado de las Autonomías”, gran parte del poder de decisión político radica en los gobiernos autónomos respectivos. Por ende, la capacidad de transformación de una comunidad viene ligada, en gran medida, a la acertada gestión política que se hace desde esos gobiernos autónomos.

Hacer una valoración crítica de la circunstancia en la que se habita es una cuestión tan difícil como necesaria, solo cuestionándonos la situación de la realidad que nos circunda podremos afrontar un futuro con mayores garantías. Auscultar los problemas para avistar las amenazas y plantear soluciones, valorar en su justa medida los aspectos positivos que refuerzan nuestra posición, son aspectos fundamentales para marcar un rumbo acertado y evitar las derivas peligrosas.

Interpretar la foto fija de una realidad política, de un territorio y de una sociedad de una dimensión considerable es bastante complejo, además de arriesgado. En el espacio reducido de este artículo la foto se convierte más bien en una radiografía, en algo más esquemático a modo de bosquejo.

 

Pero es necesario hacer esa interpretación personalmente, tomar conciencia de nuestra situación social y política, esa evaluación podemos contrastarla con las diferentes propuestas que se plantean. Siendo críticos evitaremos manipulaciones, engaños,… que alejen la labor política de demagogias y populismos, acercándola al pragmatismo de la realpolitik. Y es precisamente este aspecto, dada la actual conformación del parlamento y el previsible escenario que resulte de las venideras elecciones, al que debemos prestar la debida atención en estos momentos en Andalucía.

     Se atisba un escenario sin mayorías absolutas, con los dos partidos omnipresentes en la vida política andaluza PP y PSOE en sus papeles de antagonistas, aunque con dinámicas opuestas (uno parece crecer y otro mantenerse o incluso bajar), a Ciudadanos se le vaticina una gran pérdida de votos y representantes, las dos coaliciones de izquierdas (Adelante Andalucía y Por Andalucía) en su tendencia habitual y el posible accenso de VOX.

Los partidos nacionalistas o independentistas no tienen representación en el parlamento andaluz, a diferencia de lo que ocurre en el parlamento nacional. Eso sí, la fuerte confrontación partidista e ideológica es extrapolable al parlamento y al clima político andaluz. Ese es el principal riesgo y perjuicio que creo puede avecinarse y ser protagonista de la campaña electoral. Frente a los argumentos, las propuestas, la política de pactos, el análisis y la autocrítica, que deben enriquecer y ser preponderantes en una campaña electoral; me temo que la estrategia de la confrontación, la grosería, las declaraciones fuera de tono, la visceralidad,… serán protagonistas. Creo que a la gran mayoría de andaluces nos preocupa la situación actual de nuestra región, y esperamos —aunque no con mucho convencimiento— que los políticos se ocupen y preocupen de los problemas reales. Esa realpolitik que antes mencionaba es esencial en estos momentos de crisis y de dificultades crecientes que se entrevén, necesitamos políticos útiles y prácticos, no incautos e irresponsables demagogos o ideólogos.

 

     Andalucía tiene unos graves problemas que rozan la calificación de endémicos, las elevadas tasas de desempleo y de paro juvenil, de falta de inversión productiva, de desigualdades sociales y territoriales, de infraestructuras, de creación y fijación de la riqueza, de déficit en materia educativa y sanitaria,… Poco a poco se ha ido progresando y mejorando en muchos aspectos pero también existen parcelas en las que no se ha avanzado lo suficiente y otras en las que incluso se está retrocediendo.

También existen grandes deficiencias de financiación estructurales con respecto a otros territorios, de falta de incentivos, de acuerdos, de convenios y de condiciones económicas igualitarias. No se trata de mantener nuestra región de un modo subsidiado o dependiente de ayudas, tanto nacionales como europeas, tampoco de ser eternamente dependientes financiera y económicamente de fuentes externas.

 

     Andalucía es rica en diversidad y en recursos, no es una tierra pobre pero sí empobrecida por diversas causas históricas, no es una región subdesarrollada, es una región infradesarrollada que precisa de un decisivo empuje que la imbrique. En la Andalucía actual, su capital humano, sus trabajadores, profesionales y jóvenes gozan de una cualificación más que probada, con ese capital humano no resultaría difícil afrontar los retos que se precisan.

Andalucía tiene una marcada identidad, una larga y rica historia, un clima y una naturaleza privilegiada, su desarrollo y progreso siempre debe —o debería— tener en cuenta que el crecimiento de nuestra región debe ser sostenible sobre esas características endógenas y particulares. La idiosincrasia del andaluz es un factor a tener muy en cuenta, el arraigo de una cultura secular y de prevalencia de unos valores humanísticos hacen que la perspectiva vital del andaluz se anteponga a otros valores materiales y economicistas.

 

     Necesitamos buenos políticos y gestores de lo público, no es momento de atrincherarse en la ideología, en el fácil discurso partidista, en la radicalización del mensaje. Precisamos de los políticos actuales que nos expliquen las propuestas que se plantean, la visión de futuro que se tiene, que nos transmitan sus diagnósticos de la realidad para conocer su grado de conocimiento de la misma. Es posible que Andalucía esté preparada para el gran impulso que necesita, los ciudadanos y la sociedad creo que lo están pero se precisan políticos que abandonen sus tácticas partidistas y estén a la altura de los tiempos. Por nuestra parte, como ciudadanos, debemos ser lo suficientemente críticos para que los argumentos primen y no nos dejemos llevar por la corriente de la irracionalidad del río revuelto de los partidismos; aunque demos por asumida esa derrota.

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